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#1
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--- Antes de permitir a la lengua que hable, el apóstol debe elevar a Dios su alma sedienta, con el fin de dar lo que hubiere bebido y esparcir aquello de que la haya llenado (SAN AGUSTIN, Sobre la doctrina cristiana, 1, 4).
--- Para que aprenda el hombre a amar a su prójimo como a si mismo, debe antes aprender a amar a Dios como a si mismo (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 118). --- Recibe de Cristo, para que puedas hablar a los demás. Acoge en ti el agua de Cristo [...]. Llena, pues, de esta agua tu interior, para que la tierra de tu corazón quede humedecida y regada por sus propias fuentes (SAN AMBROSIO, Carta 2, 1-2). |
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#2
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¿De dónde sacaba San Pablo esta fuerza?
Omnia possum in eo qui me confortat! (Fil 4, 13), todo lo puedo, porque sólo Dios me da esta fe, esta esperanza, esta caridad. Me resulta muy difícil creer en la eficacia sobrenatural de un apostolado que no esté apoyado, centrado sólidamente, en una vida de continuo trato con el Señor (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 271). Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles. El Señor es quien construye la casa [...]. Muchos son los que trabajan en la construcción, pero si El no construye, en vano se cansan los albañiles. ¿Quiénes son los que trabajan en esta construcción? Todos los que predican la palabra de Dios en la Iglesia, los dispensadores de los misterios de Dios Todos nos esforzamos, todos trabajamos, todos construimos ahora; y también antes de nosotros se esforzaron, trabajaron, construyeron otros; pero si el Seflor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles (SAN AGUSTÍN). |
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#3
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Aquellas palabras de Cristo: ¿Me amas? Apacienta mis ovejas, equivalen a decir: «Si me amas, piensa que no te apacientas a ti mismo, sino a mis ovejas; apaciéntalas como mías, no como tuyas; busca en ellas mi gloria, no la tuya; mi dominio, no el tuyo; mi ganancia, no la tuya; no participes del sentir de aquellos que pertenecen a los tiempos peligrosos, los que se aman a sí mismos y a todo lo demás que dimana de este mal principio».
Por tanto, los que apacientan las ovejas de Cristo no han de ser amadores de sí mismos, y así las apacentarán no como propias, sino como pertenecientes a Cristo. El peor mal que es necesario evitar en los que apacientan las ovejas de Cristo es el buscar sus propios intereses y no los de Jesucristo, destinando a su propia utilidad a aquellos por quienes ha sido derramada la sangre de Cristo (SAN AGUSTíN). |
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#4
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En está Solemnidad, en que celebramos a los apóstoles Pedro y Pablo, columnas de la Iglesia, podemos fijarnos en el ejemplo de fidelidad leal a Jesucristo que brilla sobremanera en estos dos hombres. Ellos quisieron que su vida no fuera sino lo que el Hijo de Dios determinara. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que todo el interés de Pedro y de Pablo, aun siendo de caracteres bien distintos, según se muestra con evidencia en los relatos del Nuevo Testamento, fue identificarse con el querer de Cristo; es decir, obedecerle. El máximo deseo de cumplir en detalle la voluntad de Jesús, identifica, en ese sentido, a ambos Apóstoles; y no sólo a ellos, sino a todos los santos, pues, ninguno puede serlo al margen de la voluntad de Dios. Cuando parece que un cierto ideal de la persona consistiría en desenvolverse en la vida guiado únicamente con el propio criterio, sin más punto de referencia que el parecer personal; cuando bastantes consideran definitivas sus opiniones, y suficientes –por ser suyas– para configurar su vida del mejor modo posible; nos ofrece hoy la Iglesia –Nuestra Madre–, para edificación de todos los fieles, el estímulo de la obediencia. Cuantos deseamos conducirnos con la segura esperanza de la Vida Eterna, no lo haremos de acuerdo con nuestro parecer, ya que la Eterna Bienaventuranza no es un proyecto humano. Comprendemos fácilmente que no es una decisión del hombre nuestra existencia en este mundo ni la Vida Eterna, en intimidad con Dios, que conocemos por Revelación. Pedro, habiendo conocido el extraordinario e inalcanzable poder y majestad de Jesucristo, se mantiene inamoviblemente fiel al Maestro, cuando bastantes le abandonan porque no comprenden sus palabras. Señor, ¿a quién y iremos? –le responde–, Tú tienes palabras de Vida Eterna. Así se expresa el Príncipe de los Apóstoles en el crítico momento –para muchos– de la deslealtad. Cuando aparecen haber perdido sentido los milagros realizados; cuando su vida admirable y sus palabras, cargadas de autoridad, no significan nada para la mayoría, Pedro confía aún en Jesús. Su persona será para él siempre merecedora de toda confianza: hay que creerle siempre y obedecerle. El criterio de Cristo tendrá en todo momento para este apóstol una autoridad absoluta. Las palabras de Jesús y sus deseos tienen mucha más fuerza para él que sus propios pensamientos. De manera semejante se manifiesta Pablo, el Apóstol de las Gentes. A partir de su asombrosa conversión, su vida entera queda vertebrada por la persona de Jesucristo. Para mí, vivir es Cristo, declara. Tened los mismos sentimientos de Cristo Jesús, pide a sus fieles de Filipo. Poco interés tenía para San Pablo autoafirmarse en esta vida. Lo único que vale verdaderamente la pena es ser como su Señor, vivir su vida. Hasta llegar a decir, con un santo orgullo: ya no soy yo quien vive, que es Cristo quien vive en mí. En poco tenía, pues, los planes personales, las propias ilusiones y proyectos –por muy suyos que fueran–, si eran diferentes a los imperativos divinos que movían toda su persona. Parece muy claro, por lo demás, que la mayor hazaña o reflexión de cualquier hombre, por decisiva que parezca, no pasa, en la práctica, de ser algo necesariamente vinculado a lo caduco, como el mismo hombre. De hecho, son muy pocos en proporción las mujeres y los hombres que han pasado a la historia. En cambio, identificados con Dios, que en Jesucristo nos hace posible conocer su voluntad, aunque los hombres tengan poca relevancia para el acontecer humano, se hacen eternos e inapreciablemente valiosos: al modo de la divinidad. Muchos han logrado, sin fama ni espectáculo, acrecentar su vida absolutamente –no ya para el mundo–, porque con toda sencillez procuraron vivir según el querer divino. Obediencia: que en nosotros se haga Su Voluntad: hágase Tu voluntad en la tierra como en el Cielo, rezamos con la oración que Cristo nos enseñó. Pidámosle que, en efecto, cada día sea para todos más decisivo, no tanto hacer lo que queremos, cuánto lo que Él quiere; firmemente convencidos de que no nos hace mejores ni más grandes en la vida salirnos con "la nuestra", sino que Dios se salda con "la suya" en nosotros. Comprobaremos, a partir de esta docilidad, que nos va mejor además en las relaciones interpersonales. Guiados por intereses personales, que con demasiada frecuencia son egoístas, tenemos sobrada experiencia –por desgracia– de la sociedad tensa que de ordinario hemos de soportar. También por lograr una convivencia en paz nos conviene dejarnos conducir por los mandamientos de nuestro Creador. Siendo el autor del hombre, tiene la ciencia exacta –la ley moral– para el más correcto desenvolvimiento humano. El hombre más feliz y perfecto es aquel en quien mejor se cumple la voluntad de nuestro Creador y Señor. Así es nuestra Madre la más maravillosa de las criaturas: hizo en mí cosas grandes el que es Todopoderoso, puede afirmar. Implorando su asistencia maternal sabremos imitarla. Luis de Moya |
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#5
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Corazón sacratísimo de Jesús, dadnos sacerdotes santos.
Para afirmar y aumentar nuestra fe, dadnos sacerdotes santos. Para alentar nuestra esperanza, dadnos sacerdotes santos. Para hacer más fecunda nuestra caridad, dadnos sacerdotes santos. Para ayudarnos en la práctica de todas las virtudes, dadnos sacerdotes santos. Para que todas las gentes conozcan tu santa doctrina, dadnos sacerdotes santos. Para combatir el error, dadnos sacerdotes santos. Para mejorar las costumbres, dadnos sacerdotes santos. Para desterrar los vicios, dadnos sacerdotes santos. Para cristianizar la sociedad y la familia, hoy tan paganizadas, d. s. s. Para sostener tu Iglesia, dadnos sacerdotes santos. Para dirigir nuestras almas, dadnos sacerdotes santos. Para enseñar las riquezas de tu Corazón santísimo, dadnos sacerdotes santos. Para acelerar el reinado de tu Sagrado Corazón, dadnos sacerdotes santos. OREMOS Oh Dios, que para gloria de tu Majestad y salvación del humano linaje constituiste a tu Unigénito Hijo Sumo y eterno Sacerdote, haz, te rogamos que aquellos a quienes El escogió por ministros y dispensadores de sus misterios sean hallados fieles en el cumplimiento del ministerio que les está confiado. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro. Amén. |
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#6
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Corazón sacratísimo de Jesús, dadnos sacerdotes santos.
Para afirmar y aumentar nuestra fe, dadnos sacerdotes santos. Para alentar nuestra esperanza, dadnos sacerdotes santos. Para hacer más fecunda nuestra caridad, dadnos sacerdotes santos. Para ayudarnos en la práctica de todas las virtudes, dadnos sacerdotes santos. Para que todas las gentes conozcan tu santa doctrina, dadnos sacerdotes santos. Para combatir el error, dadnos sacerdotes santos. Para mejorar las costumbres, dadnos sacerdotes santos. Para desterrar los vicios, dadnos sacerdotes santos. Para cristianizar la sociedad y la familia, hoy tan paganizadas, d. s. s. Para sostener tu Iglesia, dadnos sacerdotes santos. Para dirigir nuestras almas, dadnos sacerdotes santos. Para enseñar las riquezas de tu Corazón santísimo, dadnos sacerdotes santos. Para acelerar el reinado de tu Sagrado Corazón, dadnos sacerdotes santos. OREMOS Oh Dios, que para gloria de tu Majestad y salvación del humano linaje constituiste a tu Unigénito Hijo Sumo y eterno Sacerdote, haz, te rogamos que aquellos a quienes El escogió por ministros y dispensadores de sus misterios sean hallados fieles en el cumplimiento del ministerio que les está confiado. Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro. Amén. |
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#7
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La televisión ¿enemiga de la oración? Jorge Novoa -diácono- Resulta difícil, que un creyente, luego de sentarse durante varias horas frente al televisor, se encuentre frente a Dios en la oración. A primera vista, parece ser que la oración no tiene marketing. No aparece en los spots publicitarios, no está integrada en las películas ( salvo en las de terror, o en la bendición que hacen de la mesa, una familia de gánsters), ni tampoco los famosos de la "pantalla chica"( tal vez sería mejor llamarla chata, cosa que ocurrirá con los nuevos modelos flat, que han logrado hacer mayor justicia entre el continente y lo contenido) pueden hablar de oración, pues, han sufrido uno de los males que genera la cultura contemporánea, para ser parte de ella hay que renunciar a rezar.Uno de sus trascendentales es la practicidad , todo se puede desechar; los vasos, los pobres, los platos, los ancianos y los embriones humanos. Todo es reemplazable y desechable. Este nuevo "dios", en un mundo que se pavonea de sus adelantos, va sobre una mesa con ruedas y dentro de una caja, para ponernos al tanto de lo último, de lo que está de moda y de lo que vendrá. No prestarle atención es un gravísimo mal, sería como quedarse al borde del camino, para expresarlo más exactamente, sería estar "desinformado"(es decir, sin forma). En su bondad, nos anticipa con un desfile lo que se llevará en la próxima estación, para que podamos estar atentos y no suframos un aislamiento, llevando "trapos" que ya nadie tiene. En su lista de novedades no figura la oración. Ella pertenece a las cosas del pasado, compañera de una civilización lejana, o a lo sumo, patrimonio de una tribu de solitarios hombres en vías de extinción, a los que se llama "creyentes". Aunque, no todos los que pertenecen a esta tribu practican ese rito. Algunos han cedido ante las formas orientales de evasión, otros, creen más adaptado al momento presente, tener un analista. De allí nació la rama de los "creyentes analizados", aunque, algunos prefieren llamarse maduros, para evitar el título de creyentes (en una cultura pluralista no hay que molestar a los que no creen). Para cualquier espectador, sería fácil llegar a las siguientes conclusiones: se puede prescindir de la oración, pero, nunca de las nuevas vitaminas, la gimnasia y la ecología. Es para el mundo y su destino, más trascendente lo que va a anunciar un peluquero, que un hombre de oración. Es imperdonable, que alguien no sepa la pasta de dientes que utiliza la conductora del programa, y que en su lugar, recuerde el nombre de los doce apóstoles de Jesús. Un mundo sin oración tiende a quedarse sin aire, está sustentado sobre los hombros de la vanidad y la prepotencia. Sus propuestas se vuelven confusas e inconsistentes. Cualquiera opina de todo, con la pretensión de ser profesor. Un mundo sin oración se vuelve frágil y vulnerable a la televisión. No a esa televisión hipotética que muchos defienden, en donde hay hombres con buenas intenciones, que cuando hablan de la violencia y sus consecuencias, se comprometen en una lucha que puede afectar sus capitales. Es a la televisión real, a esa que se ríe del bien y lo ridiculiza, subordinándolo al rating. "Ser o no ser", tal vez hoy, como para Hamlet, sea también esa la cuestión, ser hombre de oración o ser hombre de televisión. Si solamente le dedicáramos a la oración el tiempo que le dedicamos a la televisión, el mundo sería mejor. Aún es posible, ojalá nos animemos a intentarlo. |
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#8
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La televisión ¿enemiga de la oración? Jorge Novoa -diácono- Resulta difícil, que un creyente, luego de sentarse durante varias horas frente al televisor, se encuentre frente a Dios en la oración. A primera vista, parece ser que la oración no tiene marketing. No aparece en los spots publicitarios, no está integrada en las películas ( salvo en las de terror, o en la bendición que hacen de la mesa, una familia de gánsters), ni tampoco los famosos de la "pantalla chica"( tal vez sería mejor llamarla chata, cosa que ocurrirá con los nuevos modelos flat, que han logrado hacer mayor justicia entre el continente y lo contenido) pueden hablar de oración, pues, han sufrido uno de los males que genera la cultura contemporánea, para ser parte de ella hay que renunciar a rezar.Uno de sus trascendentales es la practicidad , todo se puede desechar; los vasos, los pobres, los platos, los ancianos y los embriones humanos. Todo es reemplazable y desechable. Este nuevo "dios", en un mundo que se pavonea de sus adelantos, va sobre una mesa con ruedas y dentro de una caja, para ponernos al tanto de lo último, de lo que está de moda y de lo que vendrá. No prestarle atención es un gravísimo mal, sería como quedarse al borde del camino, para expresarlo más exactamente, sería estar "desinformado"(es decir, sin forma). En su bondad, nos anticipa con un desfile lo que se llevará en la próxima estación, para que podamos estar atentos y no suframos un aislamiento, llevando "trapos" que ya nadie tiene. En su lista de novedades no figura la oración. Ella pertenece a las cosas del pasado, compañera de una civilización lejana, o a lo sumo, patrimonio de una tribu de solitarios hombres en vías de extinción, a los que se llama "creyentes". Aunque, no todos los que pertenecen a esta tribu practican ese rito. Algunos han cedido ante las formas orientales de evasión, otros, creen más adaptado al momento presente, tener un analista. De allí nació la rama de los "creyentes analizados", aunque, algunos prefieren llamarse maduros, para evitar el título de creyentes (en una cultura pluralista no hay que molestar a los que no creen). Para cualquier espectador, sería fácil llegar a las siguientes conclusiones: se puede prescindir de la oración, pero, nunca de las nuevas vitaminas, la gimnasia y la ecología. Es para el mundo y su destino, más trascendente lo que va a anunciar un peluquero, que un hombre de oración. Es imperdonable, que alguien no sepa la pasta de dientes que utiliza la conductora del programa, y que en su lugar, recuerde el nombre de los doce apóstoles de Jesús. Un mundo sin oración tiende a quedarse sin aire, está sustentado sobre los hombros de la vanidad y la prepotencia. Sus propuestas se vuelven confusas e inconsistentes. Cualquiera opina de todo, con la pretensión de ser profesor. Un mundo sin oración se vuelve frágil y vulnerable a la televisión. No a esa televisión hipotética que muchos defienden, en donde hay hombres con buenas intenciones, que cuando hablan de la violencia y sus consecuencias, se comprometen en una lucha que puede afectar sus capitales. Es a la televisión real, a esa que se ríe del bien y lo ridiculiza, subordinándolo al rating. "Ser o no ser", tal vez hoy, como para Hamlet, sea también esa la cuestión, ser hombre de oración o ser hombre de televisión. Si solamente le dedicáramos a la oración el tiempo que le dedicamos a la televisión, el mundo sería mejor. Aún es posible, ojalá nos animemos a intentarlo. |
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