¡VIVE JESÚS, EL SEÑOR!
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Viejo 13/jul/05, 23:11
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Predeterminado ¡VIVE JESÚS, EL SEÑOR!

S. Pedro Sochiapam, 30 de Noviembre de 2004
DIOS ES AMOR




18. ¡VIVE JESÚS, EL SEÑOR!
www.iespana.es/renovacioncarismatica


Muerte del Catequista Victorino

No hago más que regresar el día 3 de noviembre a Sochiapam, después de haber enviado la carta anterior de este diario de misión, cuando a los pocos días, el 18, me entero de que mi compadre, el Catequista Victorino de Jesús, ha fallecido el día 21 del pasado mes de octubre. Lo encontraron muerto y cubierto de sangre a la orilla del camino, en un lugar muy tupido de vegetación. Sus asesinos le asestaron sin piedad dieciocho navajazos. Natural de Arroyo Tigre, municipio de Usila, el Catequista tenía 57 años de edad y once hijos, uno de ellos ahijado mío de bautizo, preparándose ya para casarse. Unos dicen que hubo testigos, otros que no, pero lo cierto es que toda la gente de los pueblos vecinos afirman con fuerza que los autores del vil asesinato fueron tres hombres, miembros de la misma familia, un padre y dos de sus hijos. Las Autoridades locales no se atreven a detenerlos, y exigen dos testigos para poder apresarlos. Yo no sé si hubo testigos o no, pero nadie se atreve a mover un dedo, ni siquiera las Autoridades, porque esta familia ya estuvo en una ocasión en la cárcel por sembrar y vender marihuana; la policía militar logró entrar en el pueblo a escondidas y llevarse presos a los tres, pero a los pocos días consiguieron la libertad y riéndose de sus vecinos: su jefe, un poderoso narcotraficante, quién sabe de dónde, los sacó de la cárcel. Por eso, nadie en Usila se atreve a denunciar... Esta familia se llevaba mal con Victorino desde hace tiempo, y ya en una ocasión intentaron matarle, y como no lo lograron, le amenazaron con hacerle algún daño a él o a alguien de su familia. Y es que Victorino era un hombre derecho y un auténtico líder en la región en todos los aspectos, en lo político, en lo social y en lo espiritual; sólo un ejemplo, después de mucho batallar con la justicia, en cierta ocasión logró recuperar para su pueblo centenares de hectáreas de tierra que habían sido robadas hace tiempo.

Cuando el primer misionero comboniano, P. Flaviano Amatulli, llegó a la misión de Usila, Victorino tenía 25 años y ya estaba casado. En su pueblo realizaba el papel o ministerio popular de Cantor y de “Rezandero” de su comunidad. Con la nueva evangelización que traían e impulsaban los nuevos “padrecitos” misioneros, Victorino llegó a ser el primer Catequista de la parroquia, y éstos lo enviaron a la ciudad de Tuxtepec al recién fundado por ellos “Instituto Teológico para Seglares”. Participó en los cinco años exigidos para ser Diácono permanente, y muchos años más para renovarse como Catequista. No llegó a ser Diácono, pero sí recibió del Sr. Obispo los ministerios del Lectorado y del Acolitado, además de seguir como Cantor y Rezandero. En general, como Catequista, fue un hombre muy comprometido y muy estimado por todos, por sus muchos dones y carismas, y recorrió varias veces toda la región de Usila y de Sochiapam predicando la Palabra de Dios en todos los pueblos, cantando siempre, pero en los últimos años su primitivo fervor había decaído bastante. Parece ser que con mi regreso a la Chinantla, mi compadre Victorino se animó y volvió a recuperar el entusiasmo de sus primeros años. La última vez que lo vi en la “Escuela de Evangelización de Usila”, mes de agosto, pidió perdón públicamente en la iglesia, delante de todos sus compañeros Catequistas y de todo el pueblo, y prometió enmendarse para recuperar aquel “primer amor” de sus mejores años como Catequista...Sin embargo, ya no tuvo tiempo para ello... Que descanse en la paz del Señor aquel Catequista que, ya al final de su vida, a pesar de sus debilidades, compartió su cruz con la de su Maestro, Cristo. Ahora él vive para siempre, no sólo en la eternidad, sino en la memoria de la gente, porque ¡Jesús no está muerto: ha resucitado!

Es cierto que en la misión nos encontramos a veces con Catequistas que, cansados, ya han abandonado su ministerio, y otros que dejan mucho que desear por su mal comportamiento, pero también es verdad que entre nosotros conviven otros que se mantienen fieles y son todo un ejemplo para sus comunidades, y que exponen su vida continuamente. Da la casualidad de que en este mismo pueblo de Victorino, Arroyo Tigre, hace unos años mataron a otro Catequista, llamado Miguel. Y todavía tengo presente en mi memoria cómo, siendo yo entonces párroco de Usila, en la vecina misión de Ojitlán varios hombres montados a caballo mataron a machetazos a dos Catequistas en un potrero, padre e hijo. Un sector de la parroquia, contraria al nuevo estilo de hacer misión por parte de los Misioneros Combonianos, indujo a unos desalmados para que asesinaran a dos Catequistas de los más fieles y cercanos a los misioneros... Perdieron el tiempo, porque el número de Catequistas desde entonces aumentó en la parroquia, y hasta tienen dos Diáconos permanentes, y hoy este sector disidente, está casi desapareciendo, sobre todo entre los jóvenes.


Visita a Sahuayo, Michoacán

En los días 15 al 20 de este mes tuve la oportunidad de viajar a Sahuayo, una ciudad del estado de Michoacán a siete horas de México, para participar en un encuentro de Combonianos “cincuentones” organizado por el padre encargado de la formación permanente. Salí de San Pedro Sochiapam a las seis y media de la mañana del día 15 y llegué a Sahuayo al día siguiente a la misma hora: ¡Veinticuatro horas viajando día y noche! Llegué rendido, pero valió la pena, pues me encontré muy bien con mis hermanos combonianos de esa comunidad y con los de mi edad. Sahuayo significa mucho para la provincia de México, porque en esta ciudad se encuentra el Noviciado de las provincias de Centroamérica y México; uno de los formadores es el español P. Vicente Clemente, aragonés, con el cual tuve la dicha de trabajar con él en nuestro antiguo Seminario Menor de Corella, Navarra.
En el primer encuentro que tuvimos los “cincuentones” se nos pidió que, con mucha naturalidad y sencillez, contáramos a los compañeros cómo nos encontrábamos en esos momentos, y a mí me impactó muchísimo el testimonio del P. Vicente Clemente por su total disponibilidad al Señor y al Instituto Comboniano. Nos comentaba –siempre con la sonrisa en la cara- que hasta ahora se ha sentido muy feliz aceptando con gran disponibilidad los cambios de lugar y de ministerio que los Superiores le han sugerido. Ha trabajado en África y en América, en la evangelización y en la formación. En julio lo envían a España para trabajar en cualquier trabajo de Animación Misionera que le manden... Siempre disponible, sin preguntarse nunca el por qué de los nuevos destinos ni cuestionarse el tipo de trabajo a realizar. En todas partes hay trabajo, en todas partes se puede hablar de Dios; de hecho, da gusto verlo feliz de formador con los novicios, y al mismo tiempo asistiendo pastoralmente una comunidad marginal, llamada Sta. Rita, donde la gente lo quiere con locura. Dentro de poco tiene que dejar Sahuayo, donde se ha encontrado tan a gusto, y él tan feliz... De veras, ¡cuánto tenemos que aprender de nuestros propios hermanos combonianos! Cuando uno se encuentra con ejemplos tan sencillos y tan a la mano como éste, nuestra vocación comboniana se fortalece aún más: Daniel Comboni se hace aún más presente en nuestra pobre y azarosa vida.

Los Misioneros Combonianos llegaron a Sahuayo hace 50 años, y la población, entonces muy pequeña, los acogió con un amor entrañable, hasta la fecha. Esta villa sufrió ferozmente la persecución religiosa en las primeros décadas del siglo XX, especialmente con el presidente Plutarco Elías Calles. Muchos seglares comprometidos, incluso jóvenes, sufrieron el martirio, y sus nombres figuran con orgullo en el centro del pueblo. A un niño de 12 años. monaguillo de la parroquia, los soldados lo torturaron salvajemente por no revelar el escondite del párroco del lugar y de otros laicos comprometidos; lo molieron a palos y le destrozaron las plantas de los pies a puro golpes y así, con las plantas de los pies al rojo vivo, le hicieron caminar hasta el lugar del definitivo suplicio. Creo que este niño mártir ha sido ya beatificado por el Papa. En la diócesis existía por aquellos años un proyecto de levantar un Seminario en Sahuayo, pero con la persecución religiosa ya no se llevó a cabo, por eso, cuando llegaron los Misioneros Combonianos con la idea de levantar un Seminario, el pueblo se volcó con ellos. Un detalle para que veáis cómo la gente quiere a “sus” misioneros: Desde la fundación del Seminario, una vez a la semana los seminaristas van al mercado a recoger todo tipo de alimentos que la gente les regala con tanto amor: verduras, huevos, leche, carne, frutas... De todo. Y esto hasta el día de hoy. En los días que estuve en Sahuayo regalaron al Seminario ¡una vaca lechera! Si alguna vez no van al mercado, la gente se molesta: “¡Les estuvimos esperando; cómo no pasaron por aquí!”. Normalmente, al comienzo de una fundación comboniana, los habitantes del lugar se encariñan con nosotros, pero con el tiempo este amor va menguando o desapareciendo. Pues bien, Sahuayo es excepción; es un caso único.. ¡Bendito sea Dios! ¡Que Dios bendiga siempre a todas y cada una de las familias de Sahuayo!

Cuando terminé el encuentro de Sahuayo, me quedé un día en la Ciudad de México donde, por cierto, celebré mis 55 cumpleaños, día 19 de noviembre. Durante estos meses se está llevando a cabo en la casa provincial el “Año Comboniano”, que se trata de un año especial de formación permanente para un grupo de combonianos, no muy numeroso. Aquí tuve un feliz encuentro con cinco españoles: los padres Florentino Lafuente, Ismael Piñón, Miguel Ángel Llamazares, Juan Antonio Fraile, y el Hno. Guillermo Casas, uno de los Formadores. Me dio mucha alegría verlos. A los formadores les dije que debían estar muy contentos con tener a estos cuatro padres, porque son, verdaderamente, unos hermanos que valen mucho, muy apreciados por toda la provincia de España; ¡vamos, auténticos pesos pesados...! Después de haberme encontrado en México con estos tan buenos compañeros y en Sahuayo con el P. Vicente, podía regresar contento a mi escondido rincón de la serranía en la misión chinanteca de Sochiapam.


No todo es fracaso

Posiblemente, cuando terminasteis de leer mis últimas páginas del diario, “De fracaso en fracaso”, os habréis quedado con una visión bastante negativa de la misión. Cuando pedí a los Superiores de volver a este lugar, sabía muy bien que la situación que iba a encontrar no podía ser la misma de la que felizmente viví la primera vez hace 24 años. Sería más fácil y más cómodo para mí haber regresado a Guatemala, donde los misioneros y la gente me estaban esperando, sobre todo los de la Renovación Carismática Católica, con los que trabajé un poquito nada más y con los que tan a gusto me sentí, humana y espiritualmente hablando. Pero un hijo de Comboni no puede buscar gratificaciones humanas; las acepta con humildad, pero su camino a recorrer es el de la cruz. No me desaliento, pues, ante las dificultades encontradas ahora en la misión. Sé que los mejores cuadros de famosos artistas están hechos de luces y sombras. Así que no todo es negativo, fracaso y decepción en esta misión en la que ahora me ha tocado vivir.
En la comunidad de Quetzalapa está surgiendo un bonito grupo de Catequistas entre las chicas que hicieron la Confirmación este año. Son decididas e imparables. Hablan y leen el español mejor que los hombres, así que ellas están asumiendo en la comunidad ministerios que hasta ahora siempre venían realizando tradicionalmente los “varones”. Ésta es una novedad que, de momento, la comunidad está aceptando bien. Lo único que todavía no se atreven es a predicar en público. Es increíble con qué autoridad corrigen a los chicos de su misma edad cuando éstos no se portan correctamente. En las comunidades grandes de Zautla y Zapotitlán los Protestantes están regresando a la Iglesia Católica; de momento son los adolescentes y los jóvenes los que piden el Bautismo, pero también hay jóvenes madres de familia que se han casado con Católicos y desean pertenecer a la Iglesia. Los adultos desean regresar, pero de momento sólo algunos lo hacen, porque tienen algo de miedo a la reacción de los Católicos. Para el año 2005 ó el 2006 ya tengo en mente dedicarme más a ellos.
En Sochiapam, desde hace ya meses, estamos celebrando todos los jueves una Eucaristía muy especial, y que llamamos “Misa de la amistad”. A ella están invitados los Catequistas, los grupos de la catequesis de Primera Comunión en adelante, los miembros de la “Pastoral Familiar” y la de la “Pastoral Social”, los “Ancianos”, las “Damas Católicas”, los “Coros juveniles” y todos los Católicos de buena voluntad. Celebramos el rezo de las Vísperas dentro de la Misa. Los que más disfrutan son los niños y jóvenes de la catequesis, porque con esta Misa tienen la oportunidad de leer los salmos y las oraciones, escoger los cantos, hacer las lecturas y las preces, etc. Uno de estos jueves, el sacristán de turno estaba borracho, y cuando comencé la oración de la Misa, antes de las lecturas, se puso de rodillas para tocar las campanillas, como si estuviéramos en la consagración. Ya no pude avisarle, así que, al terminar “Por nuestro Señor Jesucristo, etc.”, se puso a tocar desenfrenadamente las campanas. Todos se echaron a reír, y yo también.

P. Damián Bruyel Pérez,
Misionero Comboniano
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