EL DIOS DE LA VIDA
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Predeterminado EL DIOS DE LA VIDA

S. Pedro Sochiapam, 24 de febrero de 2004 DIOS ES AMOR




EL DIOS DE LA VIDA



Misa de Rogación

En estos momentos estoy bien de salud; me he recuperado bien. Últimamente he podido realizar largas caminatas sin el caballo, hasta de siete horas seguidas, subiendo y bajando montes, y sin cansarme nada. ¡Quién sabe cuánto durará esta salud de hierro de estos momentos! Por otra parte, el tiempo aquí está loco, loco... En estos momentos la temperatura a la sombra sobrepasa los 33 grados; en Usila y Tuxtepec posiblemente ronde los 40. Llevamos ya varios días con un viento seco y caldeado. Justo en este instante me llama a gritos el P. Antonio Radice para que me asome y vea algo insólito: cómo el techo de lámina de la casita, donde tenemos los conejos y otras cosas guardadas, vuela por los aires con todos los palos y pequeñas vigas que sostienen las láminas, y cae por fin sobre un camino, con la suerte de que en ese momento no pasaba nadie por allí... Por aquí dicen este refrán: “febrero loco, y marzo otro poco”. Cierto. Posiblemente mañana o pasado ya esté lloviendo y haciendo frío...

Regreso ahora con mi pensamiento al mes pasado, al día 24 de enero. En este día celebramos en la cabecera parroquial una Misa de Rogación, que es una celebración muy solemne que tiene arraigo sólo en las comunidades chinantecas de San Felipe y Santiago Usila y San Pedro Sochiapam y sus pueblos anexos. Es una fiesta muy antigua, que todavía se celebra con gran aceptación y alegría. Después de la Navidad, los Ancianos van a visitar a las Autoridades civiles para recordarles que en el mes de enero deben acudir a la iglesia para que el pueblo pida a Dios por ellas y que proteja al pueblo de todos los males. Todo el pueblo, pues, debe acudir con sus Autoridades a la iglesia para celebrar una Misa de Rogación, es decir para “rogar” a Dios en la Misa que bendiga, al comenzar el año, todo cuanto poseen en sus casas, sus ríos, sus montañas, sus cultivos... Se “ruega” al Dios del aire, de la luz, del agua y de la tierra, o sea, al Dios de la vida, no sólo por las Autoridades, sino por todos los vecinos de la comunidad, especialmente por los más débiles y desamparados.
Antiguamente los Ancianos de estas comunidades chinantecas de Usila y Sochiapam escogían a algunos de sus compañeros para que fuesen a otras localidades para pedir oraciones. Caminaban varios jornadas, porque llegaban incluso a otras parroquias no chinantecas, como por ejemplo a San Andrés Teotilalpam y a Sta. María Pápalo, (Cuicatecos), o a San Juan Chiquihuitlán, (Mazatecos); también visitaban parroquias o comunidades chinantecas. Los Ancianos enviados llevaban velas elaboradas por ellos y unas plantas perfumadas que aquí llaman “reliquias”, y al llegar a los templos rezaban el rosario con la gente, pidiendo protección a Dios por las Autoridades y por el pueblo donde se va a celebrar la Misa de Rogación. Esta costumbre de enviar Ancianos a otros pueblos hace tiempo que desapareció.

La Misa de Rogación es, pues, una Misa muy antigua en esta región. Los antepasados aprendieron a adorar a Dios y hacer fiestas de la siembra y de la cosecha. Aprendieron a querer al sol, a la luna, al viento, a las lluvias y a la tierra, que la consideran como una madre. Aprendieron a cultivar los campos de maíz, frijol, café, yuca (mandioca), etc. Aprendieron a compartir con los demás hermanos lo que la madre tierra ofrece para que a nadie le falte lo necesario para vivir. Al comienzo del año, como siempre, todo el pueblo ruega a Dios para que conceda buenas cosechas, que aleje todos los males del pueblo, que bendiga a las Autoridades para que sirvan mejor a la comunidad. Los fieles ofrecen a Dios sus vidas, sus campos, todo lo que es de Él y nos lo presta para vivir.
Para celebrar esta Misa se colocan cuatro altares alrededor de la iglesia, según los puntos cardinales; estos altares se cubren con esteras y grandes ramos de palmera u otro árbol ornamental y se adornan con flores. En el primer altar la gente coloca frutos y semillas del campo; el segundo altar lo llena de pequeños recipientes de tierra, mientras que en el tercero es agua lo que viene a depositar el pueblo; a los pies del cuarto altar se colocan animales, especialmente aves de corral. El sacerdote recibe a las Autoridades en la puerta de la iglesia, e inicia la Misa allí mismo; a continuación recorre los altares con todo el pueblo para explicarle y hacer oración en cada uno de ellos y en cada punto cardinal, luego los bendice, los rocía con agua bendita y los inciensa; todo ello con gran solemnidad. El pueblo participa activamente y con mucho canto. Al entrar en el templo continuamos con la oración de bendición por las Autoridades; es una buena ocasión para recordarles que “mandar” es “servir”, que no deben abusar de la gente con multas y con otro tipo de opresión... En el ofertorio de la Misa la gente se acerca al altar para depositar a sus pies todo lo que dejaron anteriormente en los altares afuera; ¡ya podéis imaginar cómo se pone el presbiterio de ofrendas! Al final de la Misa bendigo con agua bendita a todos los niños, que son los frutos de la tierra más valiosos, mucho más importantes que el maíz, el chile o el frijol... Así doy por terminada la Misa, que dura un montón; yo estoy rendido, pero ellos no. Esta Misa de Rogación se repite, y con la misma solemnidad, en todas las comunidades. Es una celebración popular de las más concurridas; a nosotros nos toca evangelizar esa ocasión tan especial para ellos. Si logramos que entiendan que nuestro Dios es siempre Vida y es Amor, estamos satisfechos.




Sochiapam estrena párroco

Este mismo día tan colorido y lleno de vida fui presentado oficialmente como nuevo párroco de San Pedro Sochiapam. El nombramiento, por parte del Sr. Obispo, ya lo tenía desde finales de noviembre. El compañero que está conmigo es Vicario Episcopal; el párroco anterior, un joven misionero comboniano mexicano, murió en esta parroquia, y sólo llevaba dos años de párroco. El día 24 de enero, pues, dentro de esta Misa de Rogación, fui presentado a la comunidad parroquial como nuevo párroco. El Vicario E., representando al Sr. Obispo, me hizo algunas preguntas pertinentes al comenzar la Eucaristía sobre mi fidelidad y entrega al Señor y a su Iglesia, sobre mi nuevo ministerio y mi servicio al pueblo de Dios. ¿Pero cómo no me voy a entregar al Señor, cómo no servirle a Él, si ésta ha sido siempre la opción de mi vida, a pesar de mis muchas debilidades? Al anciano Obispo San Policarpo, discípulo de San Juan Evangelista, las autoridades romanas le proponían maldecir a Dios y salvar así su vida de ser quemado vivo. El valiente Obispo respondió: “Hace ochenta y seis años que sirvo a Cristo, y nunca he recibido de Él más que bienes; ¿cómo podría ahora maldecir a mi Rey y Salvador?” Yo no sé cuándo las puertas de mi Casa y vuestra Casa se abrirán para mí, pero quisiera exclamar en esos momentos, con la ayuda del Espíritu Santo y de la Virgen María: Mendigo he sido siempre, Señor. Aquí me tienes, una vez más, tocando a tus puertas, pobre y desnudo, para que me acojas clemente en tu hogar. Y porque menesteroso y lleno de miserias, siempre he confiado en Ti, perseverante, postrado en los umbrales de tu Casa.

Y en cuanto a la fidelidad a la Iglesia, sobre la que también me pregunta el Vicario del Obispo, ¿qué diré? Mucho he sufrido en mi vida por causa de esta fidelidad. He sufrido sobre todo con Sacerdotes y Religiosos, por cierto. Si uno trata de ser dócil y obediente al Magisterio de la Iglesia, si quieres ser fiel, pues, a la Iglesia, entonces apareces delante de los demás como anticuado, tridentino, desfasado... Porque no eres “progre” a su manera, ya te miran con cierta lástima. Y cuando digo fidelidad digo también fidelidad a la Iglesia en las cosas pequeñas que nos mandan “desde arriba” y que, en realidad, no cuestan realizarlas, precisamente por ser “pequeñas”; y no digo nada nuevo, porque el mensaje de la “fidelidad en las cosas pequeñas” lo encontramos en el Evangelio. Por eso yo, en esta Misa de Rogación, no he dudado un momento en responder al Vicario que mi fidelidad al Magisterio de la Iglesia es incondicional. Quiero ser, y no me avergüenzo de ello, fiel a la Iglesia de hoy, convencido de que el Espíritu Santo hoy me habla por la boca de Juan Pablo II, aunque anciano y achacoso; si ancianos obispos como San Policarpo me hacen estremecer todo mi ser, ¿no va a vibrar también mi alma de misionero errante ante el anciano Papa?

Después de toda esta presentación, el Sr. Vicario Episcopal se quitó su casulla y me la puso sobre mí para que continuara con la Misa de Rogación. Fue algo sencillo, pero todo muy expresivo para la gente. Sin duda, una buena catequesis sobre la misión del párroco en una Iglesia local.



Lupita, la muchacha enferma

Para terminar estas páginas del diario, os voy a contar lo que me pasó un domingo en la Misa, para que veáis como el Dios de la vida se manifiesta especialmente en los pobres. Estaba en la iglesia en oración, preparándome para la Misa, cuando se me acercó una muchacha de unos quince o dieciséis años para pedirme que orara en la Eucaristía por ella, porque desde niña padece continuos ataques, semejantes a la epilepsia, que la tiran por el suelo en medio de grandes convulsiones, dejándola después como muerta. Le dije que rezaría por ella con el pueblo, pero al terminar la Misa, antes de la bendición final.
Cuando llegó el momento, llamé a Lupita (Guadalupe), que así se llama la joven, y le dije que se colocara delante del altar. Después invité a voluntarios para que se acercaran alrededor de la enferma y que oraran conmigo al Dios que todo lo puede, el amigo de los enfermos y de los débiles, es decir, al Dios de los pobres, al Dios de la vida. Aún hoy me pregunto cómo es que se me ocurrió invitar a la gente de este lugar a acercarse y a orar por la enferma, delante de toda la comunidad, cuando aquí no es costumbre hacer algo semejante; en las comunidades de la Renovación Carismática Católica y otras semejantes esto es algo normal. El caso es que mucha gente comenzó a salir de sus bancos y a acercarse a la joven, alrededor del altar. Extiendo mis manos sobre la muchacha e invito a la gente a orar conmigo en voz alta, de forma espontánea, dejándose guiar por el Espíritu. Con toda la sencillez del mundo y sin miedo alguno, las plegarias de estos hombres y mujeres, verdaderos “pobres de Yahvé,” se alzaron a lo alto con fuerza; aunque el clamor del pueblo era grande, mi voz a través del micrófono se hacía sentir un poco más.
Cuando la oración de todos se fue apagando, decidí entonces concluir la Eucaristía y dar la bendición. Apenas acababa de impartirla, cuando la muchacha, de repente, dio un gran grito y cayó por tierra revolcándose por el suelo; la gente quedó muy asustada, porque la joven parecía como endemoniada, pero era sólo un nuevo ataque de su enfermedad, ataque que sería el último de su vida, por cierto. Como Dios me dio a entender logré calmar a la asamblea, explicándole que en los Evangelios aparecen varios casos en que algunas personas, endemoniadas o trastornadas psíquicamente, después de ser sanadas por Jesús, cayeron en tierra en medio de grandes gritos y convulsiones, hasta quedar como muertas... Pero luego se levantaron tranquilas, ya sanas; y es que el poder de Dios no tiene límites; era el fin de una pesadilla: basta tener fe. Muchas mujeres se acercaron a Lupita para ayudarla, pero su presencia no hacía más que asfixiarla, no dejándola ni respirar. Yo me acerqué a ella, la acaricié con ternura un rato y, tomándole de la mano, logré que permaneciera sentada tranquilamente, ya consciente. Hoy la joven goza de una gran paz y, aunque sigue medicándose, como le aconsejé, ya no ha vuelto a tener más convulsiones. Y es que, de verdad, el poder de Dios no tiene límites.
Este hecho nos enseña al menos dos cosas. Una, que la oración de toda la comunidad es muy importante, y no sólo la oración de “los curas”; es una oración que tiene mucha fuerza delante del Dios de la vida. Una verdadera comunidad o asamblea (iglesia, pues) está formada por Sacerdotes y Laicos: todos unidos en oración podemos mover montañas. El terrorismo de E.T.A. y otros males que afectan a nuestra sociedad española no se vence con minutos de silencio o haciendo manifestaciones en la calle, ni con declaraciones a la prensa por parte de partidos o políticos, sino llenando los templos de fervorosos cristianos para orar ante el Señor de la vida. Pero esto, claro, es estar y sentir con la Iglesia, y eso hoy no está de moda. La otra conclusión es que orar ante el Santísimo o después de la comunión, con el Santísimo dentro de nosotros, tiene una eficacia ilimitada: ¿Puede el Rey y Señor desoír las plegarias fervientes y sinceras de unos fieles que le invocan en momentos tan especiales? Un misionero canadiense, P. Emiliano Tardiff, tenía costumbre de orar por los enfermos con el pueblo delante de la Eucaristía, y era tan eficaz esta oración, que este misionero se hizo famoso en el mundo por las curaciones y las conversiones que el Señor realizaba, a la vista de todos, a través de él y de los que con él oraban. Es que... el poder del Dios de la vida no tiene límites.

Hoy, 26 de febrero, termino de escribir estas páginas. El día 24 la temperatura marcaba casi los 34 grados. Al día siguiente comenzó a nublarse y a llover; hace un rato la temperatura bajó a 12 grados, y en estos momentos, ya de noche, ha bajado a 7... Lo que os dije al comienzo: ¡Qué tiempo más loco éste de Sochiapam! ¡Pero mi felicidad vivida en este pueblo chinanteco no os la cambio por nada, no!

P. Damián Bruyel Pérez,
Misionero Comboniano
http://www.iespana.es/renovacioncarismatica/dami.htm
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