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S. Pedro Sochiapam, 31 de enero de 2004 DIOS ES AMOR
LA VIDA, UNA MEZCLA DE DOLOR Y GOZO Servir en el afán de cada día El tiempo pasa. Enero se nos va. Hace ya tres meses y medio que estoy en la misión. Os estoy escribiendo el día de San Juan Bosco, un santo que me ha caído siempre bien por su estilo de vida y por su carácter, un estilo nada espectacular ni extraordinario, al alcance de todos nosotros. Como todos los santos, alcanzó la santidad en su más alto grado gracias a su gran amor al Señor y al prójimo, que eso es precisamente lo que mucho nos hace falta. Para nosotros, los misioneros, que ejercemos sin duda alguna cierta “autoridad” sobre los pueblos que evangelizamos, nos viene bien este mensaje que San Juan Bosco dejó escrito en una carta: “Miremos como a hijos a aquellos sobre los cuales debemos ejercer alguna autoridad. Pongámonos a su servicio, a imitación de Jesús, el cual vino para obedecer y no para mandar, y avergoncémonos de todo lo que pueda tener incluso apariencia de dominio; si algún dominio ejercemos sobre ellos, ha de ser para servirlos mejor”. ¡Qué palabras tan sabias para aquellos que, por vocación, ejercemos en una comunidad cualquier tipo de responsabilidad y de servicio... Aquí en San Pedro Sochiapam continúan el frío, la niebla, las lluvias y la humedad. Cada vez más me parece estar viviendo en Galicia, pero sin esa calefacción que hace confortable la vida dentro del hogar... Por la noche, en estos meses de invierno, la temperatura baja aproximadamente a unos cinco grados; con la humedad que hay en el ambiente, y sin calefacción, aquí tiritamos de frío; yo duermo con cuatro mantas gruesas y con la cabeza metida entre ellas, y sólo la saco para respirar, y aún así me levanto todos los días con la nariz tapada. Pensad que las puertas de nuestras habitaciones dan directamente al campo; algunos días la niebla es tan densa, que cuando dejamos las habitaciones abiertas por descuido, la niebla penetra en ellas, igual que en el exterior. Me llama la atención comprobar cómo aquí podemos tener niebla espesa y lluvia al mismo tiempo; en España decimos que cuando hay niebla, va a hacer buen tiempo; bueno, pues aquí, no: si viene la niebla, lo más seguro es que tengamos lluvia y frío. “El misionero debe estar dispuesto a todo” En Zapotitlán, el pueblo donde pasé la Navidad, cogí un resfriado que en pocos días se convirtió en bronquitis, y no es de extrañar, porque la choza de madera donde pasé tres noches, suspendida en el aire como un palafito, tiene rendijas por todos los lados. El día 26 regresé a Sochiapam y, aunque las cuatro horas de camino las hice a caballo, ya notaba un cierto malestar y también cansancio. Al día siguiente volví a salir para la reunión mensual de todos los Sacerdotes de la Diócesis, en Tuxtepec; fueron tres días de viaje, a pie, sin caballo, pues ya estaban programadas con los Catequistas las visitas a los pueblos que se encuentran en el camino. Salí de Sochiapam con fiebre, y las piernas me temblaban más en las bajadas que en las subidas; en un pueblo me prestaron un caballo para poder aguantar una subida de dos horas; la última vez que había tenido fiebre fue el año 1971, el año que pasé en Portugal. Llegué a nuestra comunidad de Tuxtepec rendido y con una tos que no me dejaba hablar. El día 31, día de Nochevieja, último del año, los padres de la comunidad me comunican que a las 8 de la noche ha llamado desde el teléfono público de Sochiapam un Catequista para decir que el P. Antonio, mi Vicario Parroquial, está muy grave, que tiene una fuerte tos y que ha pasado dos noches casi sin poder respirar, que lo vayan a buscar urgentemente. Esa misma noche hablo con un amigo del P. Antonio de la situación, el cual, sin pensarlo dos veces, y sin esperar a que amanezca, coge su camioneta y parte como un rayo esa misma Nochevieja, acompañado de su esposa; esquivando como puede a los borrachos que en esa última noche del año están dormidos tumbados en las calles, en diez horas logran llegar a San Pedro Sochiapam por Cuicatlán, descansan un poco y se traen al misionero a Tuxtepec. Cuando los dos nos presentamos al médico, el resultado es claro: los dos tenemos bronquitis, pero el P. Antonio tiene también asma y principio de neumonía. No nos queda más remedio que quedarnos más días de los previstos en Tuxtepec para restablecernos un poco; nuestras visitas programadas a las comunidades tienen que ser dejados a un lado... Así es la vida de un misionero: proyecta, programa, propone... Pero luego tiene que contar con los proyectos de Dios, que muchas veces no son como los nuestros. Menos mal que tengo siempre en mi corazón un gran ejemplo en San Daniel Comboni, y de él me acuerdo con frecuencia; precisamente en estos días he terminado de leer la biografía sobre Comboni “La fuerza de un ideal”; es la cuarta vez que me leo este libro. En realidad, ¿qué son tres o cuatro días de camino por la sierra chinanteca de México comparándolos con aquellos interminables meses de agotadores desiertos, ríos y selvas del Sudán, recorridos por Comboni para llegar a su destino? ¿Y qué supone una simple bronquitis, aunque tenga otras complicaciones, comparándola con aquellas intermitentes tifoideas y malarias de Comboni y sus misioneros, y que aún siguen matando a nuestros misioneros de hoy, como lo atestiguan los recientemente fallecimientos de nuestros inolvidables P. Ampelio y P. Lizalde? Como hijo fiel de San Daniel Comboni, hoy, una vez más, hago mías estas famosas y conocidas palabras suyas: “El misionero debe estar dispuesto a todo: a la alegría y a la tristeza, a la vida y a la muerte, al abrazo y al abandono. Nuestra vida es una mezcla de dolor y gozo, angustias y esperanzas, sufrimientos y consuelos. Se suda, se sufre, se goza: esto es lo que quiere de nosotros la Providencia”. Como yo me encontraba mejor de salud que el P. Antonio, el día 9 de enero me volví a Sochiapam, pero en autobús, pues no estaba en condiciones todavía de emprender otro largo y agotador recorrido por tierra. Salí de Tuxtepec, sede de nuestra diócesis, a las doce de la noche y llegué a San Pedro Sochiapam a las diez y media de la noche de ese mismo día: ¡Veintidós horas de viaje, haciendo cinco trasbordos! Desde ese día decidí no utilizar más este medio. Los Centros de Evangelización y los Combonianos Gracias al Señor, no todo en nuestra vida son cruces y penas. Gozamos inmensamente cuando preparamos evangelizadores para la misión. A todos los laicos comprometidos en la evangelización les llamamos Catequistas; en cada comunidad éstos se organizan para poder atender los tres objetivos o misiones de la Iglesia; unos se dedican más a la predicación y a la catequesis (son “profetas” , otros están más preparados para la Liturgia de los Domingos y la Religiosidad Popular, es decir, para todo tipo de celebraciones religiosas (son “sacerdotes” ; y otros están más capacitados para saber organizar la comunidad, la economía, atender las necesidades de los pobres, etc. (son “pastores” . En realidad, cada cristiano debe ser, por vocación, “profeta, sacerdote y rey”, como nos lo recuerda la liturgia el Bautismo.Recuerdo con satisfacción mis diez años vividos en Centroamérica, porque allí los Misioneros Combonianos dimos un fuerte impulso a la preparación de Agentes de Evangelización. En Costa Rica nuestros hermanos fundaron un hermoso “Centro de Evangelización y Catequesis”, llamado “Emaús”, hoy ya en manos de la diócesis. En El Salvador, donde está trabajando el español Hno. Jesús Pérez Tortajada, está funcionando muy bien otro “Centro de Evangelización” en nuestra parroquia, y se llama “Sto. Tomás”. Y en la ciudad de Guatemala tenemos un amplio “Centro de Animación Misionera y de Evangelización”, llamado “Daniel Comboni”, con un amplio salón para más de 300 personas, dos para más de 100 y uno para 50; este Centro lo conozco muy bien, porque he trabajado en él cinco años. En Guatemala, además, daba clases en dos “Escuelas de Teología para Seglares” que tenían los Salesianos. En España algunos laicos comprometidos de la “Renovación Carismática Católica de Galicia” me sugirieron la idea de abrir una Escuela para Servidores con sede en Santiago; a iniciativas tan sugestivas no podía faltar mi apoyo; surgió entonces el “Curso de Formación para Servidores y Servidoras”., por iniciativa de estos Laicos; ellos y dos sacerdotes íbamos a dar formación a servidores (responsables de comunidades de la Renovación) ansiosos de evangelizar a sus hermanos. El Sr. Arzobispo, Dn. Julián Barrio nos apoyó en todo y nos animó a emprender tan loable iniciativa. El primer año se inscribieron en el Curso unos 150, pero en realidad no iniciaron todos, y sólo perseveraron noventa; el segundo año terminaron 70. Con mucha pena de mi parte, del Sr. Arzobispo y de los organizadores, el Curso ya no continuó adelante, porque el Príncipe de este mundo, Satanás, el Mentiroso y Envidioso, se encargó de echarlo todo aperder. Algunos responsables de la Renovación en Galicia, que nunca participaron en estos Cursos, tal vez con poco discernimiento y tacto, ordenaron suspenderlos (por motivos que ahora no es el caso de mencionarlos)... Tal vez el Señor, que siempre sabe sacar un bien de un mal, haya permitido todo esto para que surja una nueva “Escuela de Evangelización y Catequesis” en la diócesis, abierta a todos los Laicos Comprometidos deseosos de formación, y no sólo para la Renovación Carismática, Escuela organizada y dirigida por los mismos hermanos de la Renovación de antes y con más ayuda. Habría que pensarlo bien. No sería un mal apostolado para estos hermanos, y muchas parroquias se beneficiarían de esta formación. Las Escuelas de Evangelización y Catequesis en la Chinantla Aquí, en la diócesis de Tuxtepec, nuestros primeros misioneros fundaron el “Instituto de Teología para Catequistas” con dos sedes, con el fin de estimular en la diócesis los Ministerios Laicales y el Diaconado Permanente (hoy son ya 17 los Diáconos Permanentes, todos ellos casados). Como la parroquia de Usila tenía muchas dificultades para enviar algunos de sus Catequistas a estas sedes, por las distancias y los gastos, los misioneros que me sustituyeron en esta misión fundaron la “Escuela de Evangelización y Catequesis” con el nombre de “Alisu” (Usila leído al revés), Entre mis actividades misioneras en la región, la evangelización es una de mis prioridades, por eso voy a colaborar en esta Escuela de Evangelización, situada en esta antigua, muy poblada y extensa misión que ya entregamos a la diócesis. Daré clases de Liturgia a los grupos de los tres años, e Historia de la Iglesia a uno de ellos, el de tercer año. Los Egresados de esta Escuela los atiende mi otro hermano, el italiano P. Antonio Radice. Como veis, son 4 grupos en esta Escuela, que se reúne durante toda una semana cada cuatro meses, durante tres años consecutivos. El próximo 16 de febrero será la primera de este año 2004; allí estaré, si Dios lo permite. Otra Escuela de Evangelización la tenemos aquí en nuestra parroquia de San Pedro Sochiapam. Antes nuestra gente se iba a Usila, a Tuxtepec y a Valle Nacional para participar en las Escuelas. Ahora vamos a comenzar una aquí (ya hemos tenido un primer encuentro de dos días con los Catequistas más representativos para proponerles la idea, que les encantó), para que no vayan tan lejos. También van a llegar Catequistas de otros tres poblados que no pertenecen a nuestra parroquia ni a nuestra diócesis, pero que, por estar más cerca de nosotros, su párroco nos ha pedido de poder atenderles. Esta Escuela va a ser más sencilla, con menos gente, de dos días enteros cada dos meses. En realidad, antes de que se fundara formalmente la Escuela “Alisu” ya existían cuatro Centros de Evangelización en la misión de Usila, y uno de ellos era precisamente este de Sochiapam. El interés y el entusiasmo de nuestros Catequistas para formarse y así mejor dirigir las comunidades nos estimula a perseverar en la misión a nosotros, los Misioneros Combonianos, que trabajamos y caminamos con ellos día a día. Pronto se nos olvidan las penas y las cruces más pesadas. Es como la vida de un matrimonio: las fatigas y los afanes de cada día para sacar adelante a sus hijos, así como los roces entre los mismos cónyuges, todo es soportable y superado con optimismo por el amor que se profesan entre ellos y transmiten a sus hijos, porque “el amor es más fuerte que la muerte”. P. Damián Bruyel Pérez, Misionero Comboniano http://www.iespana.es/renovacioncarismatica/dami.htm |
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