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El monstruo de la "territorialidad"
En mi opinión, en este debate no se menciona suficientemente el problema creado por esa vaca sagrada de la "territorialidad", que es generalmente incompatible con el principio de autodeterminación del pueblo, y que encierra por ello el mayor riesgo de enfrentamiento grave (además de peligro de enquistamiento a largo plazo, al permitir una extensión geográfica del problema). Todos los movimientos políticos nacionalistas (ya sean secesionistas o estatales) trazan una línea que define los limites territoriales “legítimos” de lo que se percibe como el hábitat de la "nación". En ocasiones las fronteras no plantean problemas graves, y el territorio exigido se corresponde con una población nacional más menos homogénea (Noruega, Finlandia, Eslovenia, Chequia, aunque todos ellos con matices). Sin embargo, la propia naturaleza de la ideología nacionalista, que se funda en una concepción muy voluntarista y amplia de lo que es o debería ser la "nación", hace que se tienda en general a tener también una visión expansiva de los confines del territorio deseado o considerado como “legítimo” para tal nación. El término utilizado por los nacionalistas vascos en este contexto es la doctrina de la “territorialidad”, aunque otros nacionalistas han utilizado otros nombres antes. Por una parte, la doctrina "territorialista" expansiva de la mayor parte de los nacionalismos suele alcanzar a algunos territorios con ciertos vínculos históricos o geográficos, e incluso con una cierta representación minoritaria de la nación en cuestión, pero donde esa nación (ya?) no es mayoritaria por los motivos que sean. Algunos ejemplos de reivindicaciones territorialistas por motivos “histórico-geográficos”: Krajina "sólo croata", Bosnia “sólo musulmana”, Kosovo "sólo serbio", Nagorno Karabaj "armenio", Ulster “sólo irlandés”, Bruselas "sólo flamenca”, Gibraltar “español”, Ceuta “marroquí”, Malvinas “argentinas”; otros ejemplos históricos: Alsacia-Lorena "alemana", Pomerania-Dantzig "alemana", Schleswig-Holstein "alemán", Podolia "sólo polaca", Sudetes y Rutenia subcarpática "sólo checoslovacos" (en 1937), Transilvania "sólo hungara", Silesia "sólo polaca", Malmedy "belga , Niza "italiana". Por otra parte, aparte de la base histórica, el segundo fundamento de la doctrina “territorialista" es la existencia de poblamiento de la supuesta "nación" fuera de la frontera histórica (irredentismo). Algunos ejemplos de reivindicaciones territorialistas por motivos demográficos o fácticos: Krajina "sólo serbia", Bosnia Sprska "sólo serbia", Bosnia y sobre todo Hercegovina "sólo croata", Kosovo "sólo albanés", Ulster "sólo británico”, Bruselas "sólo francófona”, Gibraltar y Malvinas “británicos”; otros ejemplos históricos: Transilvania "sólo rumana", Podolia "sólo rusa" o “bielorusa”, Rutenia subcarpática "ucraniana", Malmedy "alemán", Niza "francesa". Al ver las dos listas de ejemplos, el problema queda claro: la mayoría de los territorios reclamados por movimientos nacionalistas contienen en realidad mezclas de poblaciones, y a menudo un mismo territorio es exigido simultáneamente por dos nacionalismos antagónicos sobre la base de la misma doctrina de la "territorialidad", aunque interpretada diferentemente. En algunos casos un lado funda su visión “territorialista” en motivos históricos y el otro lado en motivos demográficos (o amalgamas de ambos criterios en ambos lados). Curiosamente, aunque los movimientos nacionalistas dicen fundarse en el principio de autodeterminación, ningún movimiento nacionalista reconoce la incoherencia flagrante entre las dos bases del principio de “territorialidad”, es decir el principio histórico y el principio demográfico-fáctico (quizás porque cualquier nacionalismo que se precie tiene que intentar abarcar todo lo que se pueda). En general, la aplicación rigurosa del principio de la autodeterminación de los pueblos, que se funda en la opinión real de la gente, les trae al fresco a los ideólogos nacionalistas a la hora de trazar mapas: lo de la “territorialidad” es mucho más práctico para dibujar mapas más grandes, aunque sean la antesala de la guerra. Lo grave del asunto es que, en la mayor parte de los casos, estas exigencias fundadas en el principio de la “territorialidad” se han exacerbado hasta llegar realmente a la guerra. De hecho, la mayor parte de las guerras europeas desde mediados del siglo XIX, y especialmente las que han seguido a la guerra fría, se deben a ideologías nacionalistas y, más precisamente, a una aplicación de la doctrina “territorialista”, combinada con una interpretación muy parcial del principio de autodeterminación de los pueblos, de manera a maximizar el territorio deseado como “hábitat nacional”. Recordemos unas cuantas aplicaciones de la doctrina “territorialista” a cañonazos: guerra franco-prusiana 1870, guerras balcánicas 1912-1913, Primera Guerra Mundial (que empieza en Sarajevo), Segunda Guerra Mundial (idem en Dantzig), conflictos recientes en ex-Yugoslavia y en el Cáucaso. Algunos consiguen su mapita, otros no, y olaeadas de refugiados deben adaptarse a la visión territorialista del vencedor. De hecho, la limpieza étnica es el triunfo de la doctrina “territorialista” sobre el principio de autodeterminación bien entendido, donde nadie debería moverse de su casa. Al mismo tiempo, el principio de autodeterminación sólo ha creado revisiones de fronteras viables cuando su aplicación estricta (la voluntad del pueblo, sin prejuicios históricos) ha triunfado finalmente sobre la doctrina de la “territorialidad”, gracias a plebiscitos o arbitrajes en comarcas conflictivas (Burgenland, Schleswig-Hostein, Silesia Oriental, Teschen, etc). Más aún, el camino de la reconciliación para finalizar conflictos de corte nacionalista sólo es posible si se renuncia explícitamente a la doctrina de la “territorialidad”. Así, una clave del principio de paz palestino-israelí (aunque aun le queda un buen trecho) es la supresión de la cláusula de la Carta Palestina que exigía la destrucción de Israel. Es decir, la renuncia explícita al principio "fundacional" de territorialidad de la OLP ("Palestina del río -Jordán- al mar" . En cuanto al proceso de paz de Irlanda del Norte, una clave del acuerdo es el abandono de la doctrina de “territorialidad” por parte de los británicos pero sobre todo por parte de la República de Irlanda, que ha modificado incluso su constitución para renunciar al principio “territorialista” de la unidad de la isla (y eso sí que era fundacional y esencial en un nacionalismo insular). En otros términos, en el caso del Ulster ambas partes aceptan: - renunciar expresamente al principio de “territorialidad”, reconociendo que ni la unidad de las isla de Irlanda ni la del Reino Unido son sacrosantas; - la legitimidad del principio de auto-determinación del pueblo del Ulster, independientemente del resto del Reino unido pero también del resto de Irlanda En resumen: auto-determinación del PUEBLO sin corolario “territorialista”. La renuncia a la “territorialidad” es un factor de conciliación en Irlanda del Norte que sigue siendo conscientemente ignorado por los partidos nacionalistas vascos. Así, el Pacto de Lizarra incluye una parte inicial sobre los “FACTORES PROPICIADORES DEL ACUERDO DE PAZ EN IRLANDA (DEL NORTE) » (paréntesis puestas por los firmantes de Lizarra, cuando el acuerdo de Stormont se funda en suprimir esas paréntesis); entre esos factores, el texto de Lizarra hace alusión, de manera increíble, a un supuesto «reconocimiento del derecho de autodeterminación al conjunto de los ciudadanos de IRLANDA » (punto 6). Esto es totalmente incorrecto, y de hecho una manipulación: la base del acuerdo es la autodeterminación de Irlanda DEL NORTE, sin paréntesis. Para resolver el problema, es decir que el territorio de Irlanda del Norte está vinculado por una parte al resto de Irlanda y está poblado por otra parte por una mayoría unionista, el acuerdo de paz reconoce precisamente la autodeterminación del Ulster INCLUSO frente a Irlanda, cuya población optó en el pasado por separarse del Reino Unido, pero cuya decisión no tiene por qué vincular al Ulster. Reconoce por lo tanto el derecho final del PUEBLO a tomar la decisión, prescindiendo de los objetivos inicialmente territorialistas del movimiento nacionalista irlandés que abarcaba el conjunto de Irlanda. Haciendo una comparación quizás demasiado rápida pero necesaria, es como si reconociese el derecho a la autodeterminación de Navarra, el País Vasco francés, Alava o Bilbao, y eliminase totalmente del debate la doctrina de la “territorialidad”. A modo de contrapunto, otros se aferran al principio de “territorialidad”. Por ejemplo, Tudjman y Milosevic se han puesto las botas subrayando su visión de la doctrina de la “territorialidad” que se encuentra en la base de las tesis de la Gran Croacia y la Gran Serbia, respectivamente. Encerrados en sus visiones “territorialistas” y en sus grandes mapas, ni Milosevic quería aceptar la autodeterminación del PUEBLO CROATA de la República de Croacia ni Tudjman la del PUEBLO SERBIO de Krajina. Un poco de diálogo sobre la base del principio de autodeterminación del pueblo hubiera evitado muchos sufrimientos. Por el contrario, esta dinámica se transmitió a Sarajevo y a Kosovo, donde las visiones territorialistas de estos dos descerebrados se juntaron con las propias de Izetvegovic y el ELK. Todas estas visiones se resumen con: todo “el territorio” para mí, y que no toquen lo que yo considero mío ya sea por motivos históricos o demográficos, es decir que territorialidad por encima de la autodeterminación del pueblo, y al que no le guste mi mapa que se vaya por las buenas o a leches. ------------------ Por eso creo que la gran bomba de relojería del problema vasco es que la doctrina de la “territorialidad” sigue estando en el centro del debate. Ya es hora de optar entre el modelo de los esfuerzos de solución que prescinden de esa doctrina (Irlanda del Norte, Palestina), o el modelo de las dinámicas expansionistas y visionarias que, sobre la base de la “territorialidad”, pueden fácilmente llevar al enfrentamiento. Por supuesto, a la hora de elegir hay que tener también en cuenta que la integración europea se funda el la renuncia a toda doctrina “territorialista” por parte de los Estados miembros. No cabe imaginar que la CDU ponga en sus mapas Alsacia-Lorena, Pomerania, los Sudetes, Prusia Oriental, o que Forza Italia ponga Niza o Córcega, o los austriacos el Tirol del Sur (quizás lo hace Haider), u Holanda Flandes, o Francia Valonia y Bruselas… Se entiende que todos estos problemas deben solucionarse de otra manera que por cambios territoriales (Carta de Helsinki). Esta exigencia es también esencial para cualquier país candidato. Si esto ya deja poco margen a cualquier aplicación racional y pacífica del principio de autodeterminación (lo que quizás es excesivo), deja desde luego totalmente fuera de juego cualquier veleidad “territorialista” fundada sobre mapas que se puestran totalmente irrealistas a la luz de la opinión popular expresada en elecciones democráticas. --------------- Por otra parte, cabe preguntarse si, en la mente de los ideólogos nacionalistas vascos, un objetivo implícito de la doctrina de la “territorialidad” es vincular territorios como Navarra y el PV francés a la posible decisión “soberanista” de las tres provincias de Euskadi (alias Lakua). Es decir, violar una vez más el principio de autodeterminación del pueblo, poniendo territorialidad por delante de la voluntad popular en aquellos territorios. Efectivamente, si los nacionalistas vascos creyeran realmente en la autodeterminación, por lo pronto tomarían nota de la voluntad del pueblo en Navarra y el PV francés y dejarían de ponerlos en sus mapas y programas, aceptando sencillamente que muchos pueblos europeos tienen minorías en regiones adyacentes, y desarrollan políticas de apoyo cultural e intercambio con las mismas en vez de planear su anexión en mapas decimonónicos. Al mismo tiempo, pactar hoy por hoy con una banda de criminales como ETA fundando el acuerdo en la doctrina de la “territorialidad” no sólo es totalmente anti-democrático (porque ignora la voluntad real del pueblo), sino irresponsable, ya que significa un riesgo grave de fomentar la exportación del “problema” a lugares como Navarra o el PV francés donde los nacionalistas vascos no tienen representatividad (pan para hoy en el país Vasco y hambre para mañana fuera de él…), por lo que no pueden ser la “solución” a ningún “problema”, sino tan sólo la causa del mismo. En conclusión: NO al lema “Euskal Herria tiene la decisión”, siempre que se funde en una visión territorialista y claramente anti-democrática. Los nacionalistas de buena fe que no quieren imponer nada a nadie ni enmendar la plana a los demás, sino sólo que les dejen en paz, deben darse cuenta que este lema es un engaño para arrastrar en contra de su voluntad a miles de personas que viven en comarcas con poca implantación nacionalista, y para aumentar el ámbito geográfico del problema. SI a la auténtica democracia: “EL PUEBLO tiene la decisión”. NO a la nefasta doctrina de la territorialidad. Que cada uno haga lo que quiera y respete la voluntad del otro. La voluntad del pueblo en Navarra y el Pais Vasco francés también cuenta y está muy clara, y los nacionalistas vascos se empeñan en amordazarla con sus mapas y sus tesis territorialistas. -------------------------------------------------- |
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#2
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y lo de los autobuses y ETA no hace más que refrendar que a ETA le importa un pimiento el pueblo vasco. Solo le importa el poder que le da ser unos iluminados con una legión de seguidores que los vitorean. ¿Por que siguen con la violencia y no quieren dialogo ni confrontación de ideas? Porque no las tienen. Cuando se sabe asesinar no se sabe mucho más. Cuando no se respeta la vida del projimo no se respeta nada. ETA no entrará nunca en política porque no valen. No tienen ideas, ni mucho menos exponerlas y mucho menos convencer a alguien con dos dedos de frente de que reflexione sobre ellas. ¿Por que se puede ser tan tajante?
Muy facil, porque me encantaria estar equivocado. Que entren en el mundo de las ideas si se atreven. Hay que ser mucho más valiente que para llevar una bomba en el coche. Hay que reflexionar, exponerse a darse cuenta de que se esta equivocado, darse cuenta de que no se tiene el mandato divino de imponer la verdad a los demas, sino que la verdad se busca entre todos, porque a todos atañe. Y eso si que les aterra. Saludos > El monstruo de la "territorialidad" > > En mi opinión, en este debate no se menciona suficientemente el problema creado por esa vaca sagrada de la "territorialidad", que es generalmente incompatible con el principio de autodeterminación del pueblo, y que encierra por ello el mayor riesgo de enfrentamiento grave (además de peligro de enquistamiento a largo plazo, al permitir una extensión geográfica del problema). > > Todos los movimientos políticos nacionalistas (ya sean secesionistas o estatales) trazan una línea que define los limites territoriales “legítimos” de lo que se percibe como el hábitat de la "nación". En ocasiones las fronteras no plantean problemas graves, y el territorio exigido se corresponde con una población nacional más menos homogénea (Noruega, Finlandia, Eslovenia, Chequia, aunque todos ellos con matices). > > Sin embargo, la propia naturaleza de la ideología nacionalista, que se funda en una concepción muy voluntarista y amplia de lo que es o debería ser la "nación", hace que se tienda en general a tener también una visión expansiva de los confines del territorio deseado o considerado como “legítimo” para tal nación. El término utilizado por los nacionalistas vascos en este contexto es la doctrina de la “territorialidad”, aunque otros nacionalistas han utilizado otros nombres antes. > > Por una parte, la doctrina "territorialista" expansiva de la mayor parte de los nacionalismos suele alcanzar a algunos territorios con ciertos vínculos históricos o geográficos, e incluso con una cierta representación minoritaria de la nación en cuestión, pero donde esa nación (ya?) no es mayoritaria por los motivos que sean. > Algunos ejemplos de reivindicaciones territorialistas por motivos “histórico-geográficos”: Krajina "sólo croata", Bosnia “sólo musulmana”, Kosovo "sólo serbio", Nagorno Karabaj "armenio", Ulster “sólo irlandés”, Bruselas "sólo flamenca”, Gibraltar “español”, Ceuta “marroquí”, Malvinas “argentinas”; otros ejemplos históricos: Alsacia-Lorena "alemana", Pomerania-Dantzig "alemana", Schleswig-Holstein "alemán", Podolia "sólo polaca", Sudetes y Rutenia subcarpática "sólo checoslovacos" (en 1937), Transilvania "sólo hungara", Silesia "sólo polaca", Malmedy "belga , Niza "italiana". > > Por otra parte, aparte de la base histórica, el segundo fundamento de la doctrina “territorialista" es la existencia de poblamiento de la supuesta "nación" fuera de la frontera histórica (irredentismo). > Algunos ejemplos de reivindicaciones territorialistas por motivos demográficos o fácticos: Krajina "sólo serbia", Bosnia Sprska "sólo serbia", Bosnia y sobre todo Hercegovina "sólo croata", Kosovo "sólo albanés", Ulster "sólo británico”, Bruselas "sólo francófona”, Gibraltar y Malvinas “británicos”; otros ejemplos históricos: Transilvania "sólo rumana", Podolia "sólo rusa" o “bielorusa”, Rutenia subcarpática "ucraniana", Malmedy "alemán", Niza "francesa". > > Al ver las dos listas de ejemplos, el problema queda claro: la mayoría de los territorios reclamados por movimientos nacionalistas contienen en realidad mezclas de poblaciones, y a menudo un mismo territorio es exigido simultáneamente por dos nacionalismos antagónicos sobre la base de la misma doctrina de la "territorialidad", aunque interpretada diferentemente. En algunos casos un lado funda su visión “territorialista” en motivos históricos y el otro lado en motivos demográficos (o amalgamas de ambos criterios en ambos lados). > > Curiosamente, aunque los movimientos nacionalistas dicen fundarse en el principio de autodeterminación, ningún movimiento nacionalista reconoce la incoherencia flagrante entre las dos bases del principio de “territorialidad”, es decir el principio histórico y el principio demográfico-fáctico (quizás porque cualquier nacionalismo que se precie tiene que intentar abarcar todo lo que se pueda). En general, la aplicación rigurosa del principio de la autodeterminación de los pueblos, que se funda en la opinión real de la gente, les trae al fresco a los ideólogos nacionalistas a la hora de trazar mapas: lo de la “territorialidad” es mucho más práctico para dibujar mapas más grandes, aunque sean la antesala de la guerra. > > Lo grave del asunto es que, en la mayor parte de los casos, estas exigencias fundadas en el principio de la “territorialidad” se han exacerbado hasta llegar realmente a la guerra. De hecho, la mayor parte de las guerras europeas desde mediados del siglo XIX, y especialmente las que han seguido a la guerra fría, se deben a ideologías nacionalistas y, más precisamente, a una aplicación de la doctrina “territorialista”, combinada con una interpretación muy parcial del principio de autodeterminación de los pueblos, de manera a maximizar el territorio deseado como “hábitat nacional”. Recordemos unas cuantas aplicaciones de la doctrina “territorialista” a cañonazos: guerra franco-prusiana 1870, guerras balcánicas 1912-1913, Primera Guerra Mundial (que empieza en Sarajevo), Segunda Guerra Mundial (idem en Dantzig), conflictos recientes en ex-Yugoslavia y en el Cáucaso. Algunos consiguen su mapita, otros no, y olaeadas de refugiados deben adaptarse a la visión territorialista del vencedor. De hecho, la limpieza étnica es el triunfo de la doctrina “territorialista” sobre el principio de autodeterminación bien entendido, donde nadie debería moverse de su casa. > > Al mismo tiempo, el principio de autodeterminación sólo ha creado revisiones de fronteras viables cuando su aplicación estricta (la voluntad del pueblo, sin prejuicios históricos) ha triunfado finalmente sobre la doctrina de la “territorialidad”, gracias a plebiscitos o arbitrajes en comarcas conflictivas (Burgenland, Schleswig-Hostein, Silesia Oriental, Teschen, etc). > > Más aún, el camino de la reconciliación para finalizar conflictos de corte nacionalista sólo es posible si se renuncia explícitamente a la doctrina de la “territorialidad”. > > Así, una clave del principio de paz palestino-israelí (aunque aun le queda un buen trecho) es la supresión de la cláusula de la Carta Palestina que exigía la destrucción de Israel. Es decir, la renuncia explícita al principio "fundacional" de territorialidad de la OLP ("Palestina del río -Jordán- al mar" . > > En cuanto al proceso de paz de Irlanda del Norte, una clave del acuerdo es el abandono de la doctrina de “territorialidad” por parte de los británicos pero sobre todo por parte de la República de Irlanda, que ha modificado incluso su constitución para renunciar al principio “territorialista” de la unidad de la isla (y eso sí que era fundacional y esencial en un nacionalismo insular). > > En otros términos, en el caso del Ulster ambas partes aceptan: > - renunciar expresamente al principio de “territorialidad”, reconociendo que ni la unidad de las isla de Irlanda ni la del Reino Unido son sacrosantas; > - la legitimidad del principio de auto-determinación del pueblo del Ulster, independientemente del resto del Reino unido pero también del resto de Irlanda > En resumen: auto-determinación del PUEBLO sin corolario “territorialista”. > > La renuncia a la “territorialidad” es un factor de conciliación en Irlanda del Norte que sigue siendo conscientemente ignorado por los partidos nacionalistas vascos. Así, el Pacto de Lizarra incluye una parte inicial sobre los “FACTORES PROPICIADORES DEL ACUERDO DE PAZ EN IRLANDA (DEL NORTE) » (paréntesis puestas por los firmantes de Lizarra, cuando el acuerdo de Stormont se funda en suprimir esas paréntesis); entre esos factores, el texto de Lizarra hace alusión, de manera increíble, a un supuesto «reconocimiento del derecho de autodeterminación al conjunto de los ciudadanos de IRLANDA » (punto 6). > > Esto es totalmente incorrecto, y de hecho una manipulación: la base del acuerdo es la autodeterminación de Irlanda DEL NORTE, sin paréntesis. Para resolver el problema, es decir que el territorio de Irlanda del Norte está vinculado por una parte al resto de Irlanda y está poblado por otra parte por una mayoría unionista, el acuerdo de paz reconoce precisamente la autodeterminación del Ulster INCLUSO frente a Irlanda, cuya población optó en el pasado por separarse del Reino Unido, pero cuya decisión no tiene por qué vincular al Ulster. Reconoce por lo tanto el derecho final del PUEBLO a tomar la decisión, prescindiendo de los objetivos inicialmente territorialistas del movimiento nacionalista irlandés que abarcaba el conjunto de Irlanda. Haciendo una comparación quizás demasiado rápida pero necesaria, es como si reconociese el derecho a la autodeterminación de Navarra, el País Vasco francés, Alava o Bilbao, y eliminase totalmente del debate la doctrina de la “territorialidad”. > > A modo de contrapunto, otros se aferran al principio de “territorialidad”. Por ejemplo, Tudjman y Milosevic se han puesto las botas subrayando su visión de la doctrina de la “territorialidad” que se encuentra en la base de las tesis de la Gran Croacia y la Gran Serbia, respectivamente. Encerrados en sus visiones “territorialistas” y en sus grandes mapas, ni Milosevic quería aceptar la autodeterminación del PUEBLO CROATA de la República de Croacia ni Tudjman la del PUEBLO SERBIO de Krajina. Un poco de diálogo sobre la base del principio de autodeterminación del pueblo hubiera evitado muchos sufrimientos. Por el contrario, esta dinámica se transmitió a Sarajevo y a Kosovo, donde las visiones territorialistas de estos dos descerebrados se juntaron con las propias de Izetvegovic y el ELK. Todas estas visiones se resumen con: todo “el territorio” para mí, y que no toquen lo que yo considero mío ya sea por motivos históricos o demográficos, es decir que territorialidad por encima de la autodeterminación del pueblo, y al que no le guste mi mapa que se vaya por las buenas o a leches. > > ------------------ > > Por eso creo que la gran bomba de relojería del problema vasco es que la doctrina de la “territorialidad” sigue estando en el centro del debate. Ya es hora de optar entre el modelo de los esfuerzos de solución que prescinden de esa doctrina (Irlanda del Norte, Palestina), o el modelo de las dinámicas expansionistas y visionarias que, sobre la base de la “territorialidad”, pueden fácilmente llevar al enfrentamiento. > > Por supuesto, a la hora de elegir hay que tener también en cuenta que la integración europea se funda el la renuncia a toda doctrina “territorialista” por parte de los Estados miembros. No cabe imaginar que la CDU ponga en sus mapas Alsacia-Lorena, Pomerania, los Sudetes, Prusia Oriental, o que Forza Italia ponga Niza o Córcega, o los austriacos el Tirol del Sur (quizás lo hace Haider), u Holanda Flandes, o Francia Valonia y Bruselas… Se entiende que todos estos problemas deben solucionarse de otra manera que por cambios territoriales (Carta de Helsinki). Esta exigencia es también esencial para cualquier país candidato. Si esto ya deja poco margen a cualquier aplicación racional y pacífica del principio de autodeterminación (lo que quizás es excesivo), deja desde luego totalmente fuera de juego cualquier veleidad “territorialista” fundada sobre mapas que se puestran totalmente irrealistas a la luz de la opinión popular expresada en elecciones democráticas. > > --------------- > > Por otra parte, cabe preguntarse si, en la mente de los ideólogos nacionalistas vascos, un objetivo implícito de la doctrina de la “territorialidad” es vincular territorios como Navarra y el PV francés a la posible decisión “soberanista” de las tres provincias de Euskadi (alias Lakua). Es decir, violar una vez más el principio de autodeterminación del pueblo, poniendo territorialidad por delante de la voluntad popular en aquellos territorios. > > Efectivamente, si los nacionalistas vascos creyeran realmente en la autodeterminación, por lo pronto tomarían nota de la voluntad del pueblo en Navarra y el PV francés y dejarían de ponerlos en sus mapas y programas, aceptando sencillamente que muchos pueblos europeos tienen minorías en regiones adyacentes, y desarrollan políticas de apoyo cultural e intercambio con las mismas en vez de planear su anexión en mapas decimonónicos. > > Al mismo tiempo, pactar hoy por hoy con una banda de criminales como ETA fundando el acuerdo en la doctrina de la “territorialidad” no sólo es totalmente anti-democrático (porque ignora la voluntad real del pueblo), sino irresponsable, ya que significa un riesgo grave de fomentar la exportación del “problema” a lugares como Navarra o el PV francés donde los nacionalistas vascos no tienen representatividad (pan para hoy en el país Vasco y hambre para mañana fuera de él…), por lo que no pueden ser la “solución” a ningún “problema”, sino tan sólo la causa del mismo. > > En conclusión: > > NO al lema “Euskal Herria tiene la decisión”, siempre que se funde en una visión territorialista y claramente anti-democrática. Los nacionalistas de buena fe que no quieren imponer nada a nadie ni enmendar la plana a los demás, sino sólo que les dejen en paz, deben darse cuenta que este lema es un engaño para arrastrar en contra de su voluntad a miles de personas que viven en comarcas con poca implantación nacionalista, y para aumentar el ámbito geográfico del problema. > > SI a la auténtica democracia: “EL PUEBLO tiene la decisión”. NO a la nefasta doctrina de la territorialidad. Que cada uno haga lo que quiera y respete la voluntad del otro. La voluntad del pueblo en Navarra y el Pais Vasco francés también cuenta y está muy clara, y los nacionalistas vascos se empeñan en amordazarla con sus mapas y sus tesis territorialistas. >-------------------------------------------------- -------------------------------------------------- |
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