El concepto tradicional vasco de IGUAL
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Viejo 14/dic/03, 23:11
tellagorri
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Predeterminado El concepto tradicional vasco de IGUAL

La cuestión de Los "millares"

El proceso de formación de la oligarquía vasca no es muy lento. La "confusión" de varios mayorazgos en una misma persona (por enlaces sucesivos) es cosa de dos o tres generaciones.
Este tema lo analiza muy bien el escritor OTAZUA y expongo algunas de sus investigaciones.

De esta forma, la "acumulación primitiva", repartida entre poseedores más o menos numerosos, viene a "confundirse" en unos POCOS.

Ejemplo clásico de esto, podrían ser los quince mayorazgos y los cuatro patronatos del conde de Peñaflorida.

De esta manera la estructura económica de la sociedad vasca en el siglo XVIII corresponde a la de una sociedad dividida en DIEZMEROS (perceptores de diezmos) y consumidores (campesinos).

Lógicamente, con base a esta estructura económica se organizará la superestructura en su instancia jurídico-política (que responderá fielmente a aquélla) y se establecerán los mecanismos de poder que garanticen a la oligarquía el ejercicio de los cargos de gobierno.

Cómo se lleva esto a cabo?, qué medios utilizó la oligarquía, a medida que se va formando, para tomar el poder y conservarlo en sus manos?

De entrada, hay que distinguir dos etapas: Aquella en la que la oligarquía se está formando, y una segunda en la que la oligarquía restringe, en su propio beneficio, el ejercicio del poder.

La primera etapa abarca un periodo que comprende desde comienzos del siglo XVI hasta el año 1850 aproximadamente. Este periodo se caracteriza por una mayor participación popular en los cargos de gobierno.

A pesar de que las Ordenanzas de la Hermandad (de 1463) establecen que los alcaldes de la Provincia deben ser "buenos omes, ricos, e abonados" a comienzos del XVI Azpeitia "tenia tres mil habitantes y a sus concejos abiertos acudían a veces más de trescientos hombres"

Mas, a lo que se ve, ya por entonces la cualidad de concejal marchaba unida a la posesión de cierta riqueza. Las cortapisas legislativas puestas por la Hermandad no hablan más que de esta cierta riqueza.
No obstante, con el triunfo de la Hermandad sobre los parientes mayores, las cortapisas irán en aumento.
La condición de VECINO se vincula a cualidades nobiliarias (la de ser hidalgo) que, pese a la generalidad aparente de estas cualidades deben ser probadas y acreditadas cumplidamente.

Por eso, para empezar, el vecino que quiera ser elegido o ejercer su derecho de elección deberá comenzar por practicar una información acerca de su origen familiar y esta información era muy cara.

Había que tener los ducados suficientes para entablar el proceso, pagar a los escribanos y a los informantes, acreditar cierto porte de vida. Además se exigía ser "abonado", es decir, tener una cierta autoridad sobre los demás, una experiencia, pasar de cierta edad en suma.
Todo esto nos conduce a pensar que lo que se pretendía era que el ejercicio de los cargos de gobierno se vinculara a unas disponibilidades económicas, equivalentes a unos requisitos de riqueza.

Los"millares" constituyen el mecanismo de poder característico de la oligarquía que gobernó el País Vasco hasta mediados del XIX (hasta que tuvo aplicación la Constitución liberal).

El P. Larramendi explicaba así la cuestión de los "millares": "Aunque todos sean nobles, no todos pueden entrar en los cargos honoríficos de la repüblica; para eso, además, son menester los "millares" que liarán, esto es, tanta hacienda, que haya de seguridad a la república para sanearse de los daños que puede causarle un mal cargohabiente".
El capital (en bienes inmuebles además) o de una cierta renta era preciso para ser elegido o poder elegir cargos
Estas palabras son del propio Larramendi.

Volviendo a Azpeitia, veamos cómo se expresa la cuestión de los "millares" en las Ordenanzas municipales, reformadas, según Gurruchaga- en 1705. Allí se agregó "que los electos para Alcalde y Fiel 'sean entre todos los vecinos más ricos abonados de la primera representación y autoridad' y que 'los Regidores sean hombres principales, buenos cristianos, ricos y de experiencia"

En las Ordenanzas de Rentería, de 1606 (época en que la oligarquía se está formando), "se establecía que "1os alcaldes, jurados mayores, mayordomo y sindico poseyesen cada uno de ellos cien mil maravedis en bienes raíces"

He aquí expresada claramente la cantidad de riqueza necesaria. Lo que se advierte claramente también es el proceso seguido, a lo largo de los años, por estas limitaciones que las oligarquías locales iban imponiendo, a medida que se iban organizando ellas mismas.

Según Gurruchaga, en la Azpeitia de fines del siglo XV (cuando la oligarquía aún no estaba organizada) de 3.000 vecinos que tenia la villa, eran concejantes, 300 (un 10 %).
En el siglo XVIII, con una población de cerca de 5.000 había únicamente de cuarenta a cincuenta "millaristas" algo menos del 1 %.

En Elgoibar para ser elector y elegible se requerían 500 ducados . En Tolosa "Se operaba una distinción entre los electores de cabeza entera (6.000 mrvs. de bienes raíces en el término jurisdiccional de la villa) y los de media cabeza (3.000 mrvs. si bien eran solo e1ectores, pero no elegibles)"

En el caso de Oñate, las Ordenanzas de 1762 disponían que para ser electo eran necesarios "500 ducados de vellón en bienes raíces en el distrito y jurisdicción de esta villa, libres de todo censo, deuda y gravamen, y qua no estén en concurso, ni privados de su goce y administración"

Como se ve, la aplicacion del CONCEPTO DE IGUALDAD POR HIDALGUIA es pura fantasia jamas puesta en practica.
Como en todas partes, solo los hacendados en inmuebles o heredades en tierras disponian de VOTO y de capacidad para ser elegidos gobernantes municipales o provinciales.
Y esto sucede hasta casi el siglo XX, desde los tiempos de los primeros reinos post=visigodos.

Úlima edición por tellagorri fecha: 21/dic/05 a las 23:11.
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Viejo 17/dic/03, 00:12
tellagorri
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Predeterminado Los Ilustrados Vascos : pragmáticos rentistas

En el País Vasco, aun cuando aún no se haya cuantificado, es indudable que un aumento de la renta de la tierra tuvo lugar por estos mismos años 1700 y que este aumento, como en otras partes, favoreció especialmente a la clase de los propietarios.
Esta clase, favorecida con el aumento de sus ingresos, pensará en cómo incrementarlos y de aquí se derivará el interés que los PROPIETARIOS vascos demostrarán por los problemas de la agricultura (hay que hacer rendir más al campo) y, que en última instancia, favorecerá el nacimiento de la Sociedad Bascongada.
Además, el aumento de la población rural provocó, a su vez, una mayor demanda de tierras, que originó un incremento de la renta.

Durante el siglo XVIII se observan varios ciclos de auge de la agricultura, y algunos de ellos sumamente beneficiosos para los grandes propietarios y para los perceptores de diezmos, quienes, con frecuencia, poseían también grandes extensiones de tierra.

En dichos ciclos, de ritmo ascendente de los precios de los productos agrícolas y de la renta de la tierra, es natural que los NOBLES y el CLERO y, en general, los grandes propietarios se interesasen por los problemas que afectaban a la fuente de dichos ingresos —la tierra—, comprendiesen que era posible aumentar éstos y pensasen en las formas de lograrlo” .
De este interés por aumentar sus rentas, nació en los propietarios vascos su preocupación por la tierra (por “sus” tierras) y el deseo de que produjesen más.

En Vizcaya, Joseph Domingo de Gortázar “invierte considerables sumas para transformar terrenos incultos en heredades de pan sembrar o dedicar a la plantación de árboles."
Y es, por tanto, lógico que Gortázar figure en 1765 entre los fundadores de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País.
El conde de Peñaflorida, creador y Director de la misma, dirigió a los reunidos en Vergara, “sobre los progresos que puede hacer la Agricultura en el País, con una muy práctica tabla de proyectos.
Peñaflorida pronuncia este discurso en plena escasez, poco antes de la “matxinada” del 66, pero ello no le impide afirmar que, “en pocas [naciones], no obstante, ha subido este Arte —de la agricultura— al punto de perfección que en el País Bascongado como se hecha de ver en el producto de 21 por 1 bastante común en las cosechas del trigo del País y el de treinta y cuarenta no resulta raro”.

La segunda parte de su discurso se titula “Método de labranza que se observa en el Bascuence. Defectos que padece este método: Modos de remediarlos y facilitar los progresos de la Agricultura” y contiene referencias a experimentos de Tuli, Duhamel, Chateurieux, el abate Soumille, Blanchet e incluso el sueco Wesain.
Se ve el interés que el campo ha despertado en quien quiere ver aumentar sus rentas y en esta parte del discurso prosiguen referencias a “aumentar el ganado, aumentando primero los pastos por medio de los prados
Una segunda parte se refiere a la creación de manufacturas (“Para que las ventajas de la Agricultura se hagan conocer es preciso que la acompañe la industria sin cuia interbención se hacen inútiles todos los esfuerzos de ella”) y contiene una verdadera declaración de principios fisiocráticos, muy acorde a los intereses de a quienes se dirigía:

A)La Agricultura es el objeto de la especulación del hombre y el verdadero origen de las riquezas.
B)La agricultura ejercitada a fuerza de brazo y sin el socorro de instrumentos y bestias no puede originar estas riquezas porque los jornales de los trabajadores harán muy costosas las labores.
C) Los instrumentos, las máquinas y la variedad de abonos facilitan las labores, acrecientan la cosecha de los frutos e influyen en la moderación del precio de ellos.
D) Todo lo que sea ahorrar obreros y aumentar máquinas y bestias contribuye a sacar mayores ventajas de la agricultura.
E) La abundancia de los frutos sobrantes, sola, no basta para originar las riquezas, mientras no tengan un precio moderado y haya proporción para su empleo.
F) Una Provincia menos abundante que otra en frutos sobrantes puede ser, sin embargo, mucho más rica si lograra mayor facilidad para su empleo, ya por la moderación del precio, ya por la mayor proporción para ello.
G) La industria y sus efectos son los que sólo pueden facilitar el empleo de los frutos y los trabajos de ella, contribuyen al aumento de las rentas de los bienes raíces, pero como estas mismas rentas son las que han de sostener los trabajos de la industria, no puede ésta subsistir sin los frutos.
H) Los efectos de la industria contribuyen a la populación y al aumento de las riquezas. Los trabajos de la industria que ocupan hombres en perjuicio de la agricultura dañan a la populación y al aumento de las riquezas.

Aquí quedan perfectamente explicadas las ideas del fundador de la Sociedad Bascongada. Se ve cuánto había meditado aquella clase (la de los propietarios rurales) para llegar a las conclusiones de que la agricultura “es verdadero origen de las riquezas”; que los adelantos técnicos abaratan la producción al evitar la mano de obra; que la industria debe estar sometida a la agricultura, etc.

Para el conde y los Amigos está claro que hay que FOMENTAR la agricultura y la industria, para que éstas incrementen la “populación”, con lo que habrá más demanda y las rentas aumentarán al nivel de los precios. Condición “sine qua non” de todo esto es la libertad de precios.
Sabiendo todo esto (hasta qué punto la existencia de las Sociedades Económicas va ligada al aumento de la renta agraria) no es extraño que Anes advierta la falta de esta clase de Sociedades en los centros comerciales: “No existen durante el siglo XVIII Sociedades Económicas en las ciudades donde hay núcleos burgueses activos” .

Así Bilbao, San Sebastián o Eibar permanecen al margen de la Bascongada; lo mismo ocurre con Navarra, donde Tudela tendrá su Real Sociedad Tudelaria de los Deseosos del Bien Público (integrada por los grandes propietarios de la Ribera) y Pamplona, un gran centro comercial desde comienzos del XVII —con una clase muy activa de mercaderes extranjeros quedará al margen totalmente .
No obstante, no se puede decir que esta marginación fuese completa, ni que los intereses de la nobleza y de la burguesía del País no marchasen unidos en muchas cuestiones (los comerciantes de San Sebastián o de Bilbao almacenaban grano en sus
Lonjas).


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Viejo 18/dic/03, 20:08
tellagorri
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Predeterminado ORIGEN DE LOS PREBOSTES VASCOS

En Guipúzcoa los “prebostazgos” de las villas costeras serán patrimonio de familias de mercaderes o de linajes nuevos.
Deva, en la misma ruta de las lanas de Burgos, pertenecerá a fines del siglo XV a los Idiaquez; el “prebostazgo” de San Sebastián corresponderá a los Engomez, familia de mercaderes gascones y el de Fuenterrabía (desde donde se exporto el hierro navarro a Burdeos e Inglaterra) estará en manos de los Benesa, una familia de marinos y mercaderes muy poderosos. Todo esto sirve para caracterizar el advenimiento de una nueva clase.

A comienzos del siglo XVI se produce un gran aumento de población (aun hoy no cuantificado en el País); esto origina un aumento de la demanda y, de paso, provoca un incremento de la renta de la tierra (siempre insuficientes, no obstante, para producir al ritmo de las exigencias de la demanda).
En esta coyuntura el régimen señorial se encuentra con una resistencia del campesinado que aumenta de día en día. Cuando el señor de Loyola funda su mayorazgo en 1535, sus ferrerías no funcionan.
Otros señores menos poderosos se ven abocados a la ruína por los interminables pleitos que curas y con-unidos les plantean una y otra vez en punto a los natos eclesiásticos, a la percepción de diezmos en le, etc.
Los tribunales eclesiásticos son los mejores defensores de curas y concejos contra los perceptores de diezmos. Estos temen, cada vez más, verse envueltos en esta clase de procesos porque los tribunales de la Iglesia dan raz6n casi siempre a los curas.

Tal es el aspecto que presentan los patrimonios de los parientes mayores a mediados del siglo XVI, en un momento en que la población crece y la demanda con ella (al aumentar el número de consumidores).
Esta circunstancia —al aproximarse la contracción de fines del siglo—, hizo que los “parientes mayores” sobrevivieran a duras penas. Su poder social se resintió y su potencia económica se salvó a duras penas, fundando mayorazgos y vinculando su riqueza.
No obstante hay que hacer salvedades. El hermano de San Ignacio que fundó el mayorazgo de Loyola había comprado varios caseríos y tierras, en la misma Azpeitia, y en Urrestilla y Beizama .

Es indudable que los beneficios que produjo la tierra en esos años (no cuantificados todavía) al crecer la demanda y dispararse los precios (de los que tampoco hay series aún) permitieron un ahorro que tendió —esto se ve claro en el ejemplo de Loyola— a invertirse en tierras y casas de labranza.
Pero esta inversión apenas tuvo lugar entre el círculo de los “parientes mayores” que, como otros acumuladores, se contentaron en su mayoría en vincular sus bienes; la inversión más acusada, se produjo, poco a poco, entre quienes habían formado un capital fuera del País; Contadores de hacienda, secretarios, administradores de rentas, indianos y mercaderes.

La explosión demográfica de comienzos del XVI provocó la salida del País de los excedentes de población.
Castilla y las Indias se vieron inundadas de “criados vizcaínos” que la literatura de la época —la época de Lope y de Cervantes— se encargó de ridiculizar.
Pero, junto a quienes llevaron una vida oscura, de criados o de subalternos, otros hicieron fortuna. Algunos como contadores de Hacienda en la Corte, como en el caso de Laza.
Este fue el caso de Don Domingo de Zavala, de Viça, que se halló en la batalla de Lepanto, donde más tarde obtuvo un importante cargo en la administración
de ENMIENDAS de indios en el Nuevo Mundo —a pesar de la legislación humanitaria del Consejo de Indias .

La vuelta a las servidumbres más duras del Medioevo europeo, trasplantadas ahora a AMÉRICA provocó el exterminio masivo de la mano de obra indígena, consumida por la superexplotación a que se veía sometida por parte de los encomenderos.

Uno de estos —lo tomamos aquí como prototipo— fue un sobrino de San Ignacio, llamado Martin García de Loyola.
Loyola llegó al Perú poco después de la conquista. Entonces “con mucho travajo y riesgo de su persona prendió a Tupa Amaro Inga y sus capitanes que andavan revelados contra el servicio de su Mgt., inquietando el Pirú, y se hiço justicia dellos .

Otro guipuzcoano que en Indias amasó una fortuna muy considerable fue Don Francisco de Urdinola, que siguió una “carrera” muy semejante a la de Loyola.
Urdinola era natural del valle de Oyarzun y cuando llegó a México (entonces virreinato de la Nueva España) sirvió en la milicia en una época en que se llevó a cabo la expansión española por la Nueva Vizcaya.
Urdinola se apoderó a lo largc de estas expediciones de las principales minas de plata de la región y en su calidad de teniente de capitán general se instaló en la hacienda de Santa Elena, en Nueva Galicia.
Como otros indianos, Urdinola por 1616 apoderó a su paisano el vicario de Oyarzun —don Sebastián de Zuaznabar, comisario del Santo Oficio de la Inquisición— para que le comprase la torre que él consideraba como origen de su familia.
Así fue cómo compró la casa de Urdinolarena, con sus manzanales y huerto; la casería de Gabiria y las tierras de Laransadi y Elizquibel, por un precio total de- 20.244 reales.

En 1586 pasó como correjidor y justicia mayor a Huancavelica, donde estaban las minas de plata más importantes de América del Sur . Entretanto se había casado con la hija de un Inca y poco después reclamaba al fiscal de Lima los 563 indios del valle de Yucay que correspondían en herencia a su mujer.
Don Martin García de Loyola podrá parecer un “esperpento” pero más bien es un “prototipo”, pues incluso, en los últimos años de su vida regresó al País y fundó mayorazgo. Como él muchos otros pasaron a Indias, formaron su fortuna sobre el sudor de los indios y regresaron al País a invertir lo amasado en México o en el Perú.

Es indudable que, cuando muchos de estos emigrantes vuelven la coyuntura favorable que hacía desear la tierra como meta de la inversión, ha pasado ya.
La mayoría de los emigrantes enriquecidos regresan al País cuando se cierne sobre él la gran depresión del XVII; no obstante dirigen sus preferencias hacia la tierra y hacia los censos —que serán otra fórmula de llegar hacia la tierra, pues censos y ventas “en carta de gracia” son las fórmulas predilectas de prestamistas y usureros que encubren sus operaciones usurarias.

Aún no se ha investigado acerca de cómo se llevó a cabo esta especie de “acumulación primitiva” en el País. Se sabe —esto resulta evidente— que los capitales que se invirtieron procedían, en su mayor parte, de fuera (especialmente de Indias).

Lope de Isasti es el tratadista que responde, ideológicamente, a este primitivo proceso de acumulación. Su obra está cuajada de referencias a GENERALES, MARINOS, SECRETARIOS y OBISPOS guipuzcoanos que, poco antes o por entonces, habían fundado mayorazgos y vinculaciones sobre las riquezas adquiridas fuera del País e invertidas en él.
Isasti y Baltasar de Echave —a fines del XVII— son ambos los glorificadores de una clase de gentes cuya mentalidad encarnan en sus obras.
Se trata de ensalzar los “méritos propios” por encima de toda otra categoría, las virtudes personales que el ejercicio de un cargo o de un empleo brillante parecen llevar consigo.
Pero las jerarquías superiores se admiten plenamente; el objetivo será integrarse en ellas y para ello, nada mejor que, partiendo del mérito y de la fortuna recién creada, referirse a un pasado “integrador” en un País formado en lo antiguo por una gran familia.

El “igualitarismo” corresponde entonces —en este período del XVII— a la ideología de la nueva clase dominante que acaba de apoderarse de la tierra (esto implica, dentro del Antiguo Régimen, un proceso de aristocratización), que intenta hacerse con los poderes locales (los “millares”) y que desea integrarse en los linajes viejos, herederos de una mentalidad y una estructura económica, que ellos acaban de adoptar.

En medio de este proceso hay que situar los sucesos de Bilbao de 1631, si se excluye el problema foral.

El INQUILINO de un caserío cualquiera del mayorazgo de Loyola comenzaba por pagar las décimas al patrono de la iglesia (que era el mismo señor de Loyola) y una cantidad fija en especie que gravaba su producción; después, además, debía trabajar para el señor, haciéndole carbón, vigilándole sus viveros, plantándole árboles o llevándole la ‘mitad de las manzanas del año a la plaza que aquél o su administrador le señalaren.

Estas eran las cargas señoriales a “grosso modo”, pues aún no se han medido.
Ahora bien: ¿En qué medida estas cargas gravaban la producción total del caserío?, ¿en qué porcentaje incidían sobre la renta del inquilino?
Como señala Albert Soboul, estas cargas “dan cuenta en una amplia medida, de la actitud de las masas campesinas al final del Antiguo Régimen y durante la Revolución”. Soboul habla para la Francia del XVIII, pero su conclusión es igualmente válida para el País si pensamos en las actitudes de los campesinos durante nuestros períodos revolucionarios (las “matxinadas” de 1718 y 1766). Pero no sólo hay que referirse a las cargas que gravitaban sobre el campesino.


A lo largo del siglo XVIII, las “crisis de subsistencia” —características de una economía de Antiguo Régimen— se sucedieron ininterrumpidamente.

Relacionadas con el ganado vacuno las hubo, según sabemos ya, en 1695, 1702, 1709, 1712, 1714, 1740, 1741, 1742, 1752 y 1755 —esta última la más grave—, es decir, diez períodos de escasez en algo menos de sesenta años.
Es muy posible que los períodos de escasez de grano fueran tanto o más numerosos que los de la carne (faltan datos exactos que no he podido reunir), pero, en todo caso, hay que pensar en una mayor virulencia de estos períodos, trágicos para el campesino, a partir de la segunda mitad del siglo (cuando el número de consumidores ha aumentado en virtud de la explosión demográfica de la primera mitad).

Es así como en 1766 se produce una segunda “matxinada” sobre la que no vamos a insistir aquí; únicamente vamos a hacer hincapié —como lo hicimos antes— en aquellas condiciones” que, perteneciendo a la estructura económica del sistema, inciden también sobre la coyuntura.
Resulta innegable que las “cargas señoriales”, tanto directas (percepción de diezmos y rentas) como indirectas (privilegios fiscales) contribuyen a crear un clima de descontento que, en un período de crisis, con el odio atizado por la escasez y la miseria, servirá para dirigir la fuerza de la rebelión contra los beneficiarios de tales rentas y privilegios.
También resulta innegable que, estos arrebatos pasionales de los campesinos no propietarios, estos odios de clase, se verán más o menos amortiguados según el peso de las cargas señoriales que cada uno deba soportar individualmente.

En resumen: que la VIOLENCIA de la revuelta, al margen del incentivo, la miseria del momento, dependerá en gran medida de la manera en que diezmos y rentas (cargas señoriales) incidan sobre la renta del propio campesino, es decir, según el margen de beneficio que le quede después de haber satisfecho los derechos y haber pagado la renta al propietario.
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Viejo 23/ene/04, 23:11
besset
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Predeterminado Ciudades medievales en Europa

Las ciudades, que habían constituido la gran novedad en la época de la plenitud medieval, es decir, en el periodo comprendido entre los siglos XI y XIII, continuaron su desarrollo en las dos últimas centurias de la Edad Media.

En contraste con lo que aconteció en el medio rural, en donde se multiplicaron los despoblados, en el ámbito urbano continuó el proceso expansivo que venia de siglos anteriores, si bien el mismo se desarrolló a un ritmo mucho más suave.

Ciertamente, el auge de los núcleos urbanos del periodo 1000-1300 era prácticamente inalcanzable. Pero hay que tener en cuenta que aquél casi partía de cero, lo que explica que se hable sin más de renacimiento de la vida urbana pare referirse al proceso que conoció Europa después del año 1000.

Por de pronto encontramos en la época que nos ocupa la creación de nuevas ciudades, aun admitiendo que esta práctica no fue muy frecuente. En ocasiones se trataba simplemente del paso de una antigua aglomeración de carácter rural a otra de indudable porte urbano, en función de factores específicos.

Así sucedió, por ejemplo, con la localidad alemana de Buxtehude, próxima a HAMBURGO, que prosperó debido a su excepcional localización, pues se encontraba en la ruta mercantil que unía dos gigantes de la economía europea bajomedieval, BRUJAS y LÜBECK.
En otros casos se fundaban nuevos núcleos urbanos por razones de índole militar, como aconteció en la región francesa de Gascuña, en función de la guerra sostenida contra los ingleses. Pero también pudo ser el punto de partida de la fundación de nuevas villas, simplemente la puesta en práctica de una reordenación del poblamiento.

Es lo que ocurrió en las tierras hispanas del PAIS VASCO, testigo en el siglo XIV de la fundación de diversas villas, entre ellas la de Bilbao, creada en el año 1300 por iniciativa del señor de Vizcaya.

De todos modos fueron muy pocas las nuevas ciudades que surgieron en el final de la Edad Media. Más significativo fue, por el contrario, el desarrollo urbano de las viejas ciudades. El mejor testimonio de ese crecimiento lo constituye, sin duda, el hecho de que, en pleno siglo XIV, es decir, en una época de crisis, se erigieran nuevas murallas en numerosas ciudades europeas, tanto de Francia, como de Italia o del Imperio germánico.

Mencionemos algunos de los casos más destacados: Hamburgo y Orleans, en 1300; Ratisbona, en 1320; Metz, en 1324; París, en 1360; Augsburgo, en 1380. También data del siglo XIV la tercera muralla que se levantó en Florencia.

Asimismo, el crecimiento urbano en la décimo cuarta centuria está atestiguado en ciudades como Colonia, Génova o Milán. El núcleo urbano de París, por descender a un caso concreto, había pasado de unas 275 hectáreas, con las que contaba al finalizar el siglo XII, a las casi 450 que tenía en la segunda mitad de la decimocuarta centuria, en tiempos del rey Carlos V, monarca que ordenó construir una nueva cerca.
Es cierto que a veces se levantaba una muralla pensando en una posible expansión futura, que a lo mejor no llegaba, caso de la ciudad de Gante a fines del siglo XIV.

Pero esto era excepcional. Lo habitual era que la construcción de nuevas cercas fuera la consecuencia de una expansión del tejido urbano, cuando no el puro y simple deseo de amparar, física y jurídicamente, a los arrabales que habían crecido fuera del antiguo muro.

El desarrollo urbano de los siglos XIV y XV está estrechamente ligado con el crecimiento de la población de las ciudades. Sin duda las pestes causaron graves daños en los núcleos urbanos. Pero ello no impidió que las ciudades fueran, por lo general, lugares de acogida de gentes del campo, que, tras huir despavoridas de los terrores de la época, pensaban encontrar un refugio, físico y sobre todo psicológico, detrás de los muros urbanos.
Por lo demás, la crisis que afectó al medio rural en el siglo XIV alentó la emigración desde el campo hacia la ciudad. Numerosos labriegos abandonaban el terruño, pues estaban convencidos de que iban a encontrar mejores oportunidades de trabajo en las urbes.

Un dato suficientemente revelador, a este respecto, nos lo proporciona Génova: el 90 por 100 de todos los que trabajaban en dicha ciudad en la industria de la seda, a finales de la decimocuarta centuria, eran originarios de los campos colindantes. Pero los ejemplos podrían multiplicarse por doquier.
A. Rucquoi ha demostrado cómo VALLADOLID fue, en el transcurso de los siglos XIV y XV, un centro de acogida de emigrantes que procedían, en su mayor parte, de las zonas rurales del entorno.

Claro que, junto a los movimientos migratorios masivos, por supuesto los más frecuentes, hubo también migraciones selectivas. Tales fueron los casos de los hombres de negocios genoveses que se asentaron en ciudades de la Andalucía Bética, de los artesanos flamencos que acudieron a Inglaterra para enseñar las sutilezas de su oficio o de los mercaderes de diversos países que establecieron colonias en Brujas.

Quizá la diferencia más sustantiva entre las ciudades y el campo se hallaba en las funciones que aquellas desempeñaban.
La ciudad era, por encima de todo, un centro de localización de las actividades artesanales y del comercio. Núcleos como Brujas o Venecia, Hamburgo o Génova, Lübeck o Florencia, ejemplifican, en su grado máximo, el significado de la ciudad bajomedieval como foco de actividad económica ligada a la transformación de materias primas y al intercambio.

Pero también participaban de esa misma sustancia las modestas villas que funcionaban como centros del comercio regional de su entorno. Ahora bien, un rasgo sobresaliente de las ciudades medievales de fines del Medievo fue la asunción creciente de otras funciones.
En primer lugar nos encontramos con el papel de la ciudad como centro de la vida política y administrativa, fenómeno que corre parejo con la gestación de los Estados modernos.
En ese capitulo cabria incluir, como ejemplos de indudable relieve, a París, Londres, Roma, Nápoles, BARCELONA o VALLADOLID, todos ellos en cierto modo capitales de sus respectivos núcleos político-territoriales, sin olvidar a Aviñón, que durante algo más de un siglo fue la sede del Pontificado.

En otro orden de cosas se situarían los núcleos urbanos que prosperaron gracias a la presencia de una universidad, lo que permitiría hablar, si la expresión no resultara demasiado forzada, de una función intelectual.
Es lo que sucedió, en tierras hispanas, con SALAMANCA, o con OXFORD y CAMBRIDGE en Inglaterra.

Por eso se puede afirmar que la ciudad europea bajomedieval tenía, como rasgo más sobresaliente, la polifuncionalidad. Si fijamos nuestra atención en la estructura social de las ciudades de los siglos XIV y XV observaremos, dentro de la diversidad de situaciones existentes, una tendencia común: la polarización en torno a dos grupos fundamentales, por lo demás ubicados en posiciones no solo alejadas entre si sino incluso antagónicas. J. Heers habló, para referirse a los mencionados grupos, de aristocracia y proletariado.

La aristocracia tenía el poder económico y político, el proletariado simplemente suministraba la fuerza de trabajo. La aristocracia urbana equivalía a lo que en muchos lugares se denominaba patriciado.
Es cierto que también se utiliza con frecuencia en el ámbito historiográfico la expresión oligarquía urbana, pero este término tiene que ver, ante todo, con la forma concreta de ejercer el gobierno.

La expresión proletariado, por otra parte, no nos parece tampoco muy adecuada para referirnos a los siglos XIV y XV. Quizá sea mejor hablar del COMUN, la gente menuda, la plebe o simplemente el pueblo. En cualquier caso la contraposición entre ambos grupos era palmaria.

Por otra parte, en textos castellanos del siglo XV encontramos con frecuencia alusiones a la pugna entre caballeros y pueblo o entre principales y pueblo. Se nos dirá, no obstante, que también hay textos de fines de la Edad Media que señalan, a propósito de las sociedades urbanas, la existencia de una estructura tripartita, integrada por grandes, medianos y pequeños.

Ciertamente, el poder de la aristocracia tenía sus fundamentos en el control de la actividad económica de sus respectivas ciudades.
El patriciado lo integraban, ante todo, grandes hombres de negocios, es decir, gentes dedicadas básicamente al comercio de larga distancia pero también personas relacionadas con el mundo de las finanzas, en particular de la banca. Asimismo podían pertenecer al patriciado los maestros de las principales corporaciones de oficios.

Los Médicis florentinos o el francés Jacques Coeur pueden ponerse como ejemplos paradigmáticos del patriciado europeo bajomedieval. Pero junto al poder económico la aristocracia urbana controlaba también el poder político.
El proceso de monopolización, o si se quiere oligarquizáción, del poder municipal por la aristocracia urbana venía de atrás. En cualquier caso puede decirse que estaba consumado en los albores del siglo XIV.

A través de sistemas de cooptación las grandes familias lograron acaparar el gobierno de sus ciudades. Sin duda hay significativos matices de unos países a otros. En la Corona de Castilla, en donde desempeñaron un papel muy importante los linajes, se produjo una fusión entre la nobleza local, en principio grupo dominante, y los hombres de negocios, habitualmente por la vía de los enlaces matrimoniales, dando lugar a lo que C. Carlé ha denominado, muy expresivamente, caballeros-patricios.

En el otro extremo del abanico social se hallaba el común. Sin duda no era éste un grupo homogéneo, pero, aun admitiendo la estratificación que se observaba en su seno, no dejaba de poseer también algunos rasgos que lo singularizaban. Recordemos los más significativos: en el plano económico, su dependencia de los patricios; en el terreno político, la práctica imposibilidad de la gente menuda de acceder al gobierno municipal.

Por lo demás, también separaban al común de la aristocracia el estilo de vida de unos y otros, la ropa que utilizaban, el tipo de alimentación, los hábitos de comportamiento e incluso el lenguaje que utilizaban.


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Viejo 6/jun/04, 22:10
zaldumbide
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Predeterminado Siglos IX a XIII : LOS GOLIARDOS

El siglo XII fue un siglo en que Europa importaba materias primas y lujos: seda, especies, pieles, fármacos, junto a los que llegaban MANUSCRITOS que aportaban la cultura grecorromana. Obras de Aristóte*les, Euclides, Galeno.

Habían sido llevadas al mundo musulmán por monofisitas y nestorianos (herejes). Tendrán gran acogida en el Islam. Serán traducidos al árabe. En el siglo XII llegarán a occidente.
En este retorno tendrán gran importancia Italia, Sicilia, y la península Ibérica, donde trabajan los traductores (Escuela de Traductores de Toledo).
Son los pioneros del renacimiento intelectual del XII. Se hacían traducciones en equipo al latín. Los europeos serán asesorados por cristianos españoles que conocen el árabe y que han vivido en Al-Andalus (mozárabes), judíos y árabes.

Los traductores aportarán las matemáticas de Euclides, la astronomía de Ptolomeo, la medicina de Hipócrates y Galeno. Con estos autores no nos va a llegar únicamente su obra, sino también el método, el razonamiento.
Asimismo se reciben saberes propiamente musulmanes: aritmética, álgebra, y la medicina de Raschid y Avicena.

Por su conocimiento del árabe, Italia y España llevarán a cabo un primer tratamiento de la materia (traducción), para posteriormen*te ser elaborados en centros como Chartres, París, Laón, Orleans. Es la región del gran comercio y va a convertir a Francia en la primera heredera de la cultura clásica.

De todos los centros destaca París,al haber sido favorecida por los Capeto, que la convirtieron en capital. Profesores y estudiantes se reúnen en las escuelas (Sta Genoveva). Destacan los estudios de teología y filosofía.

PARIS
Para unos es el gran paraíso, para otros la gran Babilonia, es al lucha que existe entre las antiguas órdenes monásticas y las nuevas órdenes urbanas, que acatan esta renovación cultural, mientras que las antiguas Cluny y Císter, pretendían dejar el aspecto cultural y regresar al misticismo de Oriente.

París se consolida como el gran centro cultural donde aparece*rán los GOLIARDOS, un grupo intelectual.
Entre los cultivados existen dos posturas respecto a los goliardos:
- Para uno son bohemios, falsos estudiantes, turbadores del orden y gente peligrosa.
- Para otros rebeldes, revolucionarios que se oponen a la sociedad de la época. Arremeten contra el orden establecido, contra el feudalismo.

No se tienen muchas noticias sobre el origen de su nombre, sólo quedan detalles biográficos, textos de quienes les defendían y quienes les atacaban, poemas individuales y colectivos (Carmina Burana).

Su procedencia es diversa: campo o ciudad, nobles de segunda fila, campesinos, vagabundos, representantes de una época de gran desarro*llo urbano, producto de la movilidad que se produce en esa época.

Intentan escapar de las estructuras preestablecidas, aunque carecían de recursos. Hacen de criados de los estudiantes ricos o viven de la mendicidad. No tenían un maestro concreto. Una vez que se vinculan a un profesor difundían sus enseñanzas. Mucho sueñan con convertirse en miembros de aquellos grupos que están criticando. Buscarán mecenas para llevar una vida mejor. Los temas de sus poesías persiguen el mismo objetivo; son una crítica a la sociedad, antiecle*siástica.

Se mezclan con dos ideas coetáneas:
- Gibelinos. Contrarios al papado y a los güelfos (papistas).
- Corriente moralizadora que reprocha a la Iglesia el gusto que tiene por el dinero y el lujo.
Atacan también al monacato, porque los goliardos tratan de promover una cultura laica, y en aquel momento la cultura estaba monopolizada por los monjes.
Desprecian al campo y al campesino, y al noble, a quien niegan los títulos que poseen.

Sin embargo, y a pesar de su importancia, serán pronto olvidados. Su importancia se encuentra en su visión de futuro, sobre todo en lo que respecta a ideas sobre moral y en su crítica a la Iglesia.
Desaparecerán en el siglo XIII.

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