LOPE DE AGUIRRE: Su carta a Felipe II
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Predeterminado LOPE DE AGUIRRE: Su carta a Felipe II

CARTA A FELIPE II

“Rey Felipe, natural español, hijo de Carlos invencible.
Lope de Aguire, tu mínimo vasallo, cristiano viejo, hijo de medianos padres, en mi prosperidad hijodalgo, natural vascongado, en los reinos de España, vecino de la villa de Oñate.
En mi mocedad pasé el mar océano a las partes del Perú por valer más y por cumplir con la deuda que debe todo hombre de bien. Con la lanza en la mano, en veinti*cuatro años te he hecho muchos servicios en el Perú, con conquistas de indios y en poblar pueblos en tu servicio, especialmente en batallas y reencuentros en que me he bailado por tu real Corona y nombre conforme a mis fuer*zas y posibilidad, sin importunar a tus oficiales por paga ni socorro, como parecerá por tus reales libros.

Bien creo, excelentísimo señor, aunque para mi y para mis compañe*ros nos hayas sido cruel e ingrato, que por tan buenos servicios como has recibido de nosotros me creerás en lo que dijere, aunque también creo que te deben engañar los que te escriben de estas tierras, como estás tan lejos de ellas.

Avísote, rey español, que estos tus Reinos de Indias tienen necesidad que haya toda justicia y rectitud para tan buenos vasallos como en estas tierras tienes, aunque yo, por no poder sufrir más las crueldades que usan tus oido*res, visorrey y gobernadores,

HE SALIDO de hecho con mis compañeros cuyos nombres después diré, DE TU OBEDIENCIA, desnaturarnos de nuestras tierras que es España, para hacerte en estas partes la más cruel guerra que nuestras fuerzas pudieren sustentar y sufrir.
Esto cree, rey y señor, nos ha hecho no poder sufrir los grandes pechos, premios y castigos injustos que nos dan tus ministros, que por re*mediar sus hijos y criados, nos han usurpado y robado nuestra fama, vida y honra, que es lástima oír el mal tra*tamiento que se nos ha hecho.

Y yo, manco de mi pierna derecha, de dos arcabuzazos que me dieron en el valle de Chuquinga con el mariscal Alonso de Alvarado, siguiendo tu voz y apellido contra Francisco Hernández Girón, rebelde a tu servicio como yo y mis compañeros somos y seremos hasta la muerte, por*que ya de hechos hemos alcanzado en estos reinos cuán cruel eres y quebrantador de tu fe y palabras, y tenemos en estas tierras tus perdones por de menos crédito que los libros de Martin Lutero, pues tu virrey marqués de Cañe*te, malo, lujurioso, ambicioso y tirano, ahorcó a Martín de Robles, hombre señalado en tu servicio, y al bravoso To*más Vázquez, conquistador del Perú, y al triste de Alonso Díaz, que trabajó más en el descubrimiento que los pobla*dores de Moisés en el desierto, y a Piedrahita, buen capi*tán, que rompió muchas batallas en tu servicio, y en Pucara ellos te dieron la vida, porque si ellos no se pasaran, hoy fuera Francisco Hernández rey del Perú.

No tengas en mucho el servicio de estos tus oidores que te escribieron haberte hecho, porque es muy gran fábu*la si llaman servicio haberte gastado ochocientos mil pe*sos de tu real caja para sus vicios y maldades.
Castígalos como a malos, que cierto lo son. Mira, mira Rey español, que no seas cruel a tus vasallos ni ingrato, pues estando tu padre y tu en los reinos de Castilla sin ninguna zozo*bra, te han dado tus vasallos, a costa de su sangre y ha*cienda, tantos reinos y señoríos como en estas partes tienes.

Mira, Rey y señor, que no se puede llevar con título de rey justo ningún interés de estas partes donde no aven*turaste nada, sin que primero los que en estas tierras han trabajado y sudado sean gratificados sus servicios.

Por cierto tengo que VAN POCOS REYES AL INFIERNO por*que sois pocos, que si muchos fuérades, ninguno pudiera ir al cielo, porque creo que allí seríades peores que Luzbel, según tenéis ambición, sed y hambre de hartaros de sangre humana.

Mas no me maravillo ni hago caso de vosotros, pues os llamáis siempre menores de edad. Y así, Rey señor, te juro y hago voto solemne a Dios de que yo y mis dos*cientos arcabuceros marañones, conquistadores, hijosdalgo, de no te dejar ministro tuyo, porque ya sé hasta donde llega tu clemencia. El día de hoy nos hallamos los más bienaventurados de los nacidos por estar como estamos en estas partes de las Indias teniendo la fe y mandamientos de Dios enteros, aunque pecadores en la vida, sin corrup*ción, como cristianos, manteniendo lo que predica la santa madre iglesia de Roma, y pretendemos, aunque pecadores, recibir martirio por los mandamientos de Dios.

A la salida que hicimos del Río de las Amazonas, que se llama el Río del Marañón, vine a una isla poblada de cristianos, que tiene por nombre La Margarita, y en ella vi unas relaciones de España que habían venido entonces de la gran cisma que había en ella de luteranos que nos han puesto temor y espanto, y en nuestra compañía venía un alemán que se llama Monteverde, al cual mandé hacer pedazos: los hados le darán la pena de los cuerpos. Donde nosotros estuviéramos, excelente príncipe, cumple que vivan perfectamente en la fe de Cristo.

Especialmente es tan grande la disolución de los frai*les en estas partes, que cierto conviene que venga sobre ellos tu ira y castigo, porque ya no hay ninguno que pre*suma de menos que de ser gobernador.

Mira, mira, Rey, no les creas, pues las lágrimas que allá echan, delante de tu real presencia, es para venir acá a mandar. Si quieres saber la vida que por acá tienen es entender en mercade*rías, procurar y adquirir bienes temporales y vender por precios los sacramentos de la iglesia, enemigos de pobres, ambiciosos, glotones, soberbios, de manera que por míni*mo que sea un fraile, pretende mandar y gobernar estas tierras. Por remedio, Rey y señor, porque de estas cosas y malos ejemplos no está cumplida ni fijada la fe en los naturales. Mas te digo, que si esta disolucién de estos frailes no se quita, no faltarán escándalos.

Aunque yo y mis compañeros, por la gran razón que tenemos, nos hayamos determinado a morir, y esto cierto y otras cosas pasadas, singular Rey, tu has dado la causa, por no te doler del trabajo de tus vasallos.
Si no mira lo mucho que les debes, que si tú no miras por ellos y te descuidas con estos oidores, nunca acertarás en el gobierno de tus reinos, y por cierto no hay para qué presentar testi*gos más de avisarte cómo estos tus oidores tiene cada uno de acostamiento por año cuatro mil pesos, y ocho mil pesos ahorrados y heredamientos y posesiones, y con todo esto si se contentasen con servirlos como a hombres medio mal seríamos.

Por nuestros pecados quieren que donde quiera que los topemos, nos hinquemos de rodillas y los adoremos como a Nabucodonosor, cosa cierto insufrible, y no porque yo como hombre lastimado y manco de mis miembros en tu servicio y mis compañeros viejos y cansados en lo mismo, te he de dejar de avisar que no lies en estos letrados tu real conciencia, porque no cumple a tu real persona, con éstos que se les va todo el tiempo en casar hijos e hijas y traen por refrán: A tuerto o a derecho, nuestra casa hasta el techo.

Pues los frailes a ningún hombre pobre quieren predi*car y están aposentados en los mejores repartimientos del Perú. La vida que tienen es áspera y fragosa, porque cada uno de ellos tiene por penitencia en sus cocinas una do*cena de mozas no muy viejas y otros tantos muchachos que les van a pescar, pues a matar perdices y traer fruta. Todo el repartimiento es poco.
En fe de cristiano te juro, Rey señor, que si no pones remedio en los males de estas tierras, que te ha de venir azote del cielo, y esto dígolo por avisarte de la verdad, aunque yo y mis compañeros no esperamos de ti miseri*cordia. ¡Ay, ay! Qué lástima tan grande que el emperador tu padre conquistase con la fuerza de España la superva Germania y gastase tanta moneda llevada de estas Indias descubierta por nosotros, y que no te duelas de nuestra vejez y cansancio siquiera, y matarnos la hambre y sed.

Sabes que sabemos en estas partes, excelente Rey y señor, que conquistastes a Alemania con armas y Alema*nia conquistó a España con vicios, de que cierto nos ha*llamos acá más contentos con maíz y agua sola por estar apartados de tan mala roña, que los que en ella han caído pueden estar con sus vicios y regalos. Anden las guerras por donde anduvieren, pues para los hombres se hicieron, mas en ningún tiempo por adversidad que nos venga no dejaremos de ser sujetos y obedientes a los preceptos de la madre santa iglesia de Roma.

No podemos creer, excelente Rey y señor, que tu seas cruel para tan buenos vasallos como en estas partes tienes, sino que estos malos oidores y ministros lo deben de hacer sin tu consentimiento.

Dígolo, Rey y señor, porque en la ciudad de los Reyes dos leguas junto a la mar, se des*cubrió una laguna donde se cría algún pescado, que Dios lo permitió que fuese así, y estos tus oidores y oficiales de tu persona por aprovecharse como lo hacen del pescado y aquel regalo y vicios, los arriendan en tu nombre, dándo*nos a entender como si fuesen inhábiles que es por tu vo*luntad.
Si ello es así, déjennos pescar algún pescado siquiera, porque trabajamos en descubrirlo, porque el rey de Castilla no tiene necesidad de cuatrocientos pesos que es la cantidad porque se arrienda, y pues, esclarecido Rey no te pedimos mercedes en Córdoba, ni en Valladolid ni en toda España que es tu patrimonio, duélete, señor, de alimentar a los pobres cansados en los frutos y réditos de esta tierra, y mira, Rey y señor, que hay Dios para todos, igual justicia y premio, paraíso e infierno.

En el año de mil y quinientos cincuenta y nueve dio el marqués de Cañete la jornada de las Amazonas a PEDRO DE ORSÚA, navarro y por mejor decir francés. Tardó en hacer navíos hasta el año de mil y quinientos sesenta en la provincia de los Motilones, que es en términos del Perú, y porque los indios andan rapados a navaja se llaman Mo*tilones.
Estos navíos por ser la tierra donde se hicieron lluviosa, al tiempo de echarlos al agua se nos quebraron los más de ellos e hicimos balsas y dejamos los más caba*llos y haciendas y nos echamos por el río abajo con hartos riesgos de nuestras personas. Luego topamos los más pode*rosos ríos del Perú, de manera que nos vimos en golfo dulce. Caminamos de primera faz trescientas leguas desde el embarcadero donde nos embarcamos la primera vez.

Fue este mal gobernador tan perverso y ambicioso y miserable que no le pudimos sufrir y así por ser imposible relatar sus maldades y por tenerme por parte en mi caso como me tendrán, excelente Rey señor, no diré más de que LE MATAMOS, muerte cierto bien breve, y luego a un mancebo, caballero de Sevilla que se llamaba don Fernan*do de Guzmán, le alzamos por nuestro Rey y le juramos por tal, como tu persona real verá por las firmas de todos los que nos hallamos aquí, que quedan en la isla de La Margarita, en estas Indias, y a mí me nombraron por su maestre de campo, y porque no consentí en sus insultos y maldades, me quisieron matar, y YO MATÉ AL NUEVO REY, y al capitán de su guardia, y a su teniente general, y a cua*tro capitanes, y a su mayordomo, y a su capellán, clérigo de misa, y a una mujer de la liga contra mí, y a un comen*dador de Rodas, y a un almirante, y dos alférez, y otros cinco o seis aliados suyos; y con intención de llevar la gue*rra adelante y morir en ella por las muchas crueldades que estos vuestros oidores usan con nosotros. Nombré de nuevo capitantes y sargento mayor, y luego me quisieron matar, y YO LOS AHORQUÉ A TODOS
.
Caminando nuestra derrota y pasando todas estas muer*tes y malas venturas en este río Marañón, tardamos, hasta la boca de la mar del Norte, más de diez meses y medio. Caminamos cien jornadas justas. Anduvimos MIL Y QUINIENTAS LEGUAS justas por río grande y temeroso. Tiene de boca ochenta leguas de agua dulce, y no como dicen, por muchos brazos. Tiene grandes bajíos, ochocientas leguas de desierto sin género de poblado como tu Magestad lo verá por una relación que hemos hecho bien verdadera.

En la derrota que corrimos tiene más de seis mil islas. ¡Sabe Dios como escapamos de este lago temeroso! Dígote, Rey y señor, no proveas ni consientas que se haga ninguna armada para este río tan mal afortunado, porque en fe de cristiano te juro, Rey y señor, que si vinieren cien mil hombres ninguno escape porque la relación que otros dan es falsa y no hay en el río otra cosa sino desesperar, espe*cialmente para los chapetones de España.

Los capitantes y oficiales que al presente llevo que prometen de morir en esta demanda como hombres lasti*mados son los siguientes: Juan Jerónimo de Espindola, genovés, capitán de infantería; Juan Gómez, almirante~ Cristóbal García, capitán de infantería, los dos andaluces. El capitán de a caballo Diego Tirado, andaluz, que tus oidores, Rey y señor, le quitaron con grande agravio indios que había ganado con su lanza. Mi capitán de la guardia Roberto de Sosaya y su alférez Nuflo Hernández, valen*ciano y Juan López de Ayala, de Cuenca, nuestro pagador; alférez general Blas Gutiérrez, conquistador, de veinticinco años; Juan Ponce, natural de Sevilla y Custodio Hernán*dez, alférez, portugués; Diego de Torres, alférez navarro; sargento Pedro Rodríguez Viso y Diego de Figueroa; Cris*tóbal de Ribas, conquistador; Pedro de Rojas, andaluz; Juan de Saucedo, alférez de a caballo; Bartolomé Sánchez Paniagua, nuestro barrachel; Diego Sánchez Bilbao, pro*veedor; García Navarro veedor general y otros muchos hijosdalgo de esta liga, ruegan a Dios Nuestro Señor te aumente siempre en bien y ensalce en prosperidad contra el turco y franceses y todos los demás que en esas partes te quisieren hacer guerra, y en éstas nos de Dios gracia que podamos alcanzar por nuestras manos el premio que se nos debe, pues de derecho nos has negado lo que se nos debía.

Hijo de fieles vasallos tuyos en tierra vascongada, yo rebelde hasta la muerte por tu ingratitud. LOPE DE AGUIRRE, EL PEREGRINO.

* * *

Aguirre, después de premeditarlo largamente, aseguró la llegada del original de esta carta a su destino entregán*dola al sacerdote Contreras, cura de La Margarita, a quien puso en libertad después de exigirle juramento solemne de llevarla en propias manos a la Audiencia Real de Santo Domingo.

Contreras, aunque rehusó al principio compro*meterse por juramento, accedió más tarde a jurar, y luego cumplió lo prometido.

El original de esta carta, el que estrujaron las reales manos, trémulas por la cólera, de Felipe II, no se conserva. Pero Aguirre tubo buen cuidado de sacar copias de su mi*siva, por lo que en sí mismo suponía, y también, por lo que comprometía a los marañones a quienes enumera en ella.
Es inútil que fray Pedro de Aguado en su “Historia de Venezuela”, que constituye algo así como la historia oficial de la expedición de Ursúa, rehúse insertar esta carta en su obra “por ser. demasiado atrevida y desvergonzada”.
La misma inaudita singularidad del documento hizo que estas copias se multiplicasen profusamente y fuesen leídas en América con la avidez que la misma clandestinidad ase*gura.

Fray Reginaldo de Lizarraga, en su “Descripción bre*ve del Perú”, alude al estilo de Aguirre con un elogio indirecto: “No trato de las cartas que dicen escribía a Su Majestad el Rey nuestro Señor; algunas vi en pedazos, llenas de mil disparates, aunque daba algún poco gusto leerlas, por sólo ver el frasis, que no se quien se lo ense*fló”.
Lizarraga comprende que, en una obra destinada a pasar por la censura oficial, el manifestar que leyó entera la carta de Aguirre es excesivo; por eso declara haberla leído “por sólo ver el frasis” y en pedazos, pero la leyó, y, además, a gusto. Hay sentimientos imposibles de disi*mular.

La carta de Aguirre a Felipe II, además de sucinta autobiografia, es una critica a fondo de la administracion colonial desde el punto de vista del soldado aventurero puesto a raya por aquella.

No cabe duda de que Aguirre exagera los abusos, pero también es indudable que sus denuncias encierran una buena parte de verdad. Detrás de toda guerra, una muchedumbre de razones se agazapa.
Lope traduce en su carta el cansancio, las críticas, y en cierto modo, la exasperación de muchos hombres de su tiempo.
Pero lo más sorprendente de esta carta, lo que aseguró su traducción a otros idiomas y su difusión por Europa , es el lenguaje de increíble audacia con que Aguirre osa dirigirse a Felipe II, el monarca más poderoso del mundo.

Lope de Aguirre se dirige a la sacra real majestad de Fe*lipe II, el sombrío emperador del Orbe, no ya de igual a igual, sino como a “menor de edad”. Ningún hombre, sin duda, se atrevió a decir a Felipe las crudas verdades que Lope de Aguirre le escribió con tan salvaje y tan bella potencia estilista.
Al absolutismo del Rey, el Calvino de los conquistadores opone su propio absolutismo. A la in*tangible grandeza de la persona del Rey, el emigrado vasco opone su propia nobleza ultrajada.
Aguirre aparece todo entero, tal como era, en este documento impresionante, mezcla extraña de grandeza, de petulante megalomanía, de cinismo, de audacia, y, al último, de humildad. Pero en el conjunto brilla, sobre todo, su capacidad de juicio acerca de una determinada situación política.
(Referencia de José de Arteche, escritor e historiador).
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Viejo 19/abr/02, 01:01
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Predeterminado LOS VASCOS en el Mundo.

LOS VASCOS Y LOS PUEBLOS HISPÁNICOS

Navarros y vascos están de lleno metidos en los procesos germinales de Castilla, de Aragón y de España. Por ejemplo, la interacción del pequeño reino de Navarra con el Califato de Córdoba en los siglos IX y X, es uno de los episodios más ilustrativos del proceso formativo de Castilla, que adquiere jerarquía de reino a partir de entonces.

En el siglo XV, los vascos -a diferencia de los catalanes- no sufrieron con la unión de Castilla y Aragón. Por el contrario, el partido que tomaron las provincias vascongadas en la guerra entre Isabel y Fernando y Alfonso V El Africano de Portugal, los castellanos partidarios de La Beltraneja, y el rey Luis XI de Francia, les ganó el favor del triunfador y el reconocimiento de sus fueros, jurados solemnemente el 30 de julio de 1476 por Fernando bajo la sombra del roble de Guernika.

Para ese momento, en catalán se habían escrito los colosales monumentos de Ramón Llull y Muntaner y se estaba escribiendo El caballero Tirant Lo Blanc. En euskera no se había escrito nada. Muy distinta habría sido la suerte de los vascos -y la de Isabel y Fernando- si éstos hubieran estado del lado del rey portugués y no hubiesen sido aliados de la reina castellana y el rey aragonés y no hubiesen detenido en Fuenterrabía al ejército de Luis XI.

El hecho fue que los vascos fueron el apoyo más constante y decisivo, de Isabel y Fernando, en sus momentos más difíciles. Ello ayudó a que, conservando sus fueros, los vascos disfrutaran de eminentes posiciones de prestigio, poder y privilegio, desproporcionados a su población, a partir del momento cuando Castilla conquista Granada en 1492, y en el siglo XVI absorbe a la mayor parte de España y engulle al nuevo mundo y el castellano llega a los niveles de perfección y belleza de su "siglo de oro".

Un divertido pero muy fiel y veraz testimonio de esta realidad, lo da Sancho Panza, cuando en su carácter de gobernador de la Insula Barataria pregunta: "¿Quién es aquí mi secretario?", a lo cual uno de los presentes responde: "Yo, señor, porque se leer y escribir, y soy vizcaíno...". "Con esa añadidura" -comenta Sancho- "bien podéis ser secretario del mismo emperador".

Los vascos -a diferencia de los catalanes- no estuvieron excluidos de la conquista de América. Para todo efecto legal y práctico los vascos eran súbditos del rey de Castilla.
A pesar de su reducida población -nunca han sido muchos- las individualidades vascas destacan en el descubrimiento y la conquista de América. El navegante que realiza la mayor proeza de navegación de todos los tiempos, fue el vasco Juan Sebastián Elcano. Acompañando a Magallanes fue él, quien por elección de la marinería sobreviviente, capitaneó el primer viaje de circunferencia del mundo, cuando el irascible portugués murió flechado.

El más loco de todos los enloquecidos conquistadores fue el vasco Lope de Aguirre. Descendiendo de las alturas de los Andes peruanos, Aguirre bajó por el Marañón y el Amazonas hasta salir al mar y por allí llegó a la isla de Margarita en las costas de Venezuela, donde el fantasma del Tirano Aguirre todavía espanta sus playas y al poblado de Puerto Fermín, se le llama alternativamente El Tirano. Y si este vasco fue cruel y sanguinario, otro vasco fue el santo y bondadoso primer obispo de México, Juan de Zumárraga, defensor de los Indios, cuya carta a Carlos V es uno de los documentos cimeros de la historia de la defensa de los derechos humanos.

El Paraguay fue colonizado por el vasco Irala, México occidental por el vasco Francisco de Ibarra, las Filipinas por los vascos Legazpi y Urdaneta.
El papel de la Compañía Guipuzcoana en la formación de Venezuela en el siglo XVIII fue decisivo. El más universal e inspirado caudillo de la emancipación de los pueblos hispánicos de América, Simón Bolívar era descendiente de vascos; Urdaneta, y Arizmendi, fueron los caudillos de los dos extremos oriental y occidental de una Venezuela que se estaba formando.

El último y más feroz caudillo realista de la guerra de emancipación americana, que murió en el Alto Perú peleando por un rey que no se lo merecía, fue el vasco Pedro Olañeta. Con mucha razón el vasco Miguel de Unamuno, ve la presencia vasca en la formación de los pueblos hispánicos de América, como el principal factor de su personalidad histórica. No anda descaminado.

La historia de Chile y la de Venezuela no podrían escribirse si excluyen de su quehacer, a los inconfundibles apellidos vascos. Yo mismo, humilde escribidor, con mi apellido vasco a cuestas que ya va para dos siglos y siete generaciones que pasó a esta orilla del Atlántico, me siento vasco, me creo vasco y de tanto sentirme y creerme siento como mío al pueblo de donde salió uno de mis remotos abuelos. En todos los procesos históricos y culturales de Castilla del siglo VIII al XVI y los de España y América del siglo XVI a nuestros días, los vascos tuvieron posiciones de enorme peso y relevancia política, cultural y religiosa.

Pero a diferencia de los catalanes, los vascos no sufrieron -en calidad de entidad regional o cultural- ninguna catástrofe política, hasta su adscripción al partido Carlista en los conflictos que se iniciaron en la guerra civil de 1833 a 1840; que se repitió en 1872 y que se metastaseó en la espantosa y fratricida guerra que estalla en 1936, cuando un sector predominantemente navarro, los "requetés" Carlistas, se sumó a la rebelión franquista, mientras varias personalidades y partidos vascos apoyaron, lucharon y murieron por la República, como extremos de una realidad más compleja, en la cual no hace falta meterse para demostrar lo que aquí razono.

LOS VASCOS DEL SIGLO XIX

Por una y mil causas, a mediados del siglo XIX, se produjo un intenso proceso de industrialización del País Vasco, menos intenso o ausente en el resto de España, salvo Cataluña. En poco tiempo con el hierro de sus minas en Vizcaya y Guipúzcoa se fabricó acero y con el acero vasco, los vascos construyeron barcos, bicicletas, armas, maquinarias y ferrocarriles.

Desarrollando un talento financiero conspicuamente ausente en Madrid, que antes y después de la "restauración" había pasado de ser un molesto y soportable quiste de burócratas a convertirse en un insoportable tumor de parásitos, los vascos especialmente los bilbaínos, organizaron bancos que financiaron telares, fábricas de papel y empresas de toda índole, generando una riqueza que la perezosa burocracia madrileña dilapidaba alegremente.

Una formidable generación de empresarios vascos, modernos, eficientes, trabajadores -entre los cuales se destacaron Víctor Chávarri, la familia Ybarra, Horacio Echavarrieta, Eduardo Aznar, Federico Echavarria, y muchos más- crearon riqueza y prosperidad. Con ello, la población vasca, siempre equilibrada o en merma, por la constante emigración de vascos a todas partes del mundo, se enriqueció y con ello, creció su animadversión por el estéril centralismo de Madrid.

Ello se enredó con los movimientos románticos de autonomía cultural propios del siglo XIX como la Renaixensa catalana pero se envenenó de un nacionalismo xenófobo racista y enfermizo. La curiosa singularidad de la historia y la cultura del pueblo vasco -indudable e innegable- empezó entonces un proceso de idealización y tergiversación y falsificación que condicionó la visión demencial que de ellos mismos tomaron algunas minorías de las nuevas generaciones de vascos, que llevaron a algunos grupos a transitar por los peligrosos caminos del fanatismo nacionalista que conducen al abismo de la violencia irracional que como cáncer maligno, se nutre de su propio veneno.

LA FALACIA DEL EUSKERA

Si es cierto que los derechos históricos forales vascos son innegables y su fuerte carácter regional les otorga un derecho histórico a la autonomía de su gobierno local como la que han logrado y hoy disfrutan; a diferencia de Cataluña y del catalán, con la lengua vasca no había ni hay nada que hacer "renacer" porque no hay, ni ha habido nunca, nada que merezca llamarse "literatura vasca".

Los derechos forales vascos se escribieron en castellano. El primer libro escrito y publicado en lengua vasca vio la luz, con la rareza de un fósil en 1545, cuando el quechua, el aymará, el nahua, el tolteca, el maya y el guaraní -que eran y son lenguas más ricas, expresivas y desarrolladas- eran vertidas al alfabeto fonético castellano y transcritas o traducidas sus expresiones literarias a la lengua de Castilla y vaciadas en ellas los catecismos y leyes del nuevo orden hispánico de América. Nada de eso sucedió en el País Vasco, porque no era necesario.

Las crónicas históricas de Castilla y Cataluña se escribieron por orden de sus monarcas en el siglo XIII en castellano y catalán. Las primeras historias regionales de las provincias vascas, son una artificialidad propia del siglo XIX, y no una genuina expresión de realidades.

La primera sistematización de la lengua vasca, que no merece el nombre de gramática, fue la del jesuita Manuel de Larramendi, del siglo XVIII. El enigma de su origen llevó en 1815 a Juan Bautista Erro al disparate mayúsculo de afirmar que el euskera era la lengua de Adán.

El innegable hecho que no existen expresiones literarias vascas ni nada en lengua vasca que se parezca ni remotamente al Cantar del mío Cid o al Quijote en castellano, a Os Lusíadas en Portugués, ni a la colosal obra del formidable Ramón Llull, las Crónicas de Muntaner o al Tirant lo Blanc de Martorell en catalán o al Popol Vuh de los mayas, se intentó contrariar creando una literatura artificial e indigestible para nadie por lo fea, tosca y dura e ilegible para la mayoría de los vascos.

La verdad es que si no hay, ni ha habido literatura vasca escrita en lengua vasca, sí ha habido y hay una riquísima y hermosísima literatura vasca escrita en castellano. En esa literatura vasca se expresa con el poder, la riqueza la belleza y la universalidad del castellano, la fuerte personalidad e idiosincrasia del pueblo vasco.

El carácter vasco se manifiesta en la vida y la obra de un Ignacio de Loyola. Su ascetismo, su disciplina, su fervor, su autoritarismo, son vascos, ¡vasquísimos! Si Ignacio de Loyola hubiera escrito sus Ejercicios espirituales o los Estatutos de la Compañía de Jesús en euskera, ni los jesuitas habrían sido lo que fueron, ni Ignacio de Loyola, habría sido el vasco más famoso e influyente de la historia. Y el que no lo escribiera en vasco, no le resta un gramo al vasquismo de la vida y la obra de Loyola. Ni uno. El carácter y la vida de los vascos se expresa torrencialmente en las obras del vasco Pío Baroja -para mi gusto- el más grande novelista español del siglo XX.

Ninguna obra escrita en la tosca y pétrea lengua vasca podría jamás expresar lo que Baroja trasmite de los vascos en sus Trilogías de la tierra vasca, La casa de Aizgorri, El mayorazgo de Labraz o Zalacaín, el aventurero. Los agridulces personajes barojianos, unos desequilibrados, otros aventureros de alma generosa y noble, todos de un humor y una conducta lógica y a la vez absurda, son lo más vasco que pueda darse.

LAS MENTIRAS DE SABINO

Pero cada cabeza de vasco es un mundo y cada pluma vasca pinta a su pueblo y escribe su historia, no como fue, sino como quisiera que hubiese sido y quiere que sean.

Pío Baroja pinta a los vascos como un agregado contradictorio de carlistas y anarquistas, aventureros del mar y contrabandistas de la montaña, ilusos y pragmáticos. Ramiro de Maeztu, interpreta el dinamismo económico vasco del siglo XIX como el factor esencial de la historia vasca. Unamuno ve la historia vasca como parte esencial e integral de la historia castellana, y como tal, parte integral de la historia de los pueblos hispánicos de España y de América.

En el variado menú de literatura vasca, mi gusto se inclina a favor de quien veo como el mejor y más cabal intérprete del significado histórico de Castilla en la formación de los pueblos hispánicos y de la participación que en ella tuvieron los vascos: el vasco Miguel de Unamuno.

Desde Ramón Llull, en el siglo XIII hasta Andrés Bello en los comienzos del siglo XIX, los pueblos hispánicos no han producido un genio enciclopédico de las letras más universal, más rico, más variado, más atractivo que el vasco Miguel de Unamuno. Y no hay vasco que sea más vasco que Don Miguel ¡mecáchis!

En el otro extremo del desacierto, y fuera del campo de la interpretación histórica filológica o literaria -no podría estar dentro de ella- en el siglo XIX, aparece Sabino Arana (1865-1903) creador de un movimiento político que definía a los vascos como nacionales de un país con un derecho natural y racial a la secesión y la independencia de España. Arana olvida el aporte vasco a su creación y engrandecimiento, y niega que fuera parte de ella. Así fue como en un momento histórico fértil para la germinación de disparates parecidos, Sabino Arana sembró el veneno de una república vasca independiente, constituida por siete provincias, formada por Vizcaya, Guipuzcoa y Alava, las tres provincias vascas francesas, y falsa y arbitrariamente, a Navarra.

Cuando el esperpento del orden político creado por Cánovas del Castillo colapsó en la dictadura militarista y cuasi fascista de Miguel Primo de Rivera en 1923, y ello llevó a la caída de la monarquía en abril de 1931, un sector del separatismo vasco pensó que era su hora en la II República Española, que surgió de allí.

Sin entrar en muchos detalles, este contexto histórico-político, fue favorable para que un grupo de poetas vascos; Lizarde, Lauxeta, y Orixe, intentaran la tarea de inventar una literatura vasca que en el milenio de su existencia no se había producido.

La guerra que estalló en 1936 y el bombardeo de la histórica población de Guernica por la aviación nazi aliada de las fuerzas nacionales, cuyo recuerdo todavía hace vibrar la indignación a toda persona sensata y sensible, fue -en todo sentido- una tragedia cuyas repercusiones se sienten en nuestros días.

Sin dejarme arrastrar por la alienante polémica política, que no tiene cabida en un ensayo de estas dimensiones y propósitos, el hecho fue que, sea cual fuere la opinión que se tenga y el lado que se ocupe en la cuestión autonómica de los vascos, lo cierto es que la lengua vasca es el castellano. No hay movimiento político, por más exitoso y popular que sea, o por más violencia que practique, que pueda rehacer la historia al extremo de inventarla, y mucho menos, que pueda darle a la lengua vasca una historia que no tiene y unas expresiones literarias que nunca tuvo. Todo intento por imponer tamaña artificialidad coactivamente, es un salto atrás.

El euskera es un anacronismo sin pasado ni futuro posible. Encerrarse en una lengua pobre, apta para servir de lengua clandestina de contrabandistas y guerrilleros, inadecuada para recoger o expresar cultura, es el mayor desatino imaginable. La lengua del pueblo vasco ha sido, es y será el castellano. Punto. En ella se expresaron Ignacio de Loyola, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Miguel de Unamuno y tantos otros, que son la mayor y más auténtica gloria del pueblo vasco y que como tales, son honra y patrimonio de la cultura de todos los pueblos hispánicos.












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> CARTA A FELIPE II
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> “Rey Felipe, natural español, hijo de Carlos invencible.
> Lope de Aguire, tu mínimo vasallo, cristiano viejo, hijo de medianos padres, en mi prosperidad hijodalgo, natural vascongado, en los reinos de España, vecino de la villa de Oñate.
> En mi mocedad pasé el mar océano a las partes del Perú por valer más y por cumplir con la deuda que debe todo hombre de bien. Con la lanza en la mano, en veinti*cuatro años te he hecho muchos servicios en el Perú, con conquistas de indios y en poblar pueblos en tu servicio, especialmente en batallas y reencuentros en que me he bailado por tu real Corona y nombre conforme a mis fuer*zas y posibilidad, sin importunar a tus oficiales por paga ni socorro, como parecerá por tus reales libros.
>
> Bien creo, excelentísimo señor, aunque para mi y para mis compañe*ros nos hayas sido cruel e ingrato, que por tan buenos servicios como has recibido de nosotros me creerás en lo que dijere, aunque también creo que te deben engañar los que te escriben de estas tierras, como estás tan lejos de ellas.
>
> Avísote, rey español, que estos tus Reinos de Indias tienen necesidad que haya toda justicia y rectitud para tan buenos vasallos como en estas tierras tienes, aunque yo, por no poder sufrir más las crueldades que usan tus oido*res, visorrey y gobernadores,
>
> HE SALIDO de hecho con mis compañeros cuyos nombres después diré, DE TU OBEDIENCIA, desnaturarnos de nuestras tierras que es España, para hacerte en estas partes la más cruel guerra que nuestras fuerzas pudieren sustentar y sufrir.
> Esto cree, rey y señor, nos ha hecho no poder sufrir los grandes pechos, premios y castigos injustos que nos dan tus ministros, que por re*mediar sus hijos y criados, nos han usurpado y robado nuestra fama, vida y honra, que es lástima oír el mal tra*tamiento que se nos ha hecho.
>
> Y yo, manco de mi pierna derecha, de dos arcabuzazos que me dieron en el valle de Chuquinga con el mariscal Alonso de Alvarado, siguiendo tu voz y apellido contra Francisco Hernández Girón, rebelde a tu servicio como yo y mis compañeros somos y seremos hasta la muerte, por*que ya de hechos hemos alcanzado en estos reinos cuán cruel eres y quebrantador de tu fe y palabras, y tenemos en estas tierras tus perdones por de menos crédito que los libros de Martin Lutero, pues tu virrey marqués de Cañe*te, malo, lujurioso, ambicioso y tirano, ahorcó a Martín de Robles, hombre señalado en tu servicio, y al bravoso To*más Vázquez, conquistador del Perú, y al triste de Alonso Díaz, que trabajó más en el descubrimiento que los pobla*dores de Moisés en el desierto, y a Piedrahita, buen capi*tán, que rompió muchas batallas en tu servicio, y en Pucara ellos te dieron la vida, porque si ellos no se pasaran, hoy fuera Francisco Hernández rey del Perú.
>
> No tengas en mucho el servicio de estos tus oidores que te escribieron haberte hecho, porque es muy gran fábu*la si llaman servicio haberte gastado ochocientos mil pe*sos de tu real caja para sus vicios y maldades.
> Castígalos como a malos, que cierto lo son. Mira, mira Rey español, que no seas cruel a tus vasallos ni ingrato, pues estando tu padre y tu en los reinos de Castilla sin ninguna zozo*bra, te han dado tus vasallos, a costa de su sangre y ha*cienda, tantos reinos y señoríos como en estas partes tienes.
>
> Mira, Rey y señor, que no se puede llevar con título de rey justo ningún interés de estas partes donde no aven*turaste nada, sin que primero los que en estas tierras han trabajado y sudado sean gratificados sus servicios.
>
> Por cierto tengo que VAN POCOS REYES AL INFIERNO por*que sois pocos, que si muchos fuérades, ninguno pudiera ir al cielo, porque creo que allí seríades peores que Luzbel, según tenéis ambición, sed y hambre de hartaros de sangre humana.
>
> Mas no me maravillo ni hago caso de vosotros, pues os llamáis siempre menores de edad. Y así, Rey señor, te juro y hago voto solemne a Dios de que yo y mis dos*cientos arcabuceros marañones, conquistadores, hijosdalgo, de no te dejar ministro tuyo, porque ya sé hasta donde llega tu clemencia. El día de hoy nos hallamos los más bienaventurados de los nacidos por estar como estamos en estas partes de las Indias teniendo la fe y mandamientos de Dios enteros, aunque pecadores en la vida, sin corrup*ción, como cristianos, manteniendo lo que predica la santa madre iglesia de Roma, y pretendemos, aunque pecadores, recibir martirio por los mandamientos de Dios.
>
> A la salida que hicimos del Río de las Amazonas, que se llama el Río del Marañón, vine a una isla poblada de cristianos, que tiene por nombre La Margarita, y en ella vi unas relaciones de España que habían venido entonces de la gran cisma que había en ella de luteranos que nos han puesto temor y espanto, y en nuestra compañía venía un alemán que se llama Monteverde, al cual mandé hacer pedazos: los hados le darán la pena de los cuerpos. Donde nosotros estuviéramos, excelente príncipe, cumple que vivan perfectamente en la fe de Cristo.
>
> Especialmente es tan grande la disolución de los frai*les en estas partes, que cierto conviene que venga sobre ellos tu ira y castigo, porque ya no hay ninguno que pre*suma de menos que de ser gobernador.
>
> Mira, mira, Rey, no les creas, pues las lágrimas que allá echan, delante de tu real presencia, es para venir acá a mandar. Si quieres saber la vida que por acá tienen es entender en mercade*rías, procurar y adquirir bienes temporales y vender por precios los sacramentos de la iglesia, enemigos de pobres, ambiciosos, glotones, soberbios, de manera que por míni*mo que sea un fraile, pretende mandar y gobernar estas tierras. Por remedio, Rey y señor, porque de estas cosas y malos ejemplos no está cumplida ni fijada la fe en los naturales. Mas te digo, que si esta disolucién de estos frailes no se quita, no faltarán escándalos.
>
> Aunque yo y mis compañeros, por la gran razón que tenemos, nos hayamos determinado a morir, y esto cierto y otras cosas pasadas, singular Rey, tu has dado la causa, por no te doler del trabajo de tus vasallos.
> Si no mira lo mucho que les debes, que si tú no miras por ellos y te descuidas con estos oidores, nunca acertarás en el gobierno de tus reinos, y por cierto no hay para qué presentar testi*gos más de avisarte cómo estos tus oidores tiene cada uno de acostamiento por año cuatro mil pesos, y ocho mil pesos ahorrados y heredamientos y posesiones, y con todo esto si se contentasen con servirlos como a hombres medio mal seríamos.
>
> Por nuestros pecados quieren que donde quiera que los topemos, nos hinquemos de rodillas y los adoremos como a Nabucodonosor, cosa cierto insufrible, y no porque yo como hombre lastimado y manco de mis miembros en tu servicio y mis compañeros viejos y cansados en lo mismo, te he de dejar de avisar que no lies en estos letrados tu real conciencia, porque no cumple a tu real persona, con éstos que se les va todo el tiempo en casar hijos e hijas y traen por refrán: A tuerto o a derecho, nuestra casa hasta el techo.
>
> Pues los frailes a ningún hombre pobre quieren predi*car y están aposentados en los mejores repartimientos del Perú. La vida que tienen es áspera y fragosa, porque cada uno de ellos tiene por penitencia en sus cocinas una do*cena de mozas no muy viejas y otros tantos muchachos que les van a pescar, pues a matar perdices y traer fruta. Todo el repartimiento es poco.
> En fe de cristiano te juro, Rey señor, que si no pones remedio en los males de estas tierras, que te ha de venir azote del cielo, y esto dígolo por avisarte de la verdad, aunque yo y mis compañeros no esperamos de ti miseri*cordia. ¡Ay, ay! Qué lástima tan grande que el emperador tu padre conquistase con la fuerza de España la superva Germania y gastase tanta moneda llevada de estas Indias descubierta por nosotros, y que no te duelas de nuestra vejez y cansancio siquiera, y matarnos la hambre y sed.
>
> Sabes que sabemos en estas partes, excelente Rey y señor, que conquistastes a Alemania con armas y Alema*nia conquistó a España con vicios, de que cierto nos ha*llamos acá más contentos con maíz y agua sola por estar apartados de tan mala roña, que los que en ella han caído pueden estar con sus vicios y regalos. Anden las guerras por donde anduvieren, pues para los hombres se hicieron, mas en ningún tiempo por adversidad que nos venga no dejaremos de ser sujetos y obedientes a los preceptos de la madre santa iglesia de Roma.
>
> No podemos creer, excelente Rey y señor, que tu seas cruel para tan buenos vasallos como en estas partes tienes, sino que estos malos oidores y ministros lo deben de hacer sin tu consentimiento.
>
> Dígolo, Rey y señor, porque en la ciudad de los Reyes dos leguas junto a la mar, se des*cubrió una laguna donde se cría algún pescado, que Dios lo permitió que fuese así, y estos tus oidores y oficiales de tu persona por aprovecharse como lo hacen del pescado y aquel regalo y vicios, los arriendan en tu nombre, dándo*nos a entender como si fuesen inhábiles que es por tu vo*luntad.
> Si ello es así, déjennos pescar algún pescado siquiera, porque trabajamos en descubrirlo, porque el rey de Castilla no tiene necesidad de cuatrocientos pesos que es la cantidad porque se arrienda, y pues, esclarecido Rey no te pedimos mercedes en Córdoba, ni en Valladolid ni en toda España que es tu patrimonio, duélete, señor, de alimentar a los pobres cansados en los frutos y réditos de esta tierra, y mira, Rey y señor, que hay Dios para todos, igual justicia y premio, paraíso e infierno.
>
> En el año de mil y quinientos cincuenta y nueve dio el marqués de Cañete la jornada de las Amazonas a PEDRO DE ORSÚA, navarro y por mejor decir francés. Tardó en hacer navíos hasta el año de mil y quinientos sesenta en la provincia de los Motilones, que es en términos del Perú, y porque los indios andan rapados a navaja se llaman Mo*tilones.
> Estos navíos por ser la tierra donde se hicieron lluviosa, al tiempo de echarlos al agua se nos quebraron los más de ellos e hicimos balsas y dejamos los más caba*llos y haciendas y nos echamos por el río abajo con hartos riesgos de nuestras personas. Luego topamos los más pode*rosos ríos del Perú, de manera que nos vimos en golfo dulce. Caminamos de primera faz trescientas leguas desde el embarcadero donde nos embarcamos la primera vez.
>
> Fue este mal gobernador tan perverso y ambicioso y miserable que no le pudimos sufrir y así por ser imposible relatar sus maldades y por tenerme por parte en mi caso como me tendrán, excelente Rey señor, no diré más de que LE MATAMOS, muerte cierto bien breve, y luego a un mancebo, caballero de Sevilla que se llamaba don Fernan*do de Guzmán, le alzamos por nuestro Rey y le juramos por tal, como tu persona real verá por las firmas de todos los que nos hallamos aquí, que quedan en la isla de La Margarita, en estas Indias, y a mí me nombraron por su maestre de campo, y porque no consentí en sus insultos y maldades, me quisieron matar, y YO MATÉ AL NUEVO REY, y al capitán de su guardia, y a su teniente general, y a cua*tro capitanes, y a su mayordomo, y a su capellán, clérigo de misa, y a una mujer de la liga contra mí, y a un comen*dador de Rodas, y a un almirante, y dos alférez, y otros cinco o seis aliados suyos; y con intención de llevar la gue*rra adelante y morir en ella por las muchas crueldades que estos vuestros oidores usan con nosotros. Nombré de nuevo capitantes y sargento mayor, y luego me quisieron matar, y YO LOS AHORQUÉ A TODOS
> .
> Caminando nuestra derrota y pasando todas estas muer*tes y malas venturas en este río Marañón, tardamos, hasta la boca de la mar del Norte, más de diez meses y medio. Caminamos cien jornadas justas. Anduvimos MIL Y QUINIENTAS LEGUAS justas por río grande y temeroso. Tiene de boca ochenta leguas de agua dulce, y no como dicen, por muchos brazos. Tiene grandes bajíos, ochocientas leguas de desierto sin género de poblado como tu Magestad lo verá por una relación que hemos hecho bien verdadera.
>
> En la derrota que corrimos tiene más de seis mil islas. ¡Sabe Dios como escapamos de este lago temeroso! Dígote, Rey y señor, no proveas ni consientas que se haga ninguna armada para este río tan mal afortunado, porque en fe de cristiano te juro, Rey y señor, que si vinieren cien mil hombres ninguno escape porque la relación que otros dan es falsa y no hay en el río otra cosa sino desesperar, espe*cialmente para los chapetones de España.
>
> Los capitantes y oficiales que al presente llevo que prometen de morir en esta demanda como hombres lasti*mados son los siguientes: Juan Jerónimo de Espindola, genovés, capitán de infantería; Juan Gómez, almirante~ Cristóbal García, capitán de infantería, los dos andaluces. El capitán de a caballo Diego Tirado, andaluz, que tus oidores, Rey y señor, le quitaron con grande agravio indios que había ganado con su lanza. Mi capitán de la guardia Roberto de Sosaya y su alférez Nuflo Hernández, valen*ciano y Juan López de Ayala, de Cuenca, nuestro pagador; alférez general Blas Gutiérrez, conquistador, de veinticinco años; Juan Ponce, natural de Sevilla y Custodio Hernán*dez, alférez, portugués; Diego de Torres, alférez navarro; sargento Pedro Rodríguez Viso y Diego de Figueroa; Cris*tóbal de Ribas, conquistador; Pedro de Rojas, andaluz; Juan de Saucedo, alférez de a caballo; Bartolomé Sánchez Paniagua, nuestro barrachel; Diego Sánchez Bilbao, pro*veedor; García Navarro veedor general y otros muchos hijosdalgo de esta liga, ruegan a Dios Nuestro Señor te aumente siempre en bien y ensalce en prosperidad contra el turco y franceses y todos los demás que en esas partes te quisieren hacer guerra, y en éstas nos de Dios gracia que podamos alcanzar por nuestras manos el premio que se nos debe, pues de derecho nos has negado lo que se nos debía.
>
> Hijo de fieles vasallos tuyos en tierra vascongada, yo rebelde hasta la muerte por tu ingratitud. LOPE DE AGUIRRE, EL PEREGRINO.
>
> * * *
>
> Aguirre, después de premeditarlo largamente, aseguró la llegada del original de esta carta a su destino entregán*dola al sacerdote Contreras, cura de La Margarita, a quien puso en libertad después de exigirle juramento solemne de llevarla en propias manos a la Audiencia Real de Santo Domingo.
>
> Contreras, aunque rehusó al principio compro*meterse por juramento, accedió más tarde a jurar, y luego cumplió lo prometido.
>
> El original de esta carta, el que estrujaron las reales manos, trémulas por la cólera, de Felipe II, no se conserva. Pero Aguirre tubo buen cuidado de sacar copias de su mi*siva, por lo que en sí mismo suponía, y también, por lo que comprometía a los marañones a quienes enumera en ella.
> Es inútil que fray Pedro de Aguado en su “Historia de Venezuela”, que constituye algo así como la historia oficial de la expedición de Ursúa, rehúse insertar esta carta en su obra “por ser. demasiado atrevida y desvergonzada”.
> La misma inaudita singularidad del documento hizo que estas copias se multiplicasen profusamente y fuesen leídas en América con la avidez que la misma clandestinidad ase*gura.
>
> Fray Reginaldo de Lizarraga, en su “Descripción bre*ve del Perú”, alude al estilo de Aguirre con un elogio indirecto: “No trato de las cartas que dicen escribía a Su Majestad el Rey nuestro Señor; algunas vi en pedazos, llenas de mil disparates, aunque daba algún poco gusto leerlas, por sólo ver el frasis, que no se quien se lo ense*fló”.
> Lizarraga comprende que, en una obra destinada a pasar por la censura oficial, el manifestar que leyó entera la carta de Aguirre es excesivo; por eso declara haberla leído “por sólo ver el frasis” y en pedazos, pero la leyó, y, además, a gusto. Hay sentimientos imposibles de disi*mular.
>
> La carta de Aguirre a Felipe II, además de sucinta autobiografia, es una critica a fondo de la administracion colonial desde el punto de vista del soldado aventurero puesto a raya por aquella.
>
> No cabe duda de que Aguirre exagera los abusos, pero también es indudable que sus denuncias encierran una buena parte de verdad. Detrás de toda guerra, una muchedumbre de razones se agazapa.
> Lope traduce en su carta el cansancio, las críticas, y en cierto modo, la exasperación de muchos hombres de su tiempo.
> Pero lo más sorprendente de esta carta, lo que aseguró su traducción a otros idiomas y su difusión por Europa , es el lenguaje de increíble audacia con que Aguirre osa dirigirse a Felipe II, el monarca más poderoso del mundo.
>
> Lope de Aguirre se dirige a la sacra real majestad de Fe*lipe II, el sombrío emperador del Orbe, no ya de igual a igual, sino como a “menor de edad”. Ningún hombre, sin duda, se atrevió a decir a Felipe las crudas verdades que Lope de Aguirre le escribió con tan salvaje y tan bella potencia estilista.
> Al absolutismo del Rey, el Calvino de los conquistadores opone su propio absolutismo. A la in*tangible grandeza de la persona del Rey, el emigrado vasco opone su propia nobleza ultrajada.
> Aguirre aparece todo entero, tal como era, en este documento impresionante, mezcla extraña de grandeza, de petulante megalomanía, de cinismo, de audacia, y, al último, de humildad. Pero en el conjunto brilla, sobre todo, su capacidad de juicio acerca de una determinada situación política.
> (Referencia de José de Arteche, escritor e historiador).
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Predeterminado ANDRÉS DE URDANETA (1508-1568)natural de Ordicia.

Andrés de Urdaneta
Villafranca de Ordizia 1508 - México 1568
Navegante y cosmógrafo
España


Participó en 1525 junto a Elcano en la expedición a la Especiería y en las Molucas obtuvo colaboración del rey de Gilolo para luchar contra los portugueses.

En los nueve años que permaneció en las Molucas realizó varios estudios cosmográficos, llegando a la conclusión de que no se podía cruzar el Pacífico siguiendo una línea recta. La documentación que había conseguido reunir le será confiscada en Lisboa cuando en 1535 regresaba a la península Ibérica.

Huyó a España y en 1538 forma parte de la expedición de Pedro de Alvarado al Pacífico, partiendo de Sevilla. La muerte de Alvarado en 1541 provoca que Urdaneta permanezca en Nueva España para participar en la pacificación de la región.

Felipe II le ordenó que tomara parte como cosmógrafo en la expedición de López de Legazpi al Pacífico en 1559. Cinco años más tarde partía hacia Oceanía, explorando ese territorio para dirigirse después a Nueva España siguiendo un nuevo rumbo ya que se dirigió hacia el norte en busca de los contraalisios y la corriente de Kuro Shivo, lo que le permitió alcanzar California y recorrer la costa de Nueva España llegando hasta Acapulco en 1565. De esta manera descubría la ruta más rápida entre Asia y Oceanía, posibilitando la posterior colonización de Filipinas.

Desde la costa oriental de Nueva España se realizan las expediciones del Pacífico en un esfuerzo por encontrar el nuevo camino de Asia, compitiendo con los portugueses. Es la segunda parte del viaje, de nuevo el mar.
Encontrar las tierras de la especiería fue el sueño de Colón y el principal motivo de los sucesivos viajes que tuvieron lugar en el siglo XVI por aguas del Pacífico.

Una exploración emblemática fue la de Magallanes, descubridor de las Filipinas, y Elcano, continuador del viaje y primer español en dar la vuelta al mundo. Ellos fueron el arranque de las sucesivas expediciones que tuvieron lugar a lo largo del siglo.
García de Loaísa, en 1525, siguió los pasos de Magallanes por orden del emperador, en su empeño por llegar a las Molucas. Alvaro de Saavedra en 1527 fue con intención de descubrir otras islas y tierras productoras de especias y Villalobos, en 1542, partió del puerto de Navidad, para asegurar el control de aquellas islas del Pacífico que estuviesen bajo jurisdicción española.

Fue LEGAZPI en 1564 el que salió con la misión de colonizar las Filipinas y encontrar un camino de regreso para comunicar ambos continentes. Muchos quintales métricos de especias cambiarían por completo los modos de funcionamiento de los mercados europeos.

Andrés de URDANETA descubrió el "tornaviaje" en 1565, una nueva ruta por el Norte que escapaba de los temibles alisios. Este descubrimiento permitió la existencia de una comunicación regular entre Filipinas y Nueva España.
En el virreinato, un largo camino terrestre -"el Camino de los Virreyes"- comunicaba la ciudad atlántica de Veracruz con la capital, y ésta con el puerto de Acapulco, en el Pacífico, a través del llamado "Camino de Asia".

Filipinas situada en el trópico y rodeada del océano Pacífico y de los mares de China y de las Célebes, está compuesta por más de siete mil islas.
Filipinas ha sufrido durante su historia los efectos devastadores de los temblores y terremotos: cuenta con más de cincuenta volcanes.
Filipinas, formada por un crisol de pueblos e influencias diversas ha sido punto de encuentro de numerosas migraciones.
Filipinas se puebla de comerciantes extranjeros a partir del siglo X: los musulmanes se implantan en las zonas meridionales y los chinos en Luzón.
Filipinas, de baja densidad de población y con formas de cultivo itinerantes era un país sin ciudades, su urbanización coincide con la llegada de Occidente en el siglo XVI.
Filipinas amplía sus relaciones comerciales tras la llegada de los españoles, no sólo con los países de su entorno, sino con otros mucho más lejanos, a través de una amplísima red comercial que unía todos los continentes.
Filipinas se mantuvo bajo la Corona española hasta 1898, mientras, muchos de los territorios vecinos pasaban a estar, sucesivamente, bajo la influencia de diferentes potencias europeas: Portugal, Francia, Holanda, Gran Bretaña, ...

RELACIONES INICIALES ENTRE MÉXICO Y JAPÓN.


España, después de conquistar las Filipinas realizaba todo tipo de intercambio con Oriente a través de la Nueva España, nombre que a la sazón tenía el territorio que actualmente es México. El espíritu explorador y de aventura que se había desarrollado en España, hizo renacer su inquietud de siempre de llegar al Japón para incrementar su comercio.

En 1561 Fray Andrés de Urdaneta recibió ordenes de que, siguiendo la ruta de Acapulco a las Filipinas, buscara unas islas que debieran estar entre el continente americano el chino, en especial aquellas islas japonesas ricas en oro y plata.


Sin embargo, fue hasta enero de 1564 cuando Fray Andrés de Urdaneta zarpó del puerto Barra de Navidad con la flota de expedición dirigida por Miguel López de Lagaspi, y con la orden de la Audiencia de México, de que en caso de encontrar dichas islas, deberían tratar amistosamente sus habitantes, quienes ya tenían fama de ser excelentes trabajadores.


En el año de 1567, Legaspi envió al Rey de España, Felipe IX el informe que existían grandes islas en Filipinas, como Luzón y Midoro, mismas que fueron colonizadas por su expedición, y donde chinos y japoneses llegaban para fomentar su comercio.

En 1575, Juan Pacheco Maldonado informó a Felipe I sobre el comercio que realizaba Japón en Filipinas. Este era muy extenso, con variados artículos de intercambio, ya que los barcos japoneses que llegaban a Manila llevaban trigo, carne salada, cuchillería, biombos, jaulas, vasijas con dibujos de oro sobre laca, abanicos de papel, etc.

Al regresar, su carga consistía en oro, piel de venado, vasijas de barro, ahuizcle, seda cruda, vino, espejos y otras mercancías europeas que habían sido enviadas desde México. Los españoles que visitaban Filipinas, algunos de ellos nacidos en México, tenían su centro de actividades en este país. Así fue como se inició el primer contacto comercial entre México y Japón.


En 1609, ocurrió el acontecimiento histórico muy importante entre la Nueva España y Japón; Don Rodrigo de Vivero, Gobernador de las Filipinas en su viaje de regreso a México, naufragó frente a las costas del Japón.

Los japoneses auxiliaron a 370 náufragos y les brindaron su hospitalidad durante el tiempo que hubieron de permanecer en Japón. Asimismo Vivero fue recibido por el segundo Shogun Tokugawa en el Estado actual de Tokio, y posteriormente, se entrevistó con Ieyasu (fundador del Shogunato Tokugawa) en Sumpu, actual prefectura de Shizuoka.

En la segunda entrevista que Vivero tuvo con las autoridades del gobierno japonés, se hicieron negociaciones sobre intercambio comercial, navegación, cooperación técnica y sobre divulgación de la fe Cristiana. Vivero solicitó que en la costa oriental de Japón se construyera una factoría con instalaciones de almacenes y astilleros para los barcos españoles. También requirió que se construyeran templos para ser atendidos por los misioneros españoles, y que a todas las delegaciones enviadas el Rey de España les fuera dispensado un trato honroso, así como se prestara toda la ayuda necesaria a los españoles en caso de naufragio. Además demandó que se expulsaran a los holandeses de la isla con quienes Japón mantenía tratos comerciales.


Ieyasu pidió a Vivero la apertura del comercio con España, y el envío de mineros especialistas en plata, pilotos y marineros de la Nueva España, ya que en esa época Japón carecía de la tecnología occidental y prácticamente se encontraba en desventaja en cuando al desarrollo de dichas técnicas.

Después de permanecer por un tiempo visitando las islas japoneses, Vivero partió con su misión y con algunos japoneses del puerto de Uraga hacia Acapulco, en el Barco de San Buenaventura de 120 toneladas, construido anteriormente en Japón con la ayuda técnica del ingeniero inglés William Adams, según indicaciones dadas por Ieyasu.

Luis de Velazco II, Virrey de la Nueva España dio una buena acogida a los jóvenes que llegaron con Rodrigo de Vivero en México, y convocó a su consejo, en donde se discutió el envío de la expedición para descubrir las fabulosas islas abundantes en oro y plata, que suponían existir en Japón.

En esta junta se decidió enviar una misión bajo el mando de Sebastián Bizcaino, en viaje directo al Japón, para agradecer a Ieyasu e Hidetada la hospitalidad brindada a Vivero y devolver los cuatro mil ducados que Vivero debía al Japón, además del costo del Barco de Buenaventura.


Vizcaíno salió de Acapulco el 22 de marzo de 1611y llegó a Uraga el 10 de junio del mismo año, llevando consigo la respuesta del virrey a la carta de Ieyasu, los retratos del Rey de España, de la Reina y del Príncipe, también regalos, entre otros un reloj hecho en Madrid en 1581, el primero que se vio en Japón y que actualmente forma parte del tesoro del templo Toshogu del monte Kuno.

Después de su visita a Edo y Sumpu, Vizcaíno organizó una expedición para emprender la infructuosa búsqueda de las "islas ricas de oro y plata". Además la situación política japonesa había cambiado notablemente, comparada cuando estuvo Vivero, de modo que Vizcaíno no pudo concretar nada en sus negociaciones.

















> Invitado ha escrito:
> LOS VASCOS Y LOS PUEBLOS HISPÁNICOS
>
> Navarros y vascos están de lleno metidos en los procesos germinales de Castilla, de Aragón y de España. Por ejemplo, la interacción del pequeño reino de Navarra con el Califato de Córdoba en los siglos IX y X, es uno de los episodios más ilustrativos del proceso formativo de Castilla, que adquiere jerarquía de reino a partir de entonces.
>
> En el siglo XV, los vascos -a diferencia de los catalanes- no sufrieron con la unión de Castilla y Aragón. Por el contrario, el partido que tomaron las provincias vascongadas en la guerra entre Isabel y Fernando y Alfonso V El Africano de Portugal, los castellanos partidarios de La Beltraneja, y el rey Luis XI de Francia, les ganó el favor del triunfador y el reconocimiento de sus fueros, jurados solemnemente el 30 de julio de 1476 por Fernando bajo la sombra del roble de Guernika.
>
> Para ese momento, en catalán se habían escrito los colosales monumentos de Ramón Llull y Muntaner y se estaba escribiendo El caballero Tirant Lo Blanc. En euskera no se había escrito nada. Muy distinta habría sido la suerte de los vascos -y la de Isabel y Fernando- si éstos hubieran estado del lado del rey portugués y no hubiesen sido aliados de la reina castellana y el rey aragonés y no hubiesen detenido en Fuenterrabía al ejército de Luis XI.
>
> El hecho fue que los vascos fueron el apoyo más constante y decisivo, de Isabel y Fernando, en sus momentos más difíciles. Ello ayudó a que, conservando sus fueros, los vascos disfrutaran de eminentes posiciones de prestigio, poder y privilegio, desproporcionados a su población, a partir del momento cuando Castilla conquista Granada en 1492, y en el siglo XVI absorbe a la mayor parte de España y engulle al nuevo mundo y el castellano llega a los niveles de perfección y belleza de su "siglo de oro".
>
> Un divertido pero muy fiel y veraz testimonio de esta realidad, lo da Sancho Panza, cuando en su carácter de gobernador de la Insula Barataria pregunta: "¿Quién es aquí mi secretario?", a lo cual uno de los presentes responde: "Yo, señor, porque se leer y escribir, y soy vizcaíno...". "Con esa añadidura" -comenta Sancho- "bien podéis ser secretario del mismo emperador".
>
> Los vascos -a diferencia de los catalanes- no estuvieron excluidos de la conquista de América. Para todo efecto legal y práctico los vascos eran súbditos del rey de Castilla.
> A pesar de su reducida población -nunca han sido muchos- las individualidades vascas destacan en el descubrimiento y la conquista de América. El navegante que realiza la mayor proeza de navegación de todos los tiempos, fue el vasco Juan Sebastián Elcano. Acompañando a Magallanes fue él, quien por elección de la marinería sobreviviente, capitaneó el primer viaje de circunferencia del mundo, cuando el irascible portugués murió flechado.
>
> El más loco de todos los enloquecidos conquistadores fue el vasco Lope de Aguirre. Descendiendo de las alturas de los Andes peruanos, Aguirre bajó por el Marañón y el Amazonas hasta salir al mar y por allí llegó a la isla de Margarita en las costas de Venezuela, donde el fantasma del Tirano Aguirre todavía espanta sus playas y al poblado de Puerto Fermín, se le llama alternativamente El Tirano. Y si este vasco fue cruel y sanguinario, otro vasco fue el santo y bondadoso primer obispo de México, Juan de Zumárraga, defensor de los Indios, cuya carta a Carlos V es uno de los documentos cimeros de la historia de la defensa de los derechos humanos.
>
> El Paraguay fue colonizado por el vasco Irala, México occidental por el vasco Francisco de Ibarra, las Filipinas por los vascos Legazpi y Urdaneta.
> El papel de la Compañía Guipuzcoana en la formación de Venezuela en el siglo XVIII fue decisivo. El más universal e inspirado caudillo de la emancipación de los pueblos hispánicos de América, Simón Bolívar era descendiente de vascos; Urdaneta, y Arizmendi, fueron los caudillos de los dos extremos oriental y occidental de una Venezuela que se estaba formando.
>
> El último y más feroz caudillo realista de la guerra de emancipación americana, que murió en el Alto Perú peleando por un rey que no se lo merecía, fue el vasco Pedro Olañeta. Con mucha razón el vasco Miguel de Unamuno, ve la presencia vasca en la formación de los pueblos hispánicos de América, como el principal factor de su personalidad histórica. No anda descaminado.
>
> La historia de Chile y la de Venezuela no podrían escribirse si excluyen de su quehacer, a los inconfundibles apellidos vascos. Yo mismo, humilde escribidor, con mi apellido vasco a cuestas que ya va para dos siglos y siete generaciones que pasó a esta orilla del Atlántico, me siento vasco, me creo vasco y de tanto sentirme y creerme siento como mío al pueblo de donde salió uno de mis remotos abuelos. En todos los procesos históricos y culturales de Castilla del siglo VIII al XVI y los de España y América del siglo XVI a nuestros días, los vascos tuvieron posiciones de enorme peso y relevancia política, cultural y religiosa.
>
> Pero a diferencia de los catalanes, los vascos no sufrieron -en calidad de entidad regional o cultural- ninguna catástrofe política, hasta su adscripción al partido Carlista en los conflictos que se iniciaron en la guerra civil de 1833 a 1840; que se repitió en 1872 y que se metastaseó en la espantosa y fratricida guerra que estalla en 1936, cuando un sector predominantemente navarro, los "requetés" Carlistas, se sumó a la rebelión franquista, mientras varias personalidades y partidos vascos apoyaron, lucharon y murieron por la República, como extremos de una realidad más compleja, en la cual no hace falta meterse para demostrar lo que aquí razono.
>
> LOS VASCOS DEL SIGLO XIX
>
> Por una y mil causas, a mediados del siglo XIX, se produjo un intenso proceso de industrialización del País Vasco, menos intenso o ausente en el resto de España, salvo Cataluña. En poco tiempo con el hierro de sus minas en Vizcaya y Guipúzcoa se fabricó acero y con el acero vasco, los vascos construyeron barcos, bicicletas, armas, maquinarias y ferrocarriles.
>
> Desarrollando un talento financiero conspicuamente ausente en Madrid, que antes y después de la "restauración" había pasado de ser un molesto y soportable quiste de burócratas a convertirse en un insoportable tumor de parásitos, los vascos especialmente los bilbaínos, organizaron bancos que financiaron telares, fábricas de papel y empresas de toda índole, generando una riqueza que la perezosa burocracia madrileña dilapidaba alegremente.
>
> Una formidable generación de empresarios vascos, modernos, eficientes, trabajadores -entre los cuales se destacaron Víctor Chávarri, la familia Ybarra, Horacio Echavarrieta, Eduardo Aznar, Federico Echavarria, y muchos más- crearon riqueza y prosperidad. Con ello, la población vasca, siempre equilibrada o en merma, por la constante emigración de vascos a todas partes del mundo, se enriqueció y con ello, creció su animadversión por el estéril centralismo de Madrid.
>
> Ello se enredó con los movimientos románticos de autonomía cultural propios del siglo XIX como la Renaixensa catalana pero se envenenó de un nacionalismo xenófobo racista y enfermizo. La curiosa singularidad de la historia y la cultura del pueblo vasco -indudable e innegable- empezó entonces un proceso de idealización y tergiversación y falsificación que condicionó la visión demencial que de ellos mismos tomaron algunas minorías de las nuevas generaciones de vascos, que llevaron a algunos grupos a transitar por los peligrosos caminos del fanatismo nacionalista que conducen al abismo de la violencia irracional que como cáncer maligno, se nutre de su propio veneno.
>
> LA FALACIA DEL EUSKERA
>
> Si es cierto que los derechos históricos forales vascos son innegables y su fuerte carácter regional les otorga un derecho histórico a la autonomía de su gobierno local como la que han logrado y hoy disfrutan; a diferencia de Cataluña y del catalán, con la lengua vasca no había ni hay nada que hacer "renacer" porque no hay, ni ha habido nunca, nada que merezca llamarse "literatura vasca".
>
> Los derechos forales vascos se escribieron en castellano. El primer libro escrito y publicado en lengua vasca vio la luz, con la rareza de un fósil en 1545, cuando el quechua, el aymará, el nahua, el tolteca, el maya y el guaraní -que eran y son lenguas más ricas, expresivas y desarrolladas- eran vertidas al alfabeto fonético castellano y transcritas o traducidas sus expresiones literarias a la lengua de Castilla y vaciadas en ellas los catecismos y leyes del nuevo orden hispánico de América. Nada de eso sucedió en el País Vasco, porque no era necesario.
>
> Las crónicas históricas de Castilla y Cataluña se escribieron por orden de sus monarcas en el siglo XIII en castellano y catalán. Las primeras historias regionales de las provincias vascas, son una artificialidad propia del siglo XIX, y no una genuina expresión de realidades.
>
> La primera sistematización de la lengua vasca, que no merece el nombre de gramática, fue la del jesuita Manuel de Larramendi, del siglo XVIII. El enigma de su origen llevó en 1815 a Juan Bautista Erro al disparate mayúsculo de afirmar que el euskera era la lengua de Adán.
>
> El innegable hecho que no existen expresiones literarias vascas ni nada en lengua vasca que se parezca ni remotamente al Cantar del mío Cid o al Quijote en castellano, a Os Lusíadas en Portugués, ni a la colosal obra del formidable Ramón Llull, las Crónicas de Muntaner o al Tirant lo Blanc de Martorell en catalán o al Popol Vuh de los mayas, se intentó contrariar creando una literatura artificial e indigestible para nadie por lo fea, tosca y dura e ilegible para la mayoría de los vascos.
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> La verdad es que si no hay, ni ha habido literatura vasca escrita en lengua vasca, sí ha habido y hay una riquísima y hermosísima literatura vasca escrita en castellano. En esa literatura vasca se expresa con el poder, la riqueza la belleza y la universalidad del castellano, la fuerte personalidad e idiosincrasia del pueblo vasco.
>
> El carácter vasco se manifiesta en la vida y la obra de un Ignacio de Loyola. Su ascetismo, su disciplina, su fervor, su autoritarismo, son vascos, ¡vasquísimos! Si Ignacio de Loyola hubiera escrito sus Ejercicios espirituales o los Estatutos de la Compañía de Jesús en euskera, ni los jesuitas habrían sido lo que fueron, ni Ignacio de Loyola, habría sido el vasco más famoso e influyente de la historia. Y el que no lo escribiera en vasco, no le resta un gramo al vasquismo de la vida y la obra de Loyola. Ni uno. El carácter y la vida de los vascos se expresa torrencialmente en las obras del vasco Pío Baroja -para mi gusto- el más grande novelista español del siglo XX.
>
> Ninguna obra escrita en la tosca y pétrea lengua vasca podría jamás expresar lo que Baroja trasmite de los vascos en sus Trilogías de la tierra vasca, La casa de Aizgorri, El mayorazgo de Labraz o Zalacaín, el aventurero. Los agridulces personajes barojianos, unos desequilibrados, otros aventureros de alma generosa y noble, todos de un humor y una conducta lógica y a la vez absurda, son lo más vasco que pueda darse.
>
> LAS MENTIRAS DE SABINO
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> Pero cada cabeza de vasco es un mundo y cada pluma vasca pinta a su pueblo y escribe su historia, no como fue, sino como quisiera que hubiese sido y quiere que sean.
>
> Pío Baroja pinta a los vascos como un agregado contradictorio de carlistas y anarquistas, aventureros del mar y contrabandistas de la montaña, ilusos y pragmáticos. Ramiro de Maeztu, interpreta el dinamismo económico vasco del siglo XIX como el factor esencial de la historia vasca. Unamuno ve la historia vasca como parte esencial e integral de la historia castellana, y como tal, parte integral de la historia de los pueblos hispánicos de España y de América.
>
> En el variado menú de literatura vasca, mi gusto se inclina a favor de quien veo como el mejor y más cabal intérprete del significado histórico de Castilla en la formación de los pueblos hispánicos y de la participación que en ella tuvieron los vascos: el vasco Miguel de Unamuno.
>
> Desde Ramón Llull, en el siglo XIII hasta Andrés Bello en los comienzos del siglo XIX, los pueblos hispánicos no han producido un genio enciclopédico de las letras más universal, más rico, más variado, más atractivo que el vasco Miguel de Unamuno. Y no hay vasco que sea más vasco que Don Miguel ¡mecáchis!
>
> En el otro extremo del desacierto, y fuera del campo de la interpretación histórica filológica o literaria -no podría estar dentro de ella- en el siglo XIX, aparece Sabino Arana (1865-1903) creador de un movimiento político que definía a los vascos como nacionales de un país con un derecho natural y racial a la secesión y la independencia de España. Arana olvida el aporte vasco a su creación y engrandecimiento, y niega que fuera parte de ella. Así fue como en un momento histórico fértil para la germinación de disparates parecidos, Sabino Arana sembró el veneno de una república vasca independiente, constituida por siete provincias, formada por Vizcaya, Guipuzcoa y Alava, las tres provincias vascas francesas, y falsa y arbitrariamente, a Navarra.
>
> Cuando el esperpento del orden político creado por Cánovas del Castillo colapsó en la dictadura militarista y cuasi fascista de Miguel Primo de Rivera en 1923, y ello llevó a la caída de la monarquía en abril de 1931, un sector del separatismo vasco pensó que era su hora en la II República Española, que surgió de allí.
>
> Sin entrar en muchos detalles, este contexto histórico-político, fue favorable para que un grupo de poetas vascos; Lizarde, Lauxeta, y Orixe, intentaran la tarea de inventar una literatura vasca que en el milenio de su existencia no se había producido.
>
> La guerra que estalló en 1936 y el bombardeo de la histórica población de Guernica por la aviación nazi aliada de las fuerzas nacionales, cuyo recuerdo todavía hace vibrar la indignación a toda persona sensata y sensible, fue -en todo sentido- una tragedia cuyas repercusiones se sienten en nuestros días.
>
> Sin dejarme arrastrar por la alienante polémica política, que no tiene cabida en un ensayo de estas dimensiones y propósitos, el hecho fue que, sea cual fuere la opinión que se tenga y el lado que se ocupe en la cuestión autonómica de los vascos, lo cierto es que la lengua vasca es el castellano. No hay movimiento político, por más exitoso y popular que sea, o por más violencia que practique, que pueda rehacer la historia al extremo de inventarla, y mucho menos, que pueda darle a la lengua vasca una historia que no tiene y unas expresiones literarias que nunca tuvo. Todo intento por imponer tamaña artificialidad coactivamente, es un salto atrás.
>
> El euskera es un anacronismo sin pasado ni futuro posible. Encerrarse en una lengua pobre, apta para servir de lengua clandestina de contrabandistas y guerrilleros, inadecuada para recoger o expresar cultura, es el mayor desatino imaginable. La lengua del pueblo vasco ha sido, es y será el castellano. Punto. En ella se expresaron Ignacio de Loyola, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Miguel de Unamuno y tantos otros, que son la mayor y más auténtica gloria del pueblo vasco y que como tales, son honra y patrimonio de la cultura de todos los pueblos hispánicos.
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>> Zaldumbide ha escrito:
>> CARTA A FELIPE II
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>> “Rey Felipe, natural español, hijo de Carlos invencible.
>> Lope de Aguire, tu mínimo vasallo, cristiano viejo, hijo de medianos padres, en mi prosperidad hijodalgo, natural vascongado, en los reinos de España, vecino de la villa de Oñate.
>> En mi mocedad pasé el mar océano a las partes del Perú por valer más y por cumplir con la deuda que debe todo hombre de bien. Con la lanza en la mano, en veinti*cuatro años te he hecho muchos servicios en el Perú, con conquistas de indios y en poblar pueblos en tu servicio, especialmente en batallas y reencuentros en que me he bailado por tu real Corona y nombre conforme a mis fuer*zas y posibilidad, sin importunar a tus oficiales por paga ni socorro, como parecerá por tus reales libros.
>>
>> Bien creo, excelentísimo señor, aunque para mi y para mis compañe*ros nos hayas sido cruel e ingrato, que por tan buenos servicios como has recibido de nosotros me creerás en lo que dijere, aunque también creo que te deben engañar los que te escriben de estas tierras, como estás tan lejos de ellas.
>>
>> Avísote, rey español, que estos tus Reinos de Indias tienen necesidad que haya toda justicia y rectitud para tan buenos vasallos como en estas tierras tienes, aunque yo, por no poder sufrir más las crueldades que usan tus oido*res, visorrey y gobernadores,
>>
>> HE SALIDO de hecho con mis compañeros cuyos nombres después diré, DE TU OBEDIENCIA, desnaturarnos de nuestras tierras que es España, para hacerte en estas partes la más cruel guerra que nuestras fuerzas pudieren sustentar y sufrir.
>> Esto cree, rey y señor, nos ha hecho no poder sufrir los grandes pechos, premios y castigos injustos que nos dan tus ministros, que por re*mediar sus hijos y criados, nos han usurpado y robado nuestra fama, vida y honra, que es lástima oír el mal tra*tamiento que se nos ha hecho.
>>
>> Y yo, manco de mi pierna derecha, de dos arcabuzazos que me dieron en el valle de Chuquinga con el mariscal Alonso de Alvarado, siguiendo tu voz y apellido contra Francisco Hernández Girón, rebelde a tu servicio como yo y mis compañeros somos y seremos hasta la muerte, por*que ya de hechos hemos alcanzado en estos reinos cuán cruel eres y quebrantador de tu fe y palabras, y tenemos en estas tierras tus perdones por de menos crédito que los libros de Martin Lutero, pues tu virrey marqués de Cañe*te, malo, lujurioso, ambicioso y tirano, ahorcó a Martín de Robles, hombre señalado en tu servicio, y al bravoso To*más Vázquez, conquistador del Perú, y al triste de Alonso Díaz, que trabajó más en el descubrimiento que los pobla*dores de Moisés en el desierto, y a Piedrahita, buen capi*tán, que rompió muchas batallas en tu servicio, y en Pucara ellos te dieron la vida, porque si ellos no se pasaran, hoy fuera Francisco Hernández rey del Perú.
>>
>> No tengas en mucho el servicio de estos tus oidores que te escribieron haberte hecho, porque es muy gran fábu*la si llaman servicio haberte gastado ochocientos mil pe*sos de tu real caja para sus vicios y maldades.
>> Castígalos como a malos, que cierto lo son. Mira, mira Rey español, que no seas cruel a tus vasallos ni ingrato, pues estando tu padre y tu en los reinos de Castilla sin ninguna zozo*bra, te han dado tus vasallos, a costa de su sangre y ha*cienda, tantos reinos y señoríos como en estas partes tienes.
>>
>> Mira, Rey y señor, que no se puede llevar con título de rey justo ningún interés de estas partes donde no aven*turaste nada, sin que primero los que en estas tierras han trabajado y sudado sean gratificados sus servicios.
>>
>> Por cierto tengo que VAN POCOS REYES AL INFIERNO por*que sois pocos, que si muchos fuérades, ninguno pudiera ir al cielo, porque creo que allí seríades peores que Luzbel, según tenéis ambición, sed y hambre de hartaros de sangre humana.
>>
>> Mas no me maravillo ni hago caso de vosotros, pues os llamáis siempre menores de edad. Y así, Rey señor, te juro y hago voto solemne a Dios de que yo y mis dos*cientos arcabuceros marañones, conquistadores, hijosdalgo, de no te dejar ministro tuyo, porque ya sé hasta donde llega tu clemencia. El día de hoy nos hallamos los más bienaventurados de los nacidos por estar como estamos en estas partes de las Indias teniendo la fe y mandamientos de Dios enteros, aunque pecadores en la vida, sin corrup*ción, como cristianos, manteniendo lo que predica la santa madre iglesia de Roma, y pretendemos, aunque pecadores, recibir martirio por los mandamientos de Dios.
>>
>> A la salida que hicimos del Río de las Amazonas, que se llama el Río del Marañón, vine a una isla poblada de cristianos, que tiene por nombre La Margarita, y en ella vi unas relaciones de España que habían venido entonces de la gran cisma que había en ella de luteranos que nos han puesto temor y espanto, y en nuestra compañía venía un alemán que se llama Monteverde, al cual mandé hacer pedazos: los hados le darán la pena de los cuerpos. Donde nosotros estuviéramos, excelente príncipe, cumple que vivan perfectamente en la fe de Cristo.
>>
>> Especialmente es tan grande la disolución de los frai*les en estas partes, que cierto conviene que venga sobre ellos tu ira y castigo, porque ya no hay ninguno que pre*suma de menos que de ser gobernador.
>>
>> Mira, mira, Rey, no les creas, pues las lágrimas que allá echan, delante de tu real presencia, es para venir acá a mandar. Si quieres saber la vida que por acá tienen es entender en mercade*rías, procurar y adquirir bienes temporales y vender por precios los sacramentos de la iglesia, enemigos de pobres, ambiciosos, glotones, soberbios, de manera que por míni*mo que sea un fraile, pretende mandar y gobernar estas tierras. Por remedio, Rey y señor, porque de estas cosas y malos ejemplos no está cumplida ni fijada la fe en los naturales. Mas te digo, que si esta disolucién de estos frailes no se quita, no faltarán escándalos.
>>
>> Aunque yo y mis compañeros, por la gran razón que tenemos, nos hayamos determinado a morir, y esto cierto y otras cosas pasadas, singular Rey, tu has dado la causa, por no te doler del trabajo de tus vasallos.
>> Si no mira lo mucho que les debes, que si tú no miras por ellos y te descuidas con estos oidores, nunca acertarás en el gobierno de tus reinos, y por cierto no hay para qué presentar testi*gos más de avisarte cómo estos tus oidores tiene cada uno de acostamiento por año cuatro mil pesos, y ocho mil pesos ahorrados y heredamientos y posesiones, y con todo esto si se contentasen con servirlos como a hombres medio mal seríamos.
>>
>> Por nuestros pecados quieren que donde quiera que los topemos, nos hinquemos de rodillas y los adoremos como a Nabucodonosor, cosa cierto insufrible, y no porque yo como hombre lastimado y manco de mis miembros en tu servicio y mis compañeros viejos y cansados en lo mismo, te he de dejar de avisar que no lies en estos letrados tu real conciencia, porque no cumple a tu real persona, con éstos que se les va todo el tiempo en casar hijos e hijas y traen por refrán: A tuerto o a derecho, nuestra casa hasta el techo.
>>
>> Pues los frailes a ningún hombre pobre quieren predi*car y están aposentados en los mejores repartimientos del Perú. La vida que tienen es áspera y fragosa, porque cada uno de ellos tiene por penitencia en sus cocinas una do*cena de mozas no muy viejas y otros tantos muchachos que les van a pescar, pues a matar perdices y traer fruta. Todo el repartimiento es poco.
>> En fe de cristiano te juro, Rey señor, que si no pones remedio en los males de estas tierras, que te ha de venir azote del cielo, y esto dígolo por avisarte de la verdad, aunque yo y mis compañeros no esperamos de ti miseri*cordia. ¡Ay, ay! Qué lástima tan grande que el emperador tu padre conquistase con la fuerza de España la superva Germania y gastase tanta moneda llevada de estas Indias descubierta por nosotros, y que no te duelas de nuestra vejez y cansancio siquiera, y matarnos la hambre y sed.
>>
>> Sabes que sabemos en estas partes, excelente Rey y señor, que conquistastes a Alemania con armas y Alema*nia conquistó a España con vicios, de que cierto nos ha*llamos acá más contentos con maíz y agua sola por estar apartados de tan mala roña, que los que en ella han caído pueden estar con sus vicios y regalos. Anden las guerras por donde anduvieren, pues para los hombres se hicieron, mas en ningún tiempo por adversidad que nos venga no dejaremos de ser sujetos y obedientes a los preceptos de la madre santa iglesia de Roma.
>>
>> No podemos creer, excelente Rey y señor, que tu seas cruel para tan buenos vasallos como en estas partes tienes, sino que estos malos oidores y ministros lo deben de hacer sin tu consentimiento.
>>
>> Dígolo, Rey y señor, porque en la ciudad de los Reyes dos leguas junto a la mar, se des*cubrió una laguna donde se cría algún pescado, que Dios lo permitió que fuese así, y estos tus oidores y oficiales de tu persona por aprovecharse como lo hacen del pescado y aquel regalo y vicios, los arriendan en tu nombre, dándo*nos a entender como si fuesen inhábiles que es por tu vo*luntad.
>> Si ello es así, déjennos pescar algún pescado siquiera, porque trabajamos en descubrirlo, porque el rey de Castilla no tiene necesidad de cuatrocientos pesos que es la cantidad porque se arrienda, y pues, esclarecido Rey no te pedimos mercedes en Córdoba, ni en Valladolid ni en toda España que es tu patrimonio, duélete, señor, de alimentar a los pobres cansados en los frutos y réditos de esta tierra, y mira, Rey y señor, que hay Dios para todos, igual justicia y premio, paraíso e infierno.
>>
>> En el año de mil y quinientos cincuenta y nueve dio el marqués de Cañete la jornada de las Amazonas a PEDRO DE ORSÚA, navarro y por mejor decir francés. Tardó en hacer navíos hasta el año de mil y quinientos sesenta en la provincia de los Motilones, que es en términos del Perú, y porque los indios andan rapados a navaja se llaman Mo*tilones.
>> Estos navíos por ser la tierra donde se hicieron lluviosa, al tiempo de echarlos al agua se nos quebraron los más de ellos e hicimos balsas y dejamos los más caba*llos y haciendas y nos echamos por el río abajo con hartos riesgos de nuestras personas. Luego topamos los más pode*rosos ríos del Perú, de manera que nos vimos en golfo dulce. Caminamos de primera faz trescientas leguas desde el embarcadero donde nos embarcamos la primera vez.
>>
>> Fue este mal gobernador tan perverso y ambicioso y miserable que no le pudimos sufrir y así por ser imposible relatar sus maldades y por tenerme por parte en mi caso como me tendrán, excelente Rey señor, no diré más de que LE MATAMOS, muerte cierto bien breve, y luego a un mancebo, caballero de Sevilla que se llamaba don Fernan*do de Guzmán, le alzamos por nuestro Rey y le juramos por tal, como tu persona real verá por las firmas de todos los que nos hallamos aquí, que quedan en la isla de La Margarita, en estas Indias, y a mí me nombraron por su maestre de campo, y porque no consentí en sus insultos y maldades, me quisieron matar, y YO MATÉ AL NUEVO REY, y al capitán de su guardia, y a su teniente general, y a cua*tro capitanes, y a su mayordomo, y a su capellán, clérigo de misa, y a una mujer de la liga contra mí, y a un comen*dador de Rodas, y a un almirante, y dos alférez, y otros cinco o seis aliados suyos; y con intención de llevar la gue*rra adelante y morir en ella por las muchas crueldades que estos vuestros oidores usan con nosotros. Nombré de nuevo capitantes y sargento mayor, y luego me quisieron matar, y YO LOS AHORQUÉ A TODOS
>> .
>> Caminando nuestra derrota y pasando todas estas muer*tes y malas venturas en este río Marañón, tardamos, hasta la boca de la mar del Norte, más de diez meses y medio. Caminamos cien jornadas justas. Anduvimos MIL Y QUINIENTAS LEGUAS justas por río grande y temeroso. Tiene de boca ochenta leguas de agua dulce, y no como dicen, por muchos brazos. Tiene grandes bajíos, ochocientas leguas de desierto sin género de poblado como tu Magestad lo verá por una relación que hemos hecho bien verdadera.
>>
>> En la derrota que corrimos tiene más de seis mil islas. ¡Sabe Dios como escapamos de este lago temeroso! Dígote, Rey y señor, no proveas ni consientas que se haga ninguna armada para este río tan mal afortunado, porque en fe de cristiano te juro, Rey y señor, que si vinieren cien mil hombres ninguno escape porque la relación que otros dan es falsa y no hay en el río otra cosa sino desesperar, espe*cialmente para los chapetones de España.
>>
>> Los capitantes y oficiales que al presente llevo que prometen de morir en esta demanda como hombres lasti*mados son los siguientes: Juan Jerónimo de Espindola, genovés, capitán de infantería; Juan Gómez, almirante~ Cristóbal García, capitán de infantería, los dos andaluces. El capitán de a caballo Diego Tirado, andaluz, que tus oidores, Rey y señor, le quitaron con grande agravio indios que había ganado con su lanza. Mi capitán de la guardia Roberto de Sosaya y su alférez Nuflo Hernández, valen*ciano y Juan López de Ayala, de Cuenca, nuestro pagador; alférez general Blas Gutiérrez, conquistador, de veinticinco años; Juan Ponce, natural de Sevilla y Custodio Hernán*dez, alférez, portugués; Diego de Torres, alférez navarro; sargento Pedro Rodríguez Viso y Diego de Figueroa; Cris*tóbal de Ribas, conquistador; Pedro de Rojas, andaluz; Juan de Saucedo, alférez de a caballo; Bartolomé Sánchez Paniagua, nuestro barrachel; Diego Sánchez Bilbao, pro*veedor; García Navarro veedor general y otros muchos hijosdalgo de esta liga, ruegan a Dios Nuestro Señor te aumente siempre en bien y ensalce en prosperidad contra el turco y franceses y todos los demás que en esas partes te quisieren hacer guerra, y en éstas nos de Dios gracia que podamos alcanzar por nuestras manos el premio que se nos debe, pues de derecho nos has negado lo que se nos debía.
>>
>> Hijo de fieles vasallos tuyos en tierra vascongada, yo rebelde hasta la muerte por tu ingratitud. LOPE DE AGUIRRE, EL PEREGRINO.
>>
>> * * *
>>
>> Aguirre, después de premeditarlo largamente, aseguró la llegada del original de esta carta a su destino entregán*dola al sacerdote Contreras, cura de La Margarita, a quien puso en libertad después de exigirle juramento solemne de llevarla en propias manos a la Audiencia Real de Santo Domingo.
>>
>> Contreras, aunque rehusó al principio compro*meterse por juramento, accedió más tarde a jurar, y luego cumplió lo prometido.
>>
>> El original de esta carta, el que estrujaron las reales manos, trémulas por la cólera, de Felipe II, no se conserva. Pero Aguirre tubo buen cuidado de sacar copias de su mi*siva, por lo que en sí mismo suponía, y también, por lo que comprometía a los marañones a quienes enumera en ella.
>> Es inútil que fray Pedro de Aguado en su “Historia de Venezuela”, que constituye algo así como la historia oficial de la expedición de Ursúa, rehúse insertar esta carta en su obra “por ser. demasiado atrevida y desvergonzada”.
>> La misma inaudita singularidad del documento hizo que estas copias se multiplicasen profusamente y fuesen leídas en América con la avidez que la misma clandestinidad ase*gura.
>>
>> Fray Reginaldo de Lizarraga, en su “Descripción bre*ve del Perú”, alude al estilo de Aguirre con un elogio indirecto: “No trato de las cartas que dicen escribía a Su Majestad el Rey nuestro Señor; algunas vi en pedazos, llenas de mil disparates, aunque daba algún poco gusto leerlas, por sólo ver el frasis, que no se quien se lo ense*fló”.
>> Lizarraga comprende que, en una obra destinada a pasar por la censura oficial, el manifestar que leyó entera la carta de Aguirre es excesivo; por eso declara haberla leído “por sólo ver el frasis” y en pedazos, pero la leyó, y, además, a gusto. Hay sentimientos imposibles de disi*mular.
>>
>> La carta de Aguirre a Felipe II, además de sucinta autobiografia, es una critica a fondo de la administracion colonial desde el punto de vista del soldado aventurero puesto a raya por aquella.
>>
>> No cabe duda de que Aguirre exagera los abusos, pero también es indudable que sus denuncias encierran una buena parte de verdad. Detrás de toda guerra, una muchedumbre de razones se agazapa.
>> Lope traduce en su carta el cansancio, las críticas, y en cierto modo, la exasperación de muchos hombres de su tiempo.
>> Pero lo más sorprendente de esta carta, lo que aseguró su traducción a otros idiomas y su difusión por Europa , es el lenguaje de increíble audacia con que Aguirre osa dirigirse a Felipe II, el monarca más poderoso del mundo.
>>
>> Lope de Aguirre se dirige a la sacra real majestad de Fe*lipe II, el sombrío emperador del Orbe, no ya de igual a igual, sino como a “menor de edad”. Ningún hombre, sin duda, se atrevió a decir a Felipe las crudas verdades que Lope de Aguirre le escribió con tan salvaje y tan bella potencia estilista.
>> Al absolutismo del Rey, el Calvino de los conquistadores opone su propio absolutismo. A la in*tangible grandeza de la persona del Rey, el emigrado vasco opone su propia nobleza ultrajada.
>> Aguirre aparece todo entero, tal como era, en este documento impresionante, mezcla extraña de grandeza, de petulante megalomanía, de cinismo, de audacia, y, al último, de humildad. Pero en el conjunto brilla, sobre todo, su capacidad de juicio acerca de una determinada situación política.
>> (Referencia de José de Arteche, escritor e historiador).
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Viejo 20/abr/02, 00:12
inorganico
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Predeterminado 1ª Embajada de JAPÓN en Europa (1.614)

"PRIMERA EMBAJADA A NUEVA ESPAÑA".

De acuerdo con el consejo de los jesuitas que ya se encontraban instalados en Japón para el ejercicio de su misión, tres daimyos (señores feudales) de Kyushu, organizaron la primera embajada japonesa a Europa, la cual se dirigió a través de la ruta Macao, Molucas, India y Cabo de Buena Esperanza, exclusivamente a Portugal y a Roma.

Por otra parte, el fraile franciscano Luis Sotelo propuso a Masumune Date, daimyo de noreste de Japón , una nueva embajada a Nueva España y Europa. Masamune aceptó su propuesta y mandó una delegación del Virrey en Nueva España, al Rey de España y al Sumo Pontífice, con la idea de que fueran enviados frailes de la Orden de San Francisco para la conversión de sus vasallos al cristianismo, y también la posibilidad de adquirir los conocimientos de la tecnología de las minas mexicanas de plata.

Este grupo estaba constituido por tres frailes franciscanos, entre ellos Sotelo, y ciento ochenta japoneses encabezados por Rokuemon Tsunenaga Hasekura.

La misión de Hasekura zarpó el 28 de octubre de 1613 del puerto de Tsukino-Ura en el barco de Mutsu-maru, llamado por los españoles San Juan Bautista, y arribó a Acapulco el 25 de enero de 1614.

De ahí se trasladaron a la capital mexicana en donde el Virrey Diego Fernández de Córdoba recibió afectuosamente al grupo encabezado por Hsekura. En esta ocasión le entregó la Carta de Mesamuve Data con sus proposiciones, entre varias de las cuales requería, misioneros cristianos de la orden franciscana para la evangelización de sus vasallos, pilotos y marinos, libre comercio recíproco de artículos japoneses entre México y Japón, y prometía que expulsaría a los ingleses y holandeses enemigos del Rey de España que llegaran a sus dominios.

La respuesta del Virrey a la propuesta de Masamune Date, fue con cierta reserva, ya que debería esperar la resolución de Madrid a este asunto. La recepción que por su parte ofreció a la delegación japonesa, fue en una casa cercana a la Iglesia de San Francisco de la Ciudad de México, donde les brindó alojamiento.

Precisamente en esta iglesia, fueron bautizados 78 integrantes del grupo y confirmados por el Arzobispo, a excepción de Hasekura, quien sería bautizado posteriormente en Madrid. Dos meses más tarde, Hasekura, Sotelo y sus 20 acompañantes japoneses partieron para Europa, y en su viaje a Veracruz pasaron por las Ciudades de Puebla y Jalapa donde fueron recibidos por grandes fiestas y agasajos. Su salida de Veracruz, junto con junto con Sotelo y parte de su misión, fue el 10 de junio de 1614, pasando por la Habana, para llegar a Sevilla el 5 de octubre de ese mismo año.

Dos años después de su salida hacia Europa, Hasekura volvió a México en febrero de 1617 para seguir su viaje de regreso al Japón. Al llegar a Acapulco, fue recibido entusiastamente por la mayoría de la misión que había quedado en la Nueva España, y encontró que algunos de ellos se habían establecido formando familia en México. Hasekura llamó la atención por la forma de verle vestido a la usanza cortesana de los nobles españoles.

La embajada de Hasekura, acompañado por Sotelo, finalmente zarpó en abril de 1618 con destino a Manila. Cuando llegó al Japón encontró que la religión cristiana había sido rigurosamente prohibida y tuvieron que renunciar a la religión católica y al bautismo que habían recibido en su visita a la corte española.

Los primeros intentos por establecer relaciones comerciales y amistosas entre Japón y México terminaron en fracaso. México no estaba entonces en posibilidades de contestar inmediatamente y positivamente a la solicitud japonesa por estar sujeto a las disposiciones del rey español y por la envidias de los residentes en Manila y Madrid.

Por otra parte, impidió el desarrollo de las incipientes relaciones comerciales con la Nueva España, la lucha de holandeses e ingleses por monopolizar el comercio con Japón, que ya conocían también la rivalidad que existía entre españoles y portugueses en lo comercial y lo religioso.














> inorganico ha escrito:
> Andrés de Urdaneta
> Villafranca de Ordizia 1508 - México 1568
> Navegante y cosmógrafo
> España
>
>
> Participó en 1525 junto a Elcano en la expedición a la Especiería y en las Molucas obtuvo colaboración del rey de Gilolo para luchar contra los portugueses.
>
> En los nueve años que permaneció en las Molucas realizó varios estudios cosmográficos, llegando a la conclusión de que no se podía cruzar el Pacífico siguiendo una línea recta. La documentación que había conseguido reunir le será confiscada en Lisboa cuando en 1535 regresaba a la península Ibérica.
>
> Huyó a España y en 1538 forma parte de la expedición de Pedro de Alvarado al Pacífico, partiendo de Sevilla. La muerte de Alvarado en 1541