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#1
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"Había una vez un sapito que no estaba conforme con su ser sapito y que quería ser cocodrilo. Entonces fue al pantano a buscar al cocodrilo y le dijo: "Yo quiero ser cocodrilo". El cocodrilo le contestó: "No puedes ser cocodrilo porque de por sí eres un sapito". "Sí -dijo el sapito-, pero yo quiero ser cocodrilo. ¿Qué necesito hacer para ser cocodrilo?" El cocodrilo le dijo "No hay que hacer nada, uno nace cocodrilo y así es de por sí, un cocodrilo es un cocodrilo". El sapito le dijo: "Pero yo no quiero ser sapito, yo quiero ser cocodrilo. ¿Usted sabe en dónde o con quién me puedo inconformar por ser sapito y que me dejen ser cocodrilo?" "No sé, tal vez el búho sepa", respondió el cocodrilo. Y entonces el sapito fue a buscar al búho en el bosque. Ahí se encontró con otro sapito y le preguntó por el búho. "Ese sólo trabaja de noche -le respondió el otro sapito-, pero ten cuidado cuando hables con él porque el búho come sapitos". Entonces el sapito esperó a que llegara la noche y mientras esperaba se hizo una su fortificación para protegerse de los ataques del búho. Puso una piedra encima de otra y así hasta que se hizo una pequeña cuevita y ahí se metió. Cuando llegó la noche también llegó el búho, y el sapito, desde dentro de su cueva le preguntó: "Señor búho, ¿usted sabe con quién o dónde me puedo inconformar por ser sapito y exigir que me dejen ser cocodrilo que es lo que yo quiero ser?". "¿Quién me habla y de dónde?", preguntó a su vez el búho. "Yo soy y aquí estoy", respondió el sapito, y el búho se abalanzó para cogerlo con sus garras, pero como el sapito estaba dentro de la cueva, el búho sólo agarró una piedra y se la comió pensando que era un sapito lo que comía. Entonces el peso de la piedra hizo que el búho se cayera al suelo y que mucho le doliera la barriga. "Ay, ay -decía el búho-, ayúdame a sacarme esta piedra de la panza porque si no no puedo volar". El sapito le dijo que le ayudaría sólo si le respondía su pregunta. "Ayúdame primero y luego te respondo", le dijo el búho. "Naranjas -dijo el sapito-, primero dime, porque si te ayudo a sacar la piedra primero entonces me vas a comer y ya no me vas a responder".
"Bueno -dijo el búho-, te voy a responder: con el que tienes que inconformarte es con el león, él es el rey y sabe por qué cada quién es cada cual. Ahora ayúdame a sacar la piedra". "Never de limón la never -respondió el sapito-, porque si te saco la piedra te vas a seguir comiendo sapitos". "Ahí está -dijo el búho-, de balde te quieres inconformar, todavía te preocupas de los sapitos y tú ni siquiera quieres ser sapito". Pero el sapito no le hizo caso y se fue a buscar al león. El león vivía en una cueva y el sapito pensó que no fuera a ser que el león comiera sapitos y tuvo una idea. Se mojó en un charquito y se revolcó en la tierra y así quedó disfrazado de piedrita. Cuando el león salió de su cueva, el sapito le dijo "Señor Rey León, vengo a inconformarme porque soy un sapito y yo quiero ser un cocodrilo". "¿Quién me habla?", preguntó el León. Y el sapito le respondió "Yo soy". "Pero tú eres una piedrita, ¿qué es toda esa historia de sapitos y cocodrilos?", le dijo el León. "Pues vengo a inconformarme porque uno no es lo que quiere ser sino lo que de por sí es", dijo el sapito. "Así es de por sí -dijo el León-, uno es lo que es y no puede ser otra cosa. Lo único que se puede ser es ser bien lo que uno es", dijo el León bostezando filosóficamente. En eso empezó a llover y el lodo que cubría al sapito se lavó y se vio claro que era un sapito y no una piedrita. El sapito no sabía si los leones comen sapitos y mejor se fue saltando de regreso a su charca. Muy triste iba el sapito, brinca brincando, porque uno es lo que es y no puede ser otra cosa y porque lo único que puede ser es ser bien lo que uno es. Tristeando en eso que pensaba, llegó el sapito a su charca y rápido fue a buscar al cocodrilo. Cuando llegó al pantano no encontró al cocodrilo. Lo buscó por todos lados y no lo encontró. Le preguntó a los otros animales y éstos le respondieron "¿No sabías? Al cocodrilo lo encontró un cazador y ahora es un par de zapatos y una bolsa de piel de cocodrilo..." El sapito quedó pensando y, cuando todos pensaban que iba a decir que qué bueno que no era cocodrilo y qué bueno que era sapito, exclamó: "¡Eso es trascender el ser animal y no fregaderas!". Y se puso a estudiar y a practicar para ser un buen cocodrilo. Parece que lo hizo bastante bien y logró engañar a un cazador. Dicen que el sapito es ahora un monedero carísimo. "Es de piel de un cocodrilo muy especial", dice la señorona que lo compró. Moraleja: Del tamaño del sapo es la pedrada. Tan-tan." La Mariya se aburrió y se fue cuando el sapito apenas iba a ver al búho. La mar se ha quedado (no le queda otro remedio) hasta el final del cuento. -Ya cálmate Esopo-, se burla. Soy un incomprendido, no cabe duda. |
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#2
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Te voy a platicar una historia que me pasó el otro día. Es la historia de un pequeño escarabajo que usa lentes y fuma pipa. Lo conocí un día que estaba buscando el tabaco para fumar y no lo encontraba. De pronto, a un lado de mi hamaca vi que estaba caído un poco de tabaco y que se formaba una hilerita. La fui siguiendo para ver dónde estaba mi tabaco y averiguar quién carajos lo había agarrado y lo estaba tirando. A unos cuantos metros y detrás de una piedra me encontré a un escarabajo sentado en un pequeño escritorio, leyendo unos papeles y fumando en una pipa diminuta.
-Ejem, ejem -dije yo para que el escarabajo se percatara de mi presencia, pero no me hizo caso. Entonces le dije: -Oiga, ese tabaco es mío. El escarabajo se quitó los lentes, me miró de arriba a abajo y me dijo muy enojado: -Por favor, capitán, le suplico que no me interrumpa. ¿Qué no se da cuenta de que estoy estudiando? Yo me sorprendí un poco y le iba a dar una patada, pero me calmé y me senté a un lado para esperar a que terminara de estudiar. Al poco rato recogió sus papeles, los guardó en el escritorio y, mordisqueando su pipa, me dijo: -Bueno, ahora sí. ¿En qué puedo servirle, capitán? -Mi tabaco -le respondí. -¿Su tabaco? -me dijo-. ¿Quiere que le dé un poco? Yo me empecé a encabronar, pero el pequeño escarabajo me alcanzó con su patita la bolsa de tabaco y agregó: -No se enoje, capitán. Comprenda que aquí no se puede conseguir tabaco y tuve que tomar un poco del suyo. Yo me tranquilicé. El escarabajo me caía bien y le dije: -No se preocupe. Por ahí tengo más. -Mmh -contestó. -Y usted, ¿cómo se llama? -le pregunté. -Nabucodonosor -dijo, y continuó- pero mis amigos me dicen Durito. Usted puede decirme Durito, capitán. Yo le agradecí la atención y le pregunté qué era lo que estaba estudiando. -Estudio sobre el neoliberalismo y su estrategia de dominación para América Latina -me contestó. -Y eso de qué le sirve a un escarabajo -le pregunté. Y él me respondió muy enojado: "Cómo que de qué? Tengo que saber cuánto tiempo va a durar la lucha de ustedes y si van a ganar o no. Además, un escarabajo debe preocuparse por estudiar la situación del mundo en el que vive, ¿no le parece capitán?" -No sé -le dije-. Pero ¿para qué quiere saber usted cuánto tiempo va a durar nuestra lucha y si vamos a ganar o no? -Bueno, no se ha entendido nada -me dijo poniéndose las gafas y encendiendo su pipa. Después de echar una bocanada de humo continuó: -Para saber cuánto tiempo nos vamos a estar cuidando los escarabajos de que no nos vayan a aplastar con sus bototas. -¡Ah! -dije -Mmh -dijo él -¿Y a qué conclusión ha llegado usted en su estudio? -le pregunté. Él sacó sus papeles del escritorio y los empezó a hojear. -Mmh... mmh -decía a cada rato mientras los revisaba. Después que acabó de hacerlo, me miró a los ojos y me dijo: -Van a ganar. -Eso ya lo sabía -le dije. Y agregué: -Pero ¿cuánto tiempo va a tardar? -Mucho -me dijo suspirando con resignación. -Eso también ya lo sabía... ¿No sabe cuánto tiempo exactamente? -pregunté. -No se puede saber con exactitud. Hay que tomar en cuenta muchas cosas: las condiciones objetivas, la madurez de las condiciones subjetivas, la correlación de fuerzas, la crisis del imperialismo, la crisis del socialismo, etcétera, etcétera. -Mmh -dije yo. -¿En qué piensa, capitán? -En nada -le contesté-. Bueno señor Durito, tengo que retirarme. Tuve mucho gusto en conocerle. Sepa usted que puede tomar todo el tabaco que guste cuando quiera. -Gracias capitán. Puedes tutearme si quieres -me dijo. -Gracias Durito. Ahora voy a dar orden a mis compañeros de que está prohibido pisar a los escarabajos. Espero que eso ayude. -Gracias, capitán, nos será de mucha utilidad tu orden. -Como quiera que sea, cuídese mucho porque mis muchachos son muy distraídos y no siempre se fijan dónde ponen el pie. -Así lo haré, capitán. -Hasta luego. -Hasta luego. Ven cuando quieras y platicaremos. -Así lo haré -dije, y me retiré hacia la intendencia. Es todo Mariana, espero conocerla personalmente algún día y poder intercambiar pasamontañas y dibujos. Vale. Salud y otros colorines, porque con los que usaste seguro se acabó la tinta. Supcomandante insurgente Marcos Montañas del sureste mexicano. De elefantes, hormigas y revoluciones. Decía Julio Cortázar que decía Marcel Duchamp que los elefantes son contagiosos, y decía Julio que él agregaría que las revoluciones también son contagiosas. Y las hormigas, Julio. Basta ir a mi cuartel donde, con paciencia y dedicación, se han instalado en las paredes, el suelo y hasta en el techo. Eso sí, faltará el alimento, pero hormigas tenemos para rato o, más bien, ellas nos tienen a nosotros, y la convivencia pacífica es nuestra garantía de supervivencia. Los elefantes, está claro, confirman una vez más que la naturaleza imita al arte y esa pesada asimetría lo reconcilia a uno consigo mismo. |
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#3
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Dice Durito que los poderosos han hecho plano el mundo. Que a fuerza de guerras, de muerte y destrucción, lo han ido achatando hasta quitarle su redondez.
"Y no sólo"-, dice Durito, "ya achatado, los poderosos han colocado el mundo como si fuera una pared que divide a unos de otros. Pero no es una pared así como las conocemos, no. Es una pared acostada. O sea que no sólo hay un lado y otro lado, sino que hay un arriba y un abajo". Dice Durito que del lado de arriba del muro, viven los poderosos en impresionantes palacios, con autos lujosos, grandes jardines, piscinas, altos edificios. Dice Durito que allá arriba hay mucho espacio y poca gente. Pocos, muy pocos. "Del lado de abajo del muro", dice Durito, "vive la gente muy así, muy común y corriente, habita en casas humildes, amontonadas unas encima de las otras, el aire está como sucio, igual el agua. Acá bajo hay poco espacio y mucha gente. Muchos, muy muchos". "En los libros de geografía se sigue enseñando que el mundo es redondo, pero todo es una triquiñuela para esconder que hay unos que están arriba y hay otros que están abajo; y, sobre todo, que los que están arriba están ahí porque los sostienen los de abajo", dice Durito mientras martilla un globo terráqueo, de ésos que usan en las escuelas, para ilustrar su lección de hoy. Dice Durito que el muro y lo que está arriba pesan mucho, y que, entonces, los que están abajo se inconforman, murmuran, conspiran. Dice Durito que, además, el gran peso ha provocado que se haga una gran grieta en el muro. Dice Durito que el Neoliberalismo trata de resanar el muro y que la pasta que usa es la clase política. Dice Durito que los de abajo, es decir, la inmensa mayoría de la humanidad, trata de asomarse por la hendidura para ver qué es lo que pesa tanto y, sobre todo, por qué es que debe soportar ese peso. Dice Durito que la rebeldía en el mundo es como una grieta en un muro: su primer sentido es asomarse al otro lado. Pero después, esa mirada debilita el muro y termina por resquebrajarlo por completo. Dice Durito que la rebeldía va más allá de lo que va el "cambio" moderno. Porque el "cambio" moderno aprovecha la grieta para colarse al otro lado del muro, al de arriba, olvidando, consciente o inconscientemente, que por la grieta no pueden pasar todos. El "cambio" es entonces pasar al lado de arriba, y la democracia neoliberal es que unos pocos vean en representación de muchos, y que esos pocos le cuenten a los muchos lo que no pueden ver. "Claro", dice Durito, "teniendo especial cuidado en no tocar el tema de por qué están unos pocos arriba y unos muchos abajo; y, especialmente, el asunto de que los de abajo sostienen a los de arriba". "La rebeldía, en cambio, va más allá. No pretende asomarse al otro lado, ni mucho menos pasar allá, sino lo que quiere es debilitar el muro de tal forma que acabe por desmoronarse, y, así, no haya ni uno ni otro lado, ni un arriba ni un abajo". "Y ya que estamos hablando de muros, un muro sin graffiti es como un mundo sin rebeldes, es decir, no vale la pena", dice mientras lo persigue inútilmente un camión de policías, después de pintar, con letras grandes y de todos los colores, un "NO" en la hoja del calendario del Poder. Desde las montañas del Sureste Mexicano. Subcomandante Insurgente Marcos. México, Abril del 2003. |
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#4
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Mordisquea la pipa el Viejo Antonio. Mordisquea las palabras y les da forma y sentido. Habla el Viejo Antonio, la lluvia se detiene a escuchar y el agua y la oscuridad dan un reposo.
"Nuestros más grandes abuelos tuvieron que enfrentar al extranjero que vino a conquistar estas tierras. Vino el extranjero a ponernos otro modo, otra palabra, otra creencia, otro dios y otra justicia. Era su justicia sólo para tener él y despojarnos a nosotros. Era su dios el oro. Era su creencia su superioridad. Era su palabra la mentira. Era su modo la crueldad. Los nuestros, los más grandes guerreros se enfrentaron a ellos, grandes peleas hubo entre los naturales de estas tierras para defender la tierra de la mano del extranjero. Pero grande era también la fuerza que traía la mano extraña. Grandes y buenos guerreros cayeron peleando y murieron. Las batallas seguían, pocos eran ya los guerreros y las mujeres y los niños tomaban las armas de los que caían. Se reunieron entonces los más sabios de los abuelos y se contaron la historia de la espada, del árbol, de la piedra y el agua. Se contaron que en los tiempos más viejos y allá en las montañas se reunieron las cosas que los hombres tenían para trabajarse y defenderse. Andaban los dioses como era su modo de por sí, o sea que dormidos se estaban porque muy haraganes eran entonces los dioses que no eran los dioses más grandes, los que nacieron el mundo, los primeros. Estaban el hombre y la mujer gastándose en el cuerpo y creciendo en el corazón en un rincón de la madrugada. Silencio se estaba la noche. Callada se estaba porque ya sabía que muy poco le quedaba. Entonces habló la espada. Una espada así se interrumpe el Viejo Antonio y empuña un gran machete de dos filos. La luz del fuego arranca algunos destellos, un instante apenas, a la sombra luego. Sigue el Viejo Antonio: "Entonces habló la espada y dijo: Yo soy la más fuerte y puedo destruirlos a todos. Mi filo corta y doy poder al que me toma y muerte al que me enfrenta ¡Mentira! dijo el árbol. Yo soy el más fuerte, he resistido el viento y la más feroz tormenta. Se pelearon la espada y el árbol. Fuerte y duro se puso el árbol y enfrentó a la espada. La espada golpeó y golpeó hasta que fue cortando el tronco y derribó al árbol. Yo soy la más fuerte volvió a decir la espada. ¡Mentira! dijo la piedra. Yo soy la más fuerte porque soy dura y antigua, soy pesada y llena. Y se pelearon la espada y la piedra. Dura y firme se puso la piedra y enfrentó a la espada. La espada golpeó y golpeó y no pudo destruir a la piedra pero la partió en muchos pedazos. La espada quedó sin filo y la piedra muy pedaceada. ¡Es un empate! dijeron la espada y la piedra y se lloraron los dos de lo inútil de su pelea. Mientras, estaba el agua del arroyo nomás mirando la pelea y nada decía. La miró la espada y dijo: Tú eres la más débil de todos! Nada puedes hacer a nadie. Yo soy más fuerte que tú! y se lanzó la espada con grande fuerza contra el agua del arroyo. Un gran escándalo y un ruidero se hizo, se espantaron los peces y el agua no resistió el golpe de la espada. Poco a poco, sin decir nada, el agua volvió a tomar su forma, a envolver la espada. y a seguir su camino al río que la llevaría al agua grande que hicieron los dioses para curarse la sed que les daba. Pasó el tiempo y la espada en el agua se empezó a hacer vieja y oxidada, perdió el filo y los pescados se le acercaban sin miedo y se burlaban de ella. Con pena se retiró la espada del agua del arroyo. Sin filo ya y derrotada se quejó: Soy más fuerte que ella, pero no le puedo hacer daño y ella a mí, sin pelear, me ha vencido! Se pasó la madrugada y vino el sol a levantar al hombre y a la mujer que se habían cansado juntos para hacerse nuevos. Encontraron el hombre y la mujer a la espada en un rincón oscuro, a la piedra echa pedacera, al árbol caído y al agua del arroyo cantando..."Acabaron los abuelos de contarse la historia de la espada, el árbol, la piedra y el agua y se dijeron:"Hay veces que debemos pelear como si fuéramos espada frente al animal, hay veces que tenemos que pelear como árbol frente a la tormenta, hay veces que tenemos que pelear como piedras frente al tiempo. Pero hay veces que tenemos que pelear como el agua frente a la espada, al árbol y la piedra. Esta es la hora de hacernos agua y seguir nuestro camino hasta el río que nos lleve al agua grande donde curan su sed los grandes dioses, los que nacieron el mundo, los primeros". Así hicieron nuestros abuelos dice el viejo Antonio. Resistieron como el agua resiste los golpes más fieros. Llegó el extranjero con su fuerza, espantó a los débiles, creyó que ganó y al tiempo se fue haciendo viejo y oxidado. Terminó el extraño en un rincón lleno de pena y sin entender por qué, si ganó, estaba perdido. El viejo Antonio vuelve a encender la pipa y la leña del fogón y agrega: Así fue como nuestros más grandes y sabios abuelos ganaron la gran guerra al extranjero. El extraño se fue. Nosotros aquí estamos, como el agua del arroyo seguimos caminando al río que habrá de llevarnos al agua grande donde se curan la sed los más grandes dioses, los que nacieron el mundo, los primeros... Se fue la madrugada y con ella el viejo Antonio. Yo seguí el camino del sol, a occidente, bordeando un arroyo que serpenteaba hasta el río. Frente al espejo, entre el sol del amanecer y el sol del atardecer está la tierna caricia del sol de medianoche. Un alivio que es herida. Un agua que es sed. Un encuentro que sigue siendo búsqueda... Como la espada del cuento del viejo Antonio, la ofensiva gubernamental de febrero entró sin ninguna dificultad en tierras zapatistas. Poderosa, deslumbrante, con hermosa empuñadura la espada del Poder golpeó el territorio zapatista. Como la espada del cuento del viejo Antonio, hizo gran ruido y escándalo, como ella, espantó a algunos peces. Como en el cuento del viejo Antonio, su golpe fue grande, fuerte... e inútil. Como la espada del cuento del viejo Antonio, sigue en el agua, se oxida y envejece. ¿El agua? Sigue su camino, envuelve a la espada y, sin hacerle caso, se llega hasta el río que habrá de llevarla hasta el agua grande donde se curan la sed los más grandes dioses, los que nacieron el mundo, los primeros... Vale de nuevo. Salud y que el agua alivie y sacie. El Sup navegando arroyo abajo. |
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#5
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Una Tela Es Una Tela Y No DejarÁ De Ser Una Tela, A Menos Que Una Mano Le Preste La Magia Que La Convierta En Bandera. Para Hacerlo SerÁn Necesarios Colores Que Hay Afuera Pero No Vemos Hasta Que Dentro Nuestro Los Encontramos.
Toma AsÍ La Mano Los Colores Y, Con CariÑo, Los Teje A La Tela Y La Tela Ya No Es Tela Pero No Es AÚn Bandera. Y Es AquÍ Donde Entra En AcciÓn El Pegamento. El Pegamento, Contra Lo Que Se Pueda Pensar, No Pega, No Golpea, No Separa, No Aleja, Sino MÁs Bien Pega, Junta, Une, Acerca. El Pegamento Es Un Puente. Pero El Pegamento Solo Nada Hace Si No Hay QuÉ Pegar Y En DÓnde Pegar. Y Entonces Aparece La Varita. SÍ, Ya SÉ Que El NarizÓn Que Me PrecediÓ En El Uso De La Palabra Dijo Claramente: "banderas, Pegamento Y Manos", Y Las Varitas No Aparecen Por NingÚn Lado, Pero Va En Su Cuenta De Él, Porque Yo Clarito Le Dije Que "banderas, Pegamento, Varitas Y Manos". Ergo, No Le Crean A Él, Sino A MÍ. Bien, ContinÚo: Aparecen Entonces Las Varitas, Y El Pegamento Ya Puede Pegar La Tela Coloreada En La Varita Y Cualquiera Pudiera Decir Que Ya Hay Bandera Y Tan-tan, MÓdulo BÁsico Terminado Y Sigue El Trimestre Que Sigue (claro, Si Es Que No Se Dejan Y Les Ponen Materias En Lugar De MÓdulos), Pero.. ¡error!, No Hay Bandera TodavÍa. Falta La Mano Que, DespuÉs De Cortar La Tela, Pintarla De Colores Y Pegarla A La Varita, La Sostenga Bien Alto. Entonces, Y SÓlo Entonces, Hay Bandera. Pero Una Bandera Sola No Deja De Ser Triste, Aunque Muchos Colores Tenga, Aunque Muy Alto Se Levante, Aunque El Viento Generoso Le Peine El Talle. Porque Lo Importante De Una Bandera, Como Es Evidente, No Es La Tela, Ni Los Colores Que La Visten, Ni La Varita, Ni El Pegamento, Sino La Mano Que La Hace Bandera Cuando La EmpuÑa Y La Levanta. Hoy Una Mano Sola Es Incompleta, Le Falta Otra Mano Y Otra Y Otra Y Muchas, Y Cuando Muchas Manos Levantan Muchas Banderas, Se Ve Bien Bonito, Mucho Color, Mucho Movimiento, Mucha AlegrÍa, Mucha MaÑana. Pero Las Manos Que Las Levantan No Se Ven Aunque Sean Muchas. Y En Las Banderas, En El Color, En El Movimiento, En La AlegrÍa Y En El MaÑana, Lo Que Importa Realmente Son Las Manos, Aunque No Se Vean. Muchas Gracias. (fin De La InterrupciÓn De Durito. El Sup Retoma La Palabra). Bueno, Hermanos Y Hermanas De La Uam, Lo Que Hemos Venido A Decirles Es Que Nosotros Podemos Ser O No Banderas, Pero Lo Que Realmente Importa Son Ustedes Que Son Manos Que Nos Levantan Y Enarbolan. Y SÍ, HabrÁ Color Y HabrÁ Movimiento Y HabrÁ AlegrÍa Y HabrÁ MaÑana, Pero No Por La Bandera Que A Veces Parecemos, Sino Por Las Manos Que Son Ustedes. ¡gracias Uameros! No Se Dejen Arrebatar Lo Que Les Da Diferencia, Porque Entonces PerderÁn La Dignidad Y No HabrÁ Ya Manos, Aunque Se Vean Las Banderas. Y Eso Es Lo Que Quiere El Poderoso: Borrar Y Callar Las Manos, Porque Sin Manos No Hay Banderas. Salud Uam. Desde La Universidad AutÓnoma Metropolitana Unidad Xochimilco. ComitÉ Clandestino Revolucionario IndÍgena-comandancia General Del EjÉrcito Zapatista De LiberaciÓn Nacional. MÉxico, Marzo Del 2001. |
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