Camino para vivir profundamente el misterio de ser hijos de Dios.Juan Pablo II
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Viejo 18/abr/04, 15:03
nemrac
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Predeterminado Camino para vivir profundamente el misterio de ser hijos de Dios.Juan Pablo II

Camino para vivir profundamente el misterio de ser hijos de Dios

Juan Pablo II: visita a la parroquia de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, Roma, 14 de diciembre de 1980. Cf L'Osservatore Romano, 15-16 de diciembre de 1980.

Nos hemos encontrado muchas veces en varias parroquias de Roma, la última vez fue en la parroquia de los Mártires Canadienses. Al llegar aquí he encontrado a muchos niños y los he abrazado. Esto me ha hecho pensar rápidamente en las palabras del Señor que dijo que todos nos debemos "hacer como niños" (Mt 18,3), aunque tengamos cincuenta o sesenta años como yo, o más; debemos ser como niños. Se trata precisamente de la filiación sobrenatural, que echa raíces en nosotros y comienza en el momento del bautismo.

Vosotros que, como neocatecúmenos, estáis centrados en vuestra espiritualidad en el misterio del bautismo, debéis vivir profundamente el misterio de la filiación divina, el misterio de ser hijos de Dios y todo lo que procede de esta realidad que constituye el auténtico dinamismo de la filiación divina.

Esto es esencialmente lo que os quería decir; pero os lo digo de una manera particular porque sois parroquianos de la parroquia de la Natividad, donde el misterio del Hijo de Dios hecho hombre está en el centro de la vida comunitaria y también porque ya está próxima la fiesta de navidad. Os deseo que caminéis siempre, y progreséis siempre en esa realidad interior y sobrenatural que es la realidad de la gracia, de la gracia de los hijos adoptivos de Dios, hechos semejantes a su Hijo unigénito que se hizo hombre para atraernos y para hacernos semejantes a él.

Cuando el Papa acabó de pronunciar estas palabras, Kiko le presentó a algunos catequistas itinerantes que, formados en la parroquia de la Natividad, están ahora llevando su testimonio a varios países del mundo. Entre ellos había un joven sacerdote que acababa de volver de América Latina. El sacerdote quiso explicar a Juan Pablo II la dramática situación con que misioneros y catequistas tienen que enfrentarse especialmente en Centroamérica y en América del Sur.

"Necesitamos, dijo el sacerdote, ser alentados, santo padre, porque es muy difícil la situación que Centroamérica está viviendo. Volvemos aquí como san Pablo preguntándonos si corremos en vano, porque nos encontramos en una situación en que no sabemos si la Iglesia es la de la revolución, como muchos dicen allí, o si es anunciar a Jesucristo".

Antes de que el sacerdote hubiese acabado de hablar, el Papa dijo con voz fuerte y clara:

"Te doy ya la respuesta: ANUNCIAD A CRISTO! A CRISTO SOLAMENTE!"

(Un caluroso aplauso subrayó las palabras del supremo Pastor).

Puedo añadir - continuó el Santo Padre - que no pasa un solo día sin que yo rece por esos países, sobre todo por los más atormentados, a los cuales sigo con amor y confianza. Tenéis que saber - concluyó el Papa después de una breve pausa - que allí hay también una Madre muy fuerte!



No basta ser cristianos, es necesario hacerse cristianos cada día

Juan Pablo II: Visita a la parroquia de Santa Francesca Cabrini, Roma, 4 de diciembre de 1983. Cf L'Osservatore Romano, 5-6 de diciembre de 1983, incluida la grabación.

Me complace veros a vosotros, a vuestras familias y a vuestros hijos. Todos nosotros somos hijos de Dios, llegamos a serlo por el bautismo, sacramento grande y yo diría que tremendo; no lo parece porque es un sacramento muy suave que se realiza con agua, con aceite, con el santo crisma (esta mañana he bautizado a una niña). Y además este sacramento tan suave y que estamos acostumbrados a conferirlo a los recién nacidos, este sacramento tiene una profundidad tremenda, estupenda, porque nos sumerge en la muerte redentora de Cristo, nos sumerge en esta muerte para hacernos resucitar con Cristo y así participar en su obra. Es el único camino para llegar a ser hijos de Dios, el único camino sacramental para llegar a ser hijos de Dios, el único camino sacramental para llegar a ser hijos, para participar en la vida que Cristo nos ha traído, manifestándola en su resurrección.

Lo que os digo toca lo más profundo de vuestro movimiento que se llama neocatecumenal. El catecumenado era una institución muy antigua en la Iglesia. Cuántos catecúmenos han pasado por esta Roma antigua de los césares, por esta Roma romana, pagana!, y cuántos se han preparado con el catecumenado al bautismo ya de mayores! Pero hoy el bautismo, el mismo sacramento, se ha convertido en un sacramento de pequeños, de niños recién nacidos y este camino catecumenal viene pospuesto al bautismo: el catecumenado se convierte así en algo de toda la vida, sí toda la vida somos catecúmenos!

Falta el catecumenado institucional, el de la primera época cristiana, pero así el catecumenado ha llegado a ser una misión de nuestra vida cristiana, de nuestra vida de fe. He aquí vuestro movimiento, y desde aquí saludo a su inspirador (lo conozco bien!), vuestro movimiento está centrado sobre este proceso de llegar a ser hijos de Dios, de llegar a ser cristianos, y esto es muy importante!

Muchos piensan: "Pero nosotros ya somos cristianos". Dicen "somos cristianos" sin saber de qué se trata, porque hay que llegar a ser cristiano, llegar a serlo cada día, descubrir cada día qué quiere decir christianus, Christo adscriptus. En la ciudad de Antioquía se comenzó por vez primera a llamar "cristianos" a los discípulos de Cristo, los secuaces cristianos. Esto hay que descubrirlo, descubrirlo cada día, descubrirlo cada vez más, porque el misterio del bautismo es muy profundo; es un misterio divino y al mismo tiempo humano; la realidad divina toca al ser humano, al mismo ser humano, y este llega a ser hijo de Dios adoptivo..., basta!

Vosotros concretamente reflexionáis mucho, meditáis mucho en estas verdades, en estas realidades. Yo tengo que hacer notar aquí en la parroquia de Santa Francesca Cabrini que vuestro movimiento constituye aquí un fermento, fermento que debe penetrar en la masa y en el mundo de los cristianos en general. No todos son conscientes de esto ni todos lo cumplen: sois levadura, debéis fermentar esta comunidad - son cerca de veinte mil personas - fermentarla con una conciencia de la dignidad humana envuelta en la realidad de la filiación divina.



Realizar la dimensión bautismal significa vivir la auténtica identidad del ser cristiano

Juan Pablo II: audiencia particular a dos mil sacerdotes de las comunidades neocatecumenales, Ciudad del Vaticano, 9 de diciembre de 1985. Cf L'Osservatore Romano, 11 de diciembre de 1985.

He escuchado con vivo interés las palabras que, en nombre de todos vosotros, me ha dirigido Kiko Argüello, el cual ha querido explicar cómo todas las comunidades del Camino neocatecumenal, esparcidas por diversas naciones, se han comprometido en continua oración y meditación por el Sínodo extraordinario, que se ha celebrado a los veinte años de la conclusión del concilio Vaticano II.

Vuestra participación espiritual en la preparación y vuestra presencia en la ceremonia conclusiva del Sínodo han sido una manifestación significativa y solemne de vuestra fidelidad a Cristo redentor y a la Iglesia peregrina, que transmite a los hombres la gracia, especialmente con los signos sacramentales, los cuales recuerdan y hacen actual la eficacia de la redención.

Tengo la satisfacción de recordar en esta audiencia los muchos encuentros que he tenido con varias de vuestras comunidades, sobre todo en las visitas pastorales en mi diócesis de Roma, encuentros en los que he estimulado vuestra experiencia espiritual, que se funda en el valor básico del sacramento del bautismo, con la conciencia de que realizar la dimensión bautismal significa, principalmente, vivir la realidad auténtica del ser cristiano; significa unirse íntimamente con Cristo eucaristía; significa amar concreta y eficazmente a todos los hombres como hermanos en Cristo; significa plantear y dirigir las propias opciones morales en conformidad y sintonía con las promesas bautismales.

Este camino, camino de la fe, camino del bautismo descubierto de nuevo - dije a vuestros amigos de la Iglesia de los Santos Mártires Canadienses en Roma - debe ser un camino del hombre nuevo; este ve cuál debe ser la verdadera proporción o, mejor, la desproporción de su entidad creada, de su carácter de criatura, respecto del Creador, a su majestad infinita, al Dios redentor, al Dios santo y santificador, y trata de realizarse en esa perspectiva.



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